Los agricultores de las Vegas Bajas del Guadiana pelearon intensamente a mediados de agosto de 1975 en la 'Guerra del tomate'. Un conflicto provocado por la superabundancia de las cosechas y la lucha continua con las fábricas transformadoras, que no les recogían tal cantidad de producto.
Según manifestó el presidente del Sindicato de Productos Hortícolas de Badajoz, sobraban en aquel entonces en la provincia unos ochenta millones de kilos de tomate, por lo que el problema era «de difícil solución, dado el carácter perecedero del alimento». Según ellos, las fábricas incumplían sus contratos y no les daban el número suficiente de cajas para envasar el fruto, y aseguraban además que las empresas no estaban a pleno rendimiento.
Ante tal situación, unos días antes de esta publicación (el 15 de agosto de 1975), unos 500 agricultores cortaron la carretera que va de Mérida a Montijo durante unas horas, al verter sobre la calzada alrededor de 40.000 kilos de tomates en señal de protesta. El temor de estos hombres, aseguraban, era que el resto se pudriese en el campo.
Llegaron a sobrar ochenta millones de kilos en toda la provinciaLos productores temían que los frutos se pudriesen en el campo
Por otra parte, los representantes de las empresas transformadoras mantuvieron una reunión con el gobernador civil de Badajoz y le expusieron que había aproximadamente ochenta millones de kilos de tomates en plantaciones de propietarios que no tenían contrato de suministro con dichas empresas, y ratificaron que sí «se trabaja a plena producción». Asimismo, calcularon la capacidad de producción de las empresas en más de tres millones de kilos diarios de concentrado de tomate. También manifestaron que se recogería todo el fruto de esa campaña, pero que los productores debían escalonar sus entregas.
Pero como el titular de ese día indicaba, los agricultores desconfiaban de estas medidas y estimaban que si hacían entregas escalonadas hasta octubre, como las empresas proponían, gran parte de la producción «se echaría a perder», siendo esa su principal preocupación. Esta guerra ocupó durante algunos días los periódicos de la región. Las horas avanzaban y no se llegaba a ningún acuerdo.
Al día siguiente de obstruir las carreteras derramando tomates, los productores propusieron sus mejoras, que no eran otras que obligar a las empresas a trabajar al cien por cien de su rendimiento y conseguir una compensación económica para mitigar los perjuicios ocasionados, así como una subvención para lograr una salida del excedente del tomate hacia otras provincias.
Este diario se acercó a las fábricas tomateras y apreció la baja actividad, además del poco tráfico tractores en las zonas aledañas.
Varios agentes de la Guardia Civil mantuvieron la vigilancia en una de las reuniones celebradas entre dirigentes sindicales, agricultores y miembros gubernamentales, ya que los ánimos estaban muy caldeados.
Los productores de este fruto lamentaron que las empresas no se hubieran puesto antes a trabajar a pleno rendimiento y confesaban a este diario que no les quedaba «más remedio que pasar por el aro, puesto que ellos son más fuertes».
No obstante, las pérdidas son muchas. Y no solo las económicas. Otro de los problemas que han sufrido los agricultores es que al haber tardado tanto las empresas en surtirles de cajas, muchos de los trabajadores se han ido ante la falta de faena y ahora no tienen mano de obra.
Puestos vacíosEn el municipio de Valdelacalzada se podían observar numerosos puestos vacíos. Por otra parte, en Torremayor, la actividad del puesto «era mínima», según confirmaba el redactor, que informó de que los tractores iban a la factorías y volvían con más envases de los se que fueron.
José Antonio González, alcalde de Valdelacalzada en esa época, no se posicionó en ningún bando y aseguró que «la mejor salida al problema de la recogida de tomate es que, o bien el Ministerio de Agricultura, o el de Industria garanticen el 50% del stock que lógicamente se tiene que producir».
Pero parece que el acuerdo no llegaba, y hasta el redactor y el fotógrafo, que pasaron el día en las Vegas Bajas cubriendo la 'Guerra del tomate' finalizaban su artículo «entre una gran preocupación y desconcierto de los agricultores y colonos que hasta el momento ven poco clara la solución a su problema. Lo único que ellos quieren es que no se estropee el fruto que tanto esfuerzo les ha costado cultivar», apostillaba el periodista.