La enóloga aragonesa asume la dirección general de la bodega Lagravera de Lérida donde elabora vinos con mucha personalidad.
Alejandro Toquero
NOTICIA
Pilar Salilla, a la sombra de una de las impresionantes cepas del viñedo más antiguo de Cataluña.
A. Toquero
La aragonesa Pilar Salillas es de Binéfar y todos los días recorre los 24 kilómetros que separan su pueblo de Alfarrás (Lérida) para ir a trabajar a la bodega Lagravera. A este proyecto vitícola llegó en 2018 después de haber pasado por grandes trasatlánticos del sector como Raimat, el mayor viñedo de Europa propiedad de una misma familia; haber elaborado excelentes vinos de garnacha en la denominación de origen Terra Alta o trabajar en California.
"No fue algo que busqué de una forma premeditada -comenta Pilar-, un día recibí una llamada de un profesor de la Universidad que me puso en contacto con la bodega, hablé con Jaume, uno de los propietarios, y enseguida tomé la decisión". La entrevista de trabajo no tuvo lugar en una oficina sino en la parcela conocida como El Vinyet, con el monasterio de Santa María de Bellpuig de les Avellanes, de 1166, al fondo.
Allí vio claro lo que tenía que hacer . "A 20 kilómetros de Binéfar se encuentra este viñedo, que tras un estudio genético de los marcadores de los microsatélites del Instituto Catalán de la Viña y el Vino, se determinó que era de 1889, es decir, cofiloxérico , plantado en la misma época de la filoxera, así que se intentaron aprovechar las variedades históricas de este rincón escondido para no perderlas y que llegasen hasta nuestros días, como así ha sucedido".
Algunos de los vinos que se obtienen en la antigua gravera recuperada.
A. Toquero
La parcela tiene una superficie de 1,4 hectáreas y en su seno acoge 24 variedades de uva, tres de ellas únicas en el mundo. Algunas como la trobat blanc, conocida como alcañón en el Somontano de Barbastro, "conectan Aragón y Cataluña, y eso es algo muy emocionante". "Para mí fue como llegar al paraíso, como si estuviera viviendo un sueño", prosigue. Así que no lo dudó: en 2018 entró como enóloga y dos años después ya era la directora general. Desde entonces, en Lagravera sus opiniones tienen mucho peso y casi todas las decisiones pasan por sus manos.
El proyecto también conectó con su forma de estar en el mundo. Esta bodega nació en 2006 como ecológica y en 2012 se asumió el reto de transformarla poco a poco en biodinámica, el siguiente escalón hacia lo que, a su juicio, "debería ser la agricultura". "La biodinámica -comenta Pilar- supone respetar los ciclos de la naturaleza, que sigue su curso y te ofrece los mejores momentos para, a través de la posición del Cosmos, trabajar en la viña y en la bodega".
El paraje conocido como Mas la Parra está a 700 metros de altitud.
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Pero este no es el único detalle que tiene en cuenta. También le da mucha importancia al cuidado del suelo y de las plantas. En un pequeño jardín, alrededor de las hojas de ortiga, "que de forma natural pueden solucionar muchos problemas", se cultivan valeriana, diente de león, cola de caballo ... Con ellas se elaboran preparados biodinámicos, como el de boñiga, que se hace fermentando estiércol bajo tierra dentro de un cuerno de vaca, que luego se diluye en agua y se aplica directamente al viñedo.
Así se trabaja en todas las parcelas. Por supuesto, en El Vinyet, donde Pilar obtiene los vinos tinto y blanco La Pell, "que expresan la historia del lugar y de sus variedades ancestrales". La viña Pedrisses también es histórica, de 1935. "Está en una zona más fría -explica- y los que allí se elaboran tienen una identidad diferente, su propio estilo". En el paraje conocido como Mas La Parra las cepas son más jóvenes, de los años 90 del siglo pasado, "pero estuvieron cinco años abandonadas; con su fruto hacemos los vinos de paisaje, que al estar a 700 metros de altitud ofrecen mayor acidez y menor grado alcohólico".
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Finalmente, en la gravera recuperada por la familia de Alfarrás que tiene la propiedad de la bodega, se plantó en 2006 el viñedo más joven. Responde al nombre de Nuria. De él salen tres vinos naturales, los 'grand cru' y buena parte de los de paisaje . En total, 14 referencias que se venden en más de 20 países y que habitualmente están en tiendas especializadas y en restaurantes de un nivel medio alto.
"No sé si son los vinos que aspiraba a elaborar, pero sí sé que estoy dando lo mejor de mí, que es la interpretación de esas parcelas para vigilarlas, mimarlas y que cada año se expresen de una manera", concluye Pilar Salillas.
Además , le apetece mucho que, como aragonesa, estos vinos estén más presentes en su tierra, "que se aprecien y sean un elemento de unión entre Aragón y Cataluña; ojalá hubiera muchos más argumentos para unirnos y no para separarnos".
Así, con esta imagen se despide la enóloga binefarense, con un simbólico brindis en forma de deseo: "Lo que me gustaría es que cada vez más catalanes y aragoneses cogiesen una botella de Lagravera y dijeran: ¡ Mira, este es el vino que nos une ! ".
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