La prontitud de la riada hace temer el cobro de los seguros en el campo
Las organizaciones agrarias aseguran que tomarán cartas en el asunto tras la crecida
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Campos anegados por el Ebro en el término municipal de Gallur. | ÁNGEL DE CASTRO
La prioridad es, repiten todos los agentes implicados, que la crecida extraordinaria del Ebro no inunde los cascos urbanos. Pero fuera ellos, las tierras de cultivo y las granjas quedan anegadas al paso del río desbordado. La avenida ha llegado en invierno, demasiado temprano el sector agropecuario, acostumbrado a pugnar con las riadas al llegar la primavera.
Terreno de cultivo inundado por la crecida del Ebro en Remolinos. | ÁNGEL DE CASTRO
La prontitud con la que ha golpeado el Ebro hace temblar sobre todo a los agricultores del cereal, que, recién plantado, no tiene todavía las tres hojas que las aseguradoras reclaman para pagar la indemnización. Es la queja conjunta que manifiestan las organizaciones agrarias, que aseguran ya que tomarán cartas en el asunto para defender las indemnizaciones. De hecho, según defiende Javier Fatás, responsable del Área Agua de UAGA, «muchos agricultores habían decidido este año pasarse al cereal frente al maíz y otros cultivos, debido al encarecimiento los insumos: abonos y otros elementos».
A todo ello se suma la época, que califican de «muy complicada». La riada ha pillado al ovino con mucho cordero recién parido con los ojos puestos en la Navidad. «Nadie se esperaba esto. Las avenidas vienen en primavera y esta ha llegado muy rápido», explica Fatás.
Y sin embargo, el mayor de los daños podría producirse sobre las infraestructuras. «La riada de 2015 nos dejó muchas roturas en mota, infraestructuras o caminos. Por parte de las comunidades de regantes intentamos mantener las acequias llenas para evitar que se rompan los sistemas de regadío. Por lo menos que pase y que evitemos los daños en las infraestructuras», explica Raúl Miguel, secretario de Agricultura de UPA Aragón.
De momento, en Novillas ya son 1.000 las hectáreas afectadas por la crecida, mientras que en Boquiñeni alcanzan las 300. No obstante, todavía es «imposible» cuantificar hasta dónde alcanzarán las pérdidas. «La cosa no pinta bien», dice Javier Fatás, quien apunta a su vez que en la Ribera Baja «hay mucho miedo porque el cauce está en peores condiciones que en la Ribera Alta».
En cualquiera de los casos, el consejero de Agricultura, Ganadería y Medio Ambiente del Gobierno de Aragón, Joaquín Olona, cifró en 20.000 hectáreas las que se encuentran en zona inundable. La previsión es, según el Departamento, que se vean afectadas unas 12.000. H
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