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La carga regulatoria en la UE: barrera para la competitividad empresarial

24/03/2025
En: eleconomista.es
Digital
Las obligaciones legales tienen un impacto negativo y multifacético en la inversión empresarial europea. Aumentan los costos, generan incertidumbre y complejidad, fragmentan el mercado único, pueden frenar la innovación y la transición ecológica, y afectan la competitividad global de las empresas europeas. Las empresas de la Unión Europea (UE) consideran que los requisitos de presentación de informes representan solo una fracción de las cargas regulatorias que enfrentan, las cuales imponen elevados costos para hacer negocios en Europa. Las empresas deberán probar la veracidad de sus mensajes ecológicos Obstáculos en las operaciones comerciales transfronterizas dentro del mercado único y la burocracia excesiva emergen como retos importantes que afectan negativamente la competitividad.La percepción de la carga regulatoria es marcadamente negativa entre las empresas de la UE, que la identifican como uno de los dos principales problemas que impactan el clima de inversión. Más del 60% de las empresas considera que la regulación es un freno a la inversión, y este problema es particularmente agudo para las pequeñas y medianas empresas (pymes): el 55% de estas señala los obstáculos regulatorios y la carga administrativa como su mayor desafío, evidenciando el peso desproporcionado que sienten frente a las regulaciones En este contexto, BusinessEurope, la patronal empresarial europea, destaca en su informe la reducción de la carga reguladora para restablecer la ventaja competitiva de la UE que la mayoría de sus federaciones miembro perciben un aumento de las cargas administrativas en el último año, derivado de los cambios legislativos introducidos por la Comisión Europea. Esta percepción de incremento en la burocracia intensifica las preocupaciones del sector empresarial, que exige señales claras de que la UE priorizará la reducción de dichas cargas. El costo y la complejidad de cumplir con la legislación de la UE pueden poner a las empresas europeas en una posición desventajosa frente a competidores de terceros países con regulaciones menos onerosas, afectando la atractividad de la UE como destino de inversión. Costos acumulativos y complejidad Entre las preocupaciones más relevantes, surgen preguntas sobre los costos acumulativos y la complejidad de iniciativas como el triángulo regulatorio CSRD (Directiva sobre información de sostenibilidad corporativa), CS3D (Directiva de diligencia debida) y la Taxonomía de la UE, cuya implementación suscita dudas sobre su impacto en la competitividad. Además, las empresas enfrentan incertidumbre y duplicación de esfuerzos al cumplir con obligaciones de distintas normativas que requieren planes de transición corporativa, como la Directiva de Emisiones Industriales (DEI), la Directiva de Eficiencia Energética y el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la UE (EU ETS). Burocracia asociada a los mecanismos Asimismo, la burocracia asociada con regulaciones específicas, como el Mecanismo de Ajuste en Frontera de Carbono (CBAM), crea dificultades en la obtención de datos de emisiones de los proveedores. También destacan las cargas derivadas de la implementación de diversas directivas, como la condicionalidad de la asignación gratuita del EU ETS vinculada a auditorías de eficiencia energética, que generan requisitos duplicados en los planes de reducción de emisiones para cogeneración. Otro aspecto problemático son las barreras regulatorias en el mercado único creadas por la falta de armonización en requisitos nacionales en áreas como embalaje y residuos, lo que resulta en cargas administrativas adicionales para las empresas. Incluso fenómenos como el green hushing , donde las compañías prefieren no divulgar información sobre sostenibilidad debido a normativas demasiado complejas, reflejan el efecto desincentivador de ciertas regulaciones. En el ámbito laboral y social, las empresas enfrentan excesivas cargas regulatorias derivadas de directivas como la de transparencia salarial y el desplazamiento de trabajadores . Mientras tanto, el sector financiero acusa un marco normativo extenso y complejo que impone cargas tanto para las empresas como para los consumidores. Las propuestas de BusinessEurope incluyen una gama de medidas dirigidas a reducir los costos desproporcionados de cumplimiento. Estas medidas se centran en tres pilares principales: las cargas administrativas, las cargas excesivas de ajuste y las barreras regulatorias transfronterizas. En paralelo, denuncian procesos regulatorios ineficientes, como las declaraciones Intrastat , abogando por su eliminación, y critican la complejidad de normativas como el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), que encarece su implementación. Finalmente, la digitalización no alineada y los requisitos superpuestos en áreas como la legislación alimentaria y fiscal, sumados a la aplicación extraterritorial de algunas leyes de la UE que entran en conflicto con legislaciones de terceros países, representan desafíos adicionales para las empresas. En particular, regulaciones como la Ley de Deforestación de la UE (EUDR) generan cargas por la recopilación de coordenadas geográficas, mientras que las directivas sobre cooperación administrativa (DAC) añaden complejidad en el ámbito fiscal. Las cargas regulatorias representan un desafío significativo y adverso para la inversión en la Unión Europea (UE).Según diversas fuentes, las empresas que operan en la región consideran las regulaciones como uno de los dos principales problemas que afectan el clima de inversión. Más del 60% de las empresas en la UE perciben la regulación como un obstáculo para la inversión . Esta percepción es aún más pronunciada entre las pequeñas y medianas empresas (pymes), donde el 55% identifica los obstáculos regulatorios y la carga administrativa como su principal desafío. Impacto de las cargas Las regulaciones en Europa generan costos elevados que van más allá de los simples requisitos de información. Estos incluyen gastos derivados de la implementación de nuevas normativas, la adaptación de procesos, la contratación de personal especializado y la gestión de la creciente burocracia. Las restricciones regulatorias en el comercio transfronterizo obstaculizan la expansión empresarial y limitan la inversión en otros Estados miembros. La falta de armonización en la implementación de directivas nacionales, como las relacionadas con embalajes y residuos, incrementa los costos operativos, fragmenta el mercado único y dificulta la obtención de economías de escala, afectando también la inversión en innovación. La multiplicidad y complejidad de las normativas generan incertidumbre y duplicidad de esfuerzos en el cumplimiento legal. Particularmente, la interrelación de regulaciones como el triángulo CSRD-CS3D-Taxonomía plantea inquietudes sobre el costo acumulativo y su efecto en la competitividad de las empresas. Normativas como los valores límite de rendimiento ambiental (EPLV) establecidos en los permisos bajo la Directiva de Emisiones Industriales (IED) pueden restringir la innovación, ya que las prácticas más ecológicas a menudo requieren mayor consumo energético o recursos adicionales. Este escenario afecta el avance hacia una transición ecológica efectiva. Regulaciones excesivamente detalladas y prescriptivas sobre declaraciones ecológicas podrían inducir a las empresas a evitar comunicar sus estrategias o logros en sostenibilidad, un fenómeno conocido como green hushing. Esto desincentiva las inversiones en iniciativas verdes, socavando los esfuerzos por una economía más sostenible. Propuestas como la Directiva sobre pagos atrasados podrían generar una brecha de financiación que afectaría de manera desproporcionada a las pymes, forzándolas a recurrir a préstamos y procesos administrativos adicionales. Procesos regulatorios como las declaraciones Intrastat, junto con requisitos de información fiscal y financiera complejos (ESEF), desvían recursos empresariales que podrían destinarse a inversiones productivas y estratégicas. El cumplimiento de la legislación de la UE impone costos significativos y complejidades que podrían colocar a las empresas europeas en desventaja frente a competidores de terceros países no sujetos a normativas similares. Esto incluso podría provocar respuestas negativas de dichos países, como la negativa a servir al mercado europeo.La falta de claridad y la complejidad normativa en materia de finanzas sostenibles -incluyendo la Taxonomía de la UE y el Reglamento de Divulgación de las Finanzas Sostenibles (SFDR)- complican la asignación de capital hacia actividades sostenibles, encarecen el lanzamiento de productos ESG y ralentizan la transición ecológica. La aplicación extraterritorial de ciertas regulaciones, como las relativas al trabajo forzoso, puede generar conflictos legales cuando estas chocan con legislaciones de terceros países. Esto introduce incertidumbre jurídica y riesgos potenciales de litigio para las empresas. Según el documento de BusinessEurope, los sectores que afrontan las cargas regulatorias más acuciantes son; energía y clima; economía circular; política de consumo; finanzas sostenibles y derecho de sociedades; fiscalidad: informes financieros; cadenas de valor internacionales y comercio; economía digital; empleo y política social; Derecho alimentario; y servicios financieros. Estos sectores se ven particularmente afectados por las cargas regulatorias, que se originan en tres pilares principales de costos de cumplimiento desproporcionados: cargas administrativas (incluidos los requisitos de información), cargas de ajuste excesivas y barreras regulatorias transfronterizas. La mayor parte de estas cargas va más allá de los meros requisitos de información. Por todas estas razones BusinessEurope aboga, en su informe, por una acción rápida y decidida para reducir estas cargas y restaurar la competitividad de la UE.
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