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Agricultura inteligente: equidad, transparencia y gobernanza para un futuro alimentario sostenible

01/07/2026
En: corresponsables.com
Digital
Selecciona tu IA preferida para generar en segundos un análisis completo del contenido y una propuesta de post optimizado para redes sociales: La sostenibilidad en el sector alimentario ya no puede entenderse únicamente como una cuestión de eficiencia productiva o de reducción de impactos ambientales. En el actual proceso de transformación digital del sistema agroalimentario, la incorporación de inteligencia artificial introduce nuevas capacidades de optimización, trazabilidad y apoyo a la decisión, pero también abre interrogantes normativos y éticos sobre justicia, transparencia, responsabilidad y distribución del valor tecnológico. En este contexto, las buenas prácticas para un futuro más verde no consisten solo en aplicar más tecnología, sino en gobernarla de forma que refuerce la sostenibilidad ambiental, social y económica del sistema alimentario. El vídeo de la ponencia Responsible AI in the Agri-Food Sector: Ethics and Regulation for Trusted Innovation en el marco del I Congreso de la Cátedra Internacional ENIA Inteligencia Artificial y Agricultura de la Universidad de Córdoba este debate en un punto crucial: la inteligencia artificial está reconfigurando tanto la producción agraria como las cadenas de valor alimentarias mediante agricultura de precisión, optimización de recursos, sistemas avanzados de apoyo a la decisión y mayor trazabilidad. Tales capacidades pueden contribuir a elevar la productividad, mejorar la resiliencia del sistema alimentario, reforzar la seguridad alimentaria y acelerar la innovación basada en datos, pero sus beneficios no son automáticos ni neutros. La cuestión decisiva es, por tanto, bajo qué principios y con qué salvaguardas debe desplegarse la IA para que la transición verde del sector sea también legítima, inclusiva y confiable. La sostenibilidad alimentaria en la era algorítmica El sector alimentario se enfrenta a una tensión estructural: producir más y mejor con menos recursos, en un entorno marcado por el cambio climático, la volatilidad de los mercados, la presión sobre el agua, la energía y el suelo, y la exigencia social de cadenas de suministro más transparentes. En este escenario, la IA ofrece instrumentos prometedores para una gestión más fina de insumos, una detección temprana de riesgos, una planificación logística más eficiente y una monitorización más precisa de la calidad y la seguridad de los alimentos. Desde una perspectiva de sostenibilidad, estas aplicaciones pueden reducir desperdicios, racionalizar el uso de fertilizantes, agua y energía, y mejorar la trazabilidad de los productos a lo largo de toda la cadena. Sin embargo, una visión estrictamente tecnosolucionista sería insuficiente. El propio documento subraya que la transformación algorítmica del sistema agroalimentario está acompañada de desafíos éticos fundamentales, entre ellos la equidad en el acceso, la explicabilidad de los sistemas, la atribución de responsabilidades y el impacto ambiental de los despliegues tecnológicos. En otras palabras, la sostenibilidad no puede medirse solo por la reducción de costes o por el aumento de rendimiento, sino por la calidad institucional y moral de las infraestructuras digitales que median la producción y distribución de alimentos. Buenas prácticas con foco en IA ética Una primera buena práctica consiste en adoptar un enfoque centrado en las personas, especialmente en agricultores, trabajadores y pequeños productores. El documento propone que los ecosistemas de IA confiable prioricen las necesidades reales del sector y no únicamente los incentivos comerciales de los proveedores tecnológicos. Esta orientación human-centric resulta esencial para evitar que la automatización desplace saberes prácticos, imponga decisiones opacas o debilite la autonomía profesional de quienes sostienen materialmente el sistema alimentario. Una segunda práctica clave es incorporar mecanismos robustos de equidad y mitigación de sesgos. El texto señala una profunda brecha de acceso digital: solo el 38 % de las explotaciones europeas de menos de 20 hectáreas utiliza alguna tecnología digital, frente al 87 % de las explotaciones de más de 100 hectáreas. Añade, además, que en el Sur Global menos del 5 % de los pequeños agricultores -responsables de una parte muy significativa de la producción mundial de alimentos- tiene acceso a servicios digitales de asesoramiento agrícola. Estos datos muestran que una transición verde guiada por IA podría agravar desigualdades preexistentes si no se