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Aquí hay tomate (eco)

17/07/2018
En: larazon.es
Digital
Los de agricultura convencional contienen hasta 37 plaguicidas diferentes Un solo tomate o un pimiento pueden contener hasta 37 plaguicidas diferentes. En Europa, existen unas 493 sustancias autorizadas para acabar con plagas de hongos, insectos o malas hierbas en los cultivos. Productos que en mayor o menor medida quedan atrapados en el suelo, se dispersan por el aire y, sobre todo, van a parar a nuestras cestas de la compra y a nuestro organismo. Los datos provienen del segundo informe «Directo a tus hormonas», de la organización Ecologistas en Acción, que recoge las conclusiones de un estudio realizado a partir de 2.186 muestras de productos de la agricultura convencional española. Los cereales o los productos cárnicos analizados también contienen restos de estas sustancias, pero son, sin duda, las frutas y verduras el grupo de alimentos a la cabeza en saturación de químicos. Este año son tomates y pimientos los que alcanzan el primer puesto, desbancando a la pera que ostentaba el título en 2017 con nada menos que 49 sustancias. Pero es que dentro de los 37 químicos por tomate, 16 son disruptores endocrinos o plaguicidas EDC. Es decir, compuestos químicos capaces de alterar la síntesis, liberación, transporte, metabolismo, enlace, acción o eliminación de las hormonas naturales en el organismo. Los fitosanitarios, mal llamados pesticidas, se han relacionado con enfermedades como la esterilidad, las malformaciones, los abortos..; con problemas en el hígado, cerebro o sistema inmunológico; con una mayor incidencia de enfermedades alérgicas, e, incluso, con un posible aumento de incidencia de cáncer (de mama, linfoma...) en personas expuestas a ellos durante largos periodos. En este análisis se han incluido verduras y frutas de agricultura ecológica, que es la «que excluye el uso de productos químicos de síntesis como fertilizantes, plaguicidas, antibióticos y organismos genéticamente modificados, y que mantienen o aumentan la fertilidad del suelo y proporciona alimentos con todas sus propiedades naturales», dice el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Y parece que los riesgos son menores. «De las 28 muestras ecológicas, solo se encontraron restos de un plaguicida en un melón», concluye el estudio. Si no le convence tener que pagar más por comer eco, piense en los costes extras de los procesos de certificación que sufren este tipo de productos o en que son procesados y distribuidos a menor escala. «Este coste puede ser visto como un extra en su calidad ya que ha sido producido siendo respetuoso con el medio ambiente, el bienestar animal y social», dice el Ministerio. Además, son varios los estudios que hablan de las bondades para la salud de los alimentos ecológicos. Uno de ellos, el de la Universidad de Newcastle (Reino Unido) publicado en el British Journal of Nutrition, afirmaba que estos alimentos tienen hasta un 69% más de antioxidantes que los convencionales.
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