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Así trabaja De Prado en la producción de aceite de oliva

19/11/2025
En: ondacero.es
Digital
En un sector acostumbrado a hablar de añadas, pequeños pueblos y almazaras centenarias, el nombre de De Prado aparece como el de uno de los grandes grupos internacionalesde aceite de oliva. Detrás de la marca hay una empresa familiar del campo, con raíces que se remontan a 1831 y una ambición muy clara en su presente: producir aceite de oliva, aceituna de mesa y almendra a gran escala, sin renunciar al discurso de la calidad y la sostenibilidad. Hoy el grupo gestiona más de 30.000 hectáreas de olivar y almendro en España, Portugal, Chile y Estados Unidos, y muele más de 200 millones de kilos de aceituna cada año para clientes del gran consumo, la hostelería y la industria alimentaria en más de 25 países. Un océano de olivos En el corazón del modelo está el olivar. De Prado ha destinado más de 18.000 hectáreasde olivar exclusivamente a la producción de aceite de oliva, una cifra que ayuda a entender su peso específico en el sector. Según explica la compañía, la mayor parte de esas plantaciones está en plena producción gracias a la implantación de sistemas mecanizados de última generación. El paisaje que dibuja ese modelo está lejos del tópico del olivo aislado en la loma. Hablamos de mares de olivos en hileras, preparados para ser trabajados y recolectados con maquinaria, con un objetivo confeso: hacer del olivar un cultivo rentable y estable a largo plazo. Elegir bien dónde plantar La empresa vincula buena parte de su estrategia al punto de partida: dónde se planta. Antes de desarrollar una nueva finca, se analizan la disponibilidad de agua, la fertilidad del suelo, la topografía y la cercanía a otras explotaciones y centros industriales propios. La idea es reducir al máximo el riesgo climático y logístico. Ese criterio explica su mapa actual: olivares en Córdoba, Sevilla y Badajoz, en la España del sur; proyectos en Beja, en el Alentejo portugués; fincas en Lolol, en la región chilena de O'Higgins; y explotaciones en California. Todas en zonas de clima mediterráneo, con veranos largos y secos e inviernos suaves que permiten el desarrollo del olivo y dan margen a sistemas de riego bien diseñados. Mecanización sin perder de vista el suelo De Prado asume abiertamente que el olivar moderno pasa por la mecanización. Su discurso se alinea con una tendencia hoy dominante: aumentar densidades de plantación y apoyarse en maquinaria de última generación para la recolección y el manejo del cultivo, con el objetivo de garantizar productividad en un contexto de costes crecientes y mano de obra escasa. Esa mecanización, sostiene la compañía, se combina con prácticas agronómicas orientadas a cuidar el suelo. Defiende el uso de cubiertas vegetales entre las calles de olivos para favorecer la biodiversidad y proteger la estructura del terreno, y apuesta por dejar los restos de poda triturados sobre la superficie para aumentar la materia orgánica y contribuir a la fijación de carbono. En paralelo, ha definido una estrategia ambiental que deja por escrito sus compromisos en tres frentes: - gestión responsable de los recursos, - eficiencia energética, - y valorización de subproductos, con la economía circular y la reducción de la huella hídrica como ideas recurrentes. De la finca a la fábrica La segunda pata del modelo está en la industria. El grupo no solo cultiva: también transforma. Cuenta con varias almazaras, una planta de aceituna de mesa y instalaciones de procesado de almendra repartidas por sus zonas de producción. El objetivo declarado es integrar la cadena de valor: que la aceituna y la almendra que salen del campo entren en instalaciones propias donde se controla molienda, almacenamiento y, cuando procede, envasado. En cifras globales, sus plantas muelen cada año más de 200 millones de kilos de aceituna, apoyándose en tecnología avanzada y en la figura clave del maestro de almazara, que sigue siendo el responsable último de las decisiones de proceso. El aceite también es datos Si algo diferencia a De Prado de otras historias clásicas del aceite de oliva es el peso que da a la digitalización. La compañía presenta la transformación digital como uno de sus ejes de trabajo: asegura haber modelado su negocio alrededor de la automatizacióny la conectividad, con especial foco en las almazaras y en las plantas de almendra. En la práctica, eso se traduce en sistemas que controlan el proceso desde la recepción de la aceitunahasta la expedición del aceite, ya sea envasado o a granel. Sensores, software de gestión y cuadros de mando buscan aportar información en tiempo real sobre rendimientos, calidades y flujos de producto. La empresa habla de "integración de todos los eslabones de la cadena de valor" y de un esfuerzo por asegurar que los datos circulan de forma estable entre campo, fábrica y gestión. La automatización no se limita a los equipos de proceso. El grupo sitúa también bajo el paraguas digital aspectos como la supervisión de maquinaria, la gestión de tratamientos fitosanitarios o el control de sistemas de riego, con la idea de ganar eficiencia y ofrecer trazabilidad a clientes cada vez más sensibles a estos factores. Un gigante con discurso de familia En un sector donde conviven cooperativas históricas, pequeñas almazaras grandes grupos industriales, De Prado ocupa claramente este último espacio. Pero el relato que construye sobre sí misma insiste una y otra vez en su carácter de empresa familiar, en la continuidad de varias generaciones ligadas al campo y en un propósito que resume de forma sencilla: ofrecer alimentos de calidad, saludables y sostenibles a escala global. La combinación de un enorme mar de olivos mecanizado, una fuerte inversión industrial y una capa de datos que lo recorre todo es, hoy, la tarjeta de presentación de una de las empresas de productor de aceite de oliva con mayor músculo internacional dentro del modelo de agricultura mediterránea moderna.
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