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Alfalfa y vezas: las grandes desconocidas del campo español bajo la lupa de la UE

11/03/2026
En: libertaddigital.com
Digital
Alfalfa, maíz, vezas... los cultivos forrajeros ocupan miles de hectáreas en España y también están regulados desde la Unión Europea. Para entender cómo funciona la ganadería española conviene no perder de vista un aspecto clave: la alimentación de los animales. Y todo eso, también empieza en el campo, con los cultivos forrajeros: alfalfa, maíz para ensilado, vezas, pastos... Son cultivos discretos, rara vez aparecen en titulares, pero ocupan miles de hectáreas en España, según los datos de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (Esyrce) del Ministerio de Agricultura. Estas hierbas sostienen una parte esencial de la economía rural y, como ocurre con casi todo en la agricultura europea, también están regulados desde Bruselas. La alfalfa: la reina de las forrajeras Entre todos los forrajes hay un cultivo que domina claramente: la alfalfa. Los datos de Esyrce sitúan su superficie en unas 200.000 hectáreas, lo que la convierte en la principal planta forrajera del país. Su presencia es especialmente fuerte en regiones de regadío como Aragón, Castilla y León o Navarra. La razón es simple: pocas plantas producen tanta proteína vegetal. La alfalfa puede cortarse varias veces al año y se utiliza tanto en fresco como en heno o deshidratada. Además, tiene una ventaja agronómica clave: al ser una leguminosa, fija nitrógeno en el suelo, lo que reduce la necesidad de fertilizantes. Por eso, se suele incorporar a las rotaciones de cultivo que la PAC intenta fomentar a través de los ecorregímenes y que suponen un pago extra para los agricultores. Como curiosidad: España se ha convertido en uno de los principales productores y exportadores de alfalfa deshidratada de Europa. Buena parte de la producción nacional se procesa en plantas de deshidratación donde la alfalfa recién cortada se seca y se prensa en balas o pellets para su almacenamiento y transporte. Este producto tiene una fuerte demanda internacional y una parte significativa se exporta a países de Oriente Medio y Asia. El maíz que alimenta a las vacas Si la alfalfa aporta proteína, el maíz forrajero aporta energía. Según Esyrce, unas 90.500 hectáreas en España se destinan cada año a maíz para ensilado, un cultivo clave en las explotaciones de vacuno de leche. La planta se corta entera, se pica y se almacena en silos donde fermenta. Ese alimento puede conservarse durante meses y constituye la base energética de muchas raciones ganaderas. Pero el maíz también está muy condicionado por la regulación europea. En muchas explotaciones de vacuno de leche sería tentador dedicar la mayor parte de la tierra a este cultivo, porque es uno de los forrajes más productivos. Sin embargo, la Política Agrícola Común obliga a muchas explotaciones a diversificar cultivos si quieren acceder a las subvenciones. Además, el maíz es un cultivo exigente en nutrientes, pero también debe cumplir con las normas sobre fertilización y contaminación por nitratos. Y estas restricciones de la PAC influyen directamente en cómo se planifican las siembras, cuánto fertilizante puede aplicarse y qué otros cultivos deben alternarse en la parcela. Veza: el forraje clásico del secano En muchas zonas cerealistas del interior peninsular, el protagonismo lo tiene otro cultivo menos conocido: la veza. Esta leguminosa se utiliza sobre todo en mezclas con cereales como avena o cebada para producir forraje destinado a ovino y vacuno. Según las estimaciones de Esyrce, la superficie de veza forrajera ronda las 90.000 hectáreas en España. Su interés agronómico es similar al de la alfalfa. Además de alimentar al ganado, muchos agricultores la incluyen en su rotación de cultivos porque mejora la fertilidad del suelo, algo especialmente valioso en las rotaciones de secano, y porque permite acceder a esas ayudas complementarias por cumplir con los ecorregímenes de la PAC. Pastos y praderas: en el foco de la UE A los cultivos forrajeros hay que sumar los pastos y praderas permanentes, que ocupan más de 8,4 millones de hectáreas en España según Esyrce y constituyen la base de la ganadería extensiva. Sin embargo, estas superficies son prácticamente intocables para la política agraria europea. La Unión Europea considera que los pastos permanentes desempeñan varias funciones ambientales clave: mantienen la cubierta vegetal, favorecen la biodiversidad y contribuyen a almacenar carbono en el suelo. Por ese motivo, la PAC incluye normas específicas para proteger estas superficies. Los Estados miembros deben vigilar que la superficie de pastos permanentes no disminuya por debajo de determinados niveles, y existen ecoesquemas que condicionan las subvenciones a una gestión sostenible de praderas. El interés de Bruselas por estos ecosistemas se ha reforzado además con la Ley de Restauración de la Naturaleza, la norma que obliga a los Estados a restaurar hábitats degradados. Y entre los ecosistemas prioritarios están precisamente los pastizales y praderas seminaturales, que ya no se consideran una fuente de alimento, sino en una especie de barómetro ecológico del territorio.
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