El programa Horta Cuina abastece a medio centenar de colegios con frutas y hortalizas de temporada y proximidad, recogidas en la huerta valenciana La hortaliza crece en una huerta de Catarroja y se emplata en un comedor escolar de València, sin más intermediaros que el agricultor y el colegio. Si no es temporada de tomate, no hay tomate en el menú de los niños y niñas. Así funciona el proyecto Horta Cuina, de la ONG Cerai, que sirve alimento ultrafresco en 48 centros educativos (70 el año que viene) de la C.Valenciana, y de paso, enseña al alumnado a estimar la tierra. Catarroja es un ejemplo de los 26 productores locales que trabajan con Horta Cuina a través de cooperativas, cobrando precios justos por sus frutas y hortalizas. Este jueves, la cooperativa SaiFresc, una de las asociadas al proyecto, recibió la visita del ministro de Consumo, Pablo Bustinduy, que usó este proyecto como ejemplo del nuevo decreto que cambiará la alimentación del alumnado a partir del curso que viene. A partir de este mes de septiembre, el 45 % de frutas y hortalizas que se sirvan en los comedores escolares deberán ser de temporada, se prohíben las bebidas azucaradas en las comidas y el alumnado deberá tener, al menos, dos menús al mes con 100% de producto ecológico. Se limitará al máximo la bollería industrial, se ofrecerá carne y pescado "de calidad" y aumentará la cantidad de legumbres y cereales integrales en los menús. Además, un 5 % del presupuesto mensual de los colegios deberá ser destinado a producción ecológica. 180.000 menús al día El proyecto Horta Cuina, nace de una pregunta ¿Qué pasaría si todos los comedores escolares se abastecieran con producto de temporada, proximidad y ecológico? La idea echó a andar y hoy no abastecen a todos, pero sí a 70. Son un ejemplo de lo que deberá ser a partir de ahora el menú de los escolares en los colegios. En la C.Valenciana se sirven unos 180.000 menús escolares al día, la gran mayoría de ellos para jóvenes de familias con escasos recursos, algo en lo que quiere hacer especial hincapié el decreto. "Ayudará a combatir esa desigualdad ya que garantizará cinco comidas saludables a la semana, permitiendo que todo el alumnado acceda a productos de calidad sin tener que depender de la renta de su familia", reivindicó el ministro Bustinduy desde el comedor escolar del Ceip Benimámet de València. Aprender comiendo Saray Fariñas, responsable de Cerai, explica que uno de los objetivos del proyecto Horta Cuina también es que el alumnado pueda aprender comiendo. "Hacemos salidas con el alumnado a la huerta para que vean que, si no hay tomate allí, no va a haber tomate en su plato. También para que conozcan qué productos son de temporada", reivindica. El proyecto ha sido galardonado con varios premios internacionales. Esta es, además, una forma de dar estabilidad y buenos precios a los agricultores de la huerta valenciana. "No es nada fácil cuadrar todo, pero ya tenemos 48 colegios y hemos demostrado que es posible. Si cada colegio tiene una previsión de, por ejemplo, 100 kilos de zanahorias cada 6 meses, el agricultor puede plantarlas tranquilo porque sabe que las va a vender, y además a un precio justo". Se trata, además, de precios pactados previamente, algo muy inusual en el campo pero que da muchísima tranquilidad y estabilidad a los agricultores, que para entrar en el proyecto deben funcionar en cooperativas. Cerai se encarga de conducir todo cada vez que un centro quiere sumarse al proyecto Horta Cuina. Desde poner en contacto a los agricultores hasta diseñar una plantilla de menú escolar para ir adaptándola con alimentos de temporada para cada época del año. "Así el colegio lo tiene claro y el agricultor se puede planificar para plantar en determinado momento". La idea es que este decreto de comedores saludables se extienda a más espacios de la administración, como por ejemplo los hospitales. "Es una buena medida para garantizar un relevo generacional en el campo y el trabajo de las pequeñas explotaciones. Eliminamos los intermediarios y conseguimos que el agricultor cobre precios justos por un producto que es de máxima calidad porque se planta a pocos kilómetros en la huerta de València", cuenta Fariñas. La formación, por otro lado, no solo va dirigida al alumnado, sino a toda la comunidad educativa (director, profesores y familias) para que tengan los conocimientos de los productos de temporada y sepan cómo deben alimentar a los menores. Por otro lado, este decreto será también positivo para combatir los problemas de sobrepeso y obesidad infantil, cada vez más preocupantes sobre todo en las familias con menos recursos económicos, que comen peor. La "pobresidad" infantil Todo en esta vida gira en torno al código postal. Comer mejor está íntimamente ligado a la renta de las familias. Es la principal conclusión de un informe del Colegio de Nutricionistas de la Comunitat Valenciana, que determina que dos de cada cinco hogares -800.000 en toda la autonomía- sufren "pobresidad infantil". Es decir, que muchos niños y niñas sufren sobrepeso por la baja renta de sus padres. El porcentaje de obesidad, de hecho, se duplica en los hogares con rentas bajas. Otros datos relevantes sobre la alimentación de la población infantil valenciana son que el 65 % de los menores no ingieren las cinco piezas diarias de fruta y verdura recomendadas, que un tercio consume más azúcar del recomendado solo en el desayuno y que el 86 % de ellos necesita mejorar su alimentación por no seguir el patrón de la dieta mediterránea. Más allá de los hábitos alimentarios, el estudio determina que el 30 % de los niños y niñas no realizan ningún tipo de práctica deportiva -el 75 % de los que lo practican no supera las 3,5 horas semanales recomendadas- y que el tiempo medio diario de exposición a las pantallas es de entre dos y tres horas. Por ejemplo, el dato de los niños que toman bollería industrial en el desayuno -lo hace el 34,5 %- es superior al que toma verduras más de una vez al día, que se quedan en el 30,9 %. Este decreto sobre comedores escolares pretende ser el principio del cambio para que los niños y niñas valencianos, especialmente los de menos recursos, puedan tener una vida más saludable y que la renta de las familias no impida que todos los menores puedan comer bien.