En 2026, la industria cárnica mexicana experimentará importantes transformaciones motivadas principalmente por factores sanitarios, políticos y de mercado. La suspensión de exportaciones de ganado vacuno a Estados Unidos, debido al brote gusano barrenador, redirigirá los animales hacia el cebo en el país, incrementando el sacrificio de animales y permitiendo elevar la producción de carne de vacuno. Se prevé que el sacrificio de vacuno aumente a 7,7 millones de cabezas -un 6% más- y la producción alcance 2,5 millones de t, con un repunte del 6% respecto al año anterior, atendiendo a las previsiones del USDA. El consumo de carne de vacuno también crecerá, impulsado por el crecimiento poblacional y la expansión del consumo, alcanzando los 2,4 millones de t(+5%). La mayor disponibilidad de producto permitirá que las exportaciones de carne de vacuno aumenten a 350.000 toneladas (+11%), principalmente hacia Estados Unidos y Japón. Las importaciones crecerán levemente (300.000 toneladas), consolidando el mercado estadounidense como su principal proveedor, mientras Brasil refuerza su presencia en segmentos de carne congelada y Canadá incrementa envíos de cortes finos y despojos. La demanda de cortes premium por el canal foodservice y el turismo mantendrá activo el canal importador incluso frente a una producción nacional al alza. En cuando al sector porcino, continuará expandiendo la producción y la oferta nacional gracias a inversiones sostenidas en genética y bioseguridad. El censo ganadero de este tipo alcanzará 21,1 millones de cabezas (+2%), mientras el sacrificio se ubicará en 19 millones y la producción de carne de cerdo rebasará los 1,5 millones de t, creciendo un 3 %. El consumo interno seguirá siendo el principal motor del sector, con un crecimiento proyectado del 4 % hasta alcanzar 2,8 millones de t, favorecido por campañas sectoriales que promueven el consumo diario y la versatilidad del cerdo, así como el diferencial de precio frente a la carne de vacuno y el crecimiento poblacional. Pese al aumento de la producción, las importaciones de carne de cerdo seguirán creciendo (1,6 millones de t), dada la robusta demanda local, con Estados Unidos manteniéndose como el origen dominante gracias a su proximidad y la ausencia de aranceles por el T-MEC. Canadá y Brasil competirán por cuota, este último beneficiado por exenciones arancelarias temporales. En contraste con la carne de vacuno, las exportaciones porcinas bajarán un 3 % (210,000 toneladas) a causa de la pérdida de competitividad en Asia -principalmente Japón y Corea- y de un mercado nacional que absorbe mayor volumen. México mantendrá su nicho exportador en cortes específicos y productos de valor añadido, orientados sobre todo a EE. UU., aunque la presión de precios de mercados asiáticos limitará la expansión internacional del sector. Finalmente, hay que reseñar que en el país persiste la problemática de robo de carga en la cadena logística, lo que incrementa los costos de transporte y, por ende, de los productos finales. Por otra parte, la prórroga del decreto presidencial antiinflacionario hasta marzo de 2026 continuará permitiendo la importación sin aranceles de carne de países fuera de tratados comerciales, potenciando la competencia para la industria doméstica y favoreciendo la contención de precios en el mercado nacional.