El sector avícola mexicano encara 2026 con perspectivas de crecimiento tanto en producción como en consumo, aunque la brecha entre oferta y demanda sigue obligando a aumentar las compras en el exterior. De acuerdo con las proyecciones oficiales, la producción nacional de carne de pollo alcanzará los 4,2 millones de t en 2026, lo que supone un incremento del 2% respecto al año anterior. El avance responde al empuje de la demanda interna, a las inversiones en complejos industriales y a mejoras en bioseguridad que han reducido la mortalidad en etapa de crianza. Los grandes integradores, que concentran más del 75% de la producción y controlan la cadena de valor, continúan marcando el ritmo en un sector que ya tiene como líderes estatales a Jalisco, Puebla y Veracruz. El consumo doméstico mantiene una tendencia imparable: para 2025 se estimó en 5,2 millones de t, con previsiones de alcanzar los 5,3 millones de t en 2026. La clave sigue siendo el precio: el pollo se reafirma como la proteína animal más asequible frente a la de vacuno y la de cerdo cada vez menos accesibles para el bolsillo de los hogares. A este patrón se suma el impulso del sector turístico y restaurantero, en constante expansión, que multiplica la demanda tanto de pollo entero -que aún domina el comercio minorista con cerca del 80% de las ventas- como de cortes destinados a menús y comidas procesadas. Sin embargo, la producción nacional no logra cubrir el total de las necesidades. En 2025 se importaran aproximadamente 1,1 millones de t, equivalente a un quinto del consumo total. Para 2026, las importaciones se elevarán un 7%, hasta 1,14 millones de t, reflejando la creciente brecha entre lo que México produce y lo que su población y turistas demandan. Las compras externas se concentran principalmente en pierna y muslo, carne mecánicamente deshuesada y pechugas, materias primas para la industria de embutidos, cocidos y comidas listas para consumir. En esta dinámica, Estados Unidos sigue siendo el socio más relevante, aprovechando su proximidad geográfica y su capacidad de abastecer productos frescos y refrigerados. Sin embargo, Brasil está ganando terreno rápidamente: solo en los primeros meses de 2025 sus exportaciones crecieron un 95% respecto al mismo periodo de 2024, pese a una suspensión temporal por un brote de gripe aviar. Gracias al decreto presidencial antiinflación, el pollo brasileño ingresa al país sin aranceles, y su oferta -centrada en carne congelada, pechugas y alas- se adapta cada vez más a las necesidades de los procesadores mexicanos.