acompaña de políticas de inclusión, financiación, infraestructuras abiertas y apoyo técnico específico para actores con menor capacidad de adopción. La tercera buena práctica es la transparencia operativa mediante sistemas explicables. Según el documento, un 68 % de los agricultores europeos encuestados no comprende cómo los sistemas de IA generan sus recomendaciones, y un 45 % ignora dichos consejos cuando contradicen su experiencia previa. Esto revela un problema de legitimidad epistémica: la sostenibilidad de una tecnología no depende solo de su precisión estadística, sino también de la inteligibilidad de sus resultados para quienes deben aplicarlos en contextos complejos y situados. En el ámbito alimentario, donde las decisiones afectan a cultivos, seguridad, costes y cumplimiento regulatorio, la explicabilidad no es un lujo técnico, sino una condición de confianza y de adopción responsable. Una cuarta práctica imprescindible es definir esquemas claros de responsabilidad y supervisión. El documento advierte de que el 73 % de los sistemas de IA agrícola carece de mecanismos claros para impugnar o recurrir decisiones algorítmicas que afectan a los medios de vida de los agricultores. Cuando una recomendación automatizada influye sobre riegos, cosechas, compras de insumos o clasificación de calidad, deben existir procedimientos verificables para revisar errores, asignar responsabilidades y reparar daños. Sin esta arquitectura de rendición de cuentas, la sostenibilidad corre el riesgo de reducirse a una narrativa corporativa sin garantías efectivas. Gobernanza para un futuro más verde El documento organiza las recomendaciones en cinco líneas de actuación que pueden leerse como un marco de buenas prácticas para una sostenibilidad alimentaria apoyada por IA ética. La primera es establecer marcos integrales de gobernanza de la IA; la segunda, priorizar transparencia y responsabilidad; la tercera, asegurar un acceso equitativo; la cuarta, reforzar la calidad e interoperabilidad de los datos; y la quinta, invertir en capacitación y alfabetización en IA. Cada una de estas dimensiones conecta la innovación con una concepción amplia de la sostenibilidad, en la que la dimensión ambiental depende también de condiciones sociales, institucionales y cognitivas adecuadas. La calidad e interoperabilidad de los datos merece una atención particular. En el sector agroalimentario, los datos heterogéneos procedentes de sensores, maquinaria, cadenas logísticas, laboratorios y controles de calidad pueden mejorar la toma de decisiones, pero también generar dependencias de plataformas cerradas o resultados poco fiables si no se gobiernan con criterios comunes. Una buena práctica consiste en establecer estándares compartidos, procedimientos de validación en entornos reales y reglas de uso de datos que eviten tanto la fragmentación técnica como la concentración excesiva de poder informacional. La alfabetización en IA es igualmente decisiva. Un sistema alimentario más sostenible requiere que agricultores, cooperativas, inspectores, transformadores y responsables públicos comprendan no solo cómo usar herramientas inteligentes, sino también cuáles son sus límites, sesgos potenciales y condiciones de fiabilidad. La formación técnica, ética y regulatoria se convierte así en un componente de resiliencia institucional, porque permite pasar de una adopción pasiva de soluciones comerciales a una apropiación crítica y contextualizada de la innovación. Una transición verde con legitimidad democrática La principal aportación del documento es recordar que la integración de IA en el sistema agroalimentario representa una encrucijada tecnológica y política. Existe una trayectoria por defecto, basada en despliegues comerciales no suficientemente regulados y orientados a métricas estrechas de eficiencia, que puede intensificar desigualdades, concentrar poder y relegar valores sociales y ambientales más amplios. Pero también existe una trayectoria alternativa, sustentada en ética, regulación sólida y procesos inclusivos de múltiples actores, capaz de orientar la innovación hacia formas de sostenibilidad más justas y duraderas. Desde esta perspectiva, las buenas prácticas para un futuro más verde no pueden limitarse a enumerar herramientas digitales o mejoras operativas. Deben articular una ecología de la responsabilidad en la que la IA contribuya a disminuir impactos ambientales, fortalecer la seguridad alimentaria, proteger a los actores más vulnerables y hacer más transparente la cadena de valor. En el sector alimentario, la sostenibilidad verdaderamente transformadora será aquella que combine eficiencia ecológica con justicia distributiva, inteