Viernes, 28 de agosto de 2026 Internacional La Comisión Europea ha publicado un estudio sobre la adaptación de la agricultura y la ganadería de la UE al cambio climático, centrado en la gestión del agua, que cifra en 28.300 millones de euros anuales las pérdidas ya generadas por los impactos climáticos en el sector, una cantidad superior al coste estimado de las medidas de adaptación disponibles. El informe, elaborado por las consultoras AND International, ADE, AFC e ICF para la Dirección General de Agricultura y Desarrollo Rural, con el trabajo de campo concluido en 2025, concluye que la respuesta de los agricultores europeos es mayoritariamente incremental y reactiva, y advierte de que la resiliencia hídrica no puede garantizarse solo con medidas a nivel de explotación. El trabajo combina una revisión bibliográfica, un inventario de más de 300 prácticas agrícolas basado en clasificaciones del Centro Común de Investigación (CCI) y bases de datos del programa LIFE, y una recogida de datos primarios: 46 entrevistas, encuestas a 334 agricultores y 100 agentes del sector, y grupos focales con más de 70 participantes celebrados entre marzo y octubre de 2025. Cinco estudios de caso regionales -Pays-de-la-Loire (Francia), Cataluña (España), Emilia-Romaña (Italia), Alta Austria (Austria) y Wielkopolska (Polonia)- aportaron evidencia detallada sobre presiones hidrológicas, marcos institucionales y toma de decisiones de los agricultores y ganaderos , con unas 15 entrevistas presenciales por caso y análisis de las estrategias locales de adaptación. Entre las prácticas identificadas figuran la cobertura del suelo, la diversificación de cultivos, variedades mejoradas, cambios en las fechas de siembra, el ajuste del manejo ganadero, tecnologías de ahorro de agua y sistemas de alerta temprana. Sin embargo, las medidas transformadoras -agroforestería, restauración sistémica del suelo o gestión del agua a escala de paisaje- siguen siendo minoritarias. La idoneidad de cada práctica depende de factores agronómicos, hidrológicos, socioeconómicos y de gobernanza. El inventario detectó que más de 80 de las prácticas analizadas presentan riesgos de maladaptación asociados al contexto, como el desplazamiento de la vulnerabilidad, efectos rebote o la generación de externalidades negativas para otros usos del agua. El análisis coste-beneficio muestra resultados dispares: prácticas como la rotación de cultivos o los cultivos de cobertura ofrecen beneficios económicos claros, mientras que la agroforestería genera fuertes beneficios ambientales pero implica costes elevados a corto plazo. En otros casos, como la recogida de agua de lluvia, la rentabilidad depende del clima, el cultivo y la estructura de la explotación. El estudio subraya que la resiliencia hídrica no depende solo de las explotaciones, sino de una gobernanza coordinada a escala de cuenca fluvial, en el marco de la Directiva Marco del Agua (DMA). La aplicación de los planes hidrológicos de demarcación, los marcos de asignación de agua y los mecanismos de control varía notablemente entre Estados miembros, mientras que la expansión de la oferta hídrica, como la desalación, conlleva mayores riesgos de maladaptación. La Política Agrícola Común (PAC) respalda la adaptación mediante la condicionalidad reforzada -que exige a los beneficiarios de pagos por superficie y animales prácticas de gestión sostenible del suelo-, los ecorregímenes voluntarios, los compromisos agroambientales y climáticos, y las inversiones vinculadas a los objetivos específicos 4, 5 y 6. La cooperación en el marco de los grupos operativos de la AEI-AGRI impulsa además respuestas locales. Otros instrumentos (Horizonte Europa, el programa LIFE, el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia (MRR) y el Banco Europeo de Inversiones (BEI)) también apoyan la adaptación, con distinto grado de coordinación con la PAC. El BEI incrementa su financiación a la agricultura comunitaria, mientras que persisten pocos instrumentos que aborden la resiliencia hídrica más allá del nivel de explotación. El informe detecta carencias en las estrategias de adaptación a largo plazo, especialmente en la región biogeográfica mediterránea, afectada por escasez hídrica . En España se han detectado efectos rebote y un mayor consumo de agua tras mejoras en la eficiencia del riego; Italia carece de restricciones vinculantes de riego a escala de cuenca, y en Grecia la aplicación de los límites de extracción se ve limitada por deficiencias en los sistemas de medición. El estudio, disponible en la sección Documentos de eurocarne digital, concluye que la adaptación eficaz requiere una gobernanza de cuenca coordinada, normas de asignación de agua exigibles, sistemas de seguimiento robustos y la integración de los objetivos agrícolas e hídricos. La salud del suelo se perfila como elemento fundamental de la resiliencia a largo plazo, mientras que una mayor colaboración entre la AEI-AGRI, la Misión de la UE de Adaptación al Cambio Climático y otros instrumentos de Horizonte Europa facilitaría la transferencia y ampliación de las prácticas de adaptación. Más noticias Internacional © 2026 Estrategias Alimentarias SL. Todos los derechos reservados. Aviso legal Protección de datos Políticas de cookies