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La Saira, cruce de caminos histórico de la trashumancia ovina en Lleida

28/08/2025
En: segre.com
Digital
La balsa de las Valletes abastecía de agua a miles de ovejas que enfilaban hacia el Pirineo La trashumancia ganadera fue durante siglos un elemento esencial del paisaje y la economía rural de la península. En torno a ella se configuró una inmensa red de caminos -las vías pecuarias o cabaneras- que, en Lleida, permitían los movimientos estacionales de rebaños desde el Pirineo hasta las llanuras del Segre. Una de las rutas más destacadas en la zona pasaba por La Saira, en el actual término de Almacelles. Allí todavía se conserva la memoria de su elemento más importante, la balsa de les Valletes, donde el ganado apaciguaba su sed antes de seguir su camino. El historiador leridano Josep Lladonosa ya señalaba en su libro Almacelles, visió d'un poble que este paraje fue un punto crucial en el trazado de hasta siete vías ganaderas. El motivo residía en su riqueza hídrica, gracias a la geología subterránea de la zona -con una gruesa capa de grava que filtraba el agua y una base de arcilla que la retenía-, lo que permitía que miles de ovejas pudieran saciar su sed antes de proseguir su camino, ya fuera de ida o de vuelta. Aquella balsa, en medio de una gigantesca llanura, era la garantía de que el viaje podía continuar. Ramón Torrelles, actual propietario de la Granja Escola La Saira, destaca que, además del agua, los amplios prados de la zona ofrecían pasto abundante y, con ello, se generaban intercambios de beneficio mutuo. De hecho, en el siglo XVII existen actas en el Archivo Capitular de Lleida que registran cómo el Cabildo, entonces propietario de grandes rebaños, negoció con el alcalde de La Saira para permitir que sus ovejas pastaran allí, pagando derechos y dejando el terreno abonado. "El ganado trashumante era un ingreso seguro", recordaba Lladonosa, en referencia a la importancia económica de aquel flujo constante. Hoy, la balsa es aún más grande, en parte gracias al riego proporcionado por el Canal de Aragón y Catalunya. La cañada que la bordea conecta todavía con la ruta ganadera hacia el Pirineo ribagorzano, aunque su uso es hoy residual. Sin embargo, Torrelles defiende que este elemento del patrimonio histórico puede cobrar nueva vida, ya sea como vía de comunicación rural, espacio de memoria cultural y, sobre todo, como oportunidad para el ecoturismo y las rutas verdes.
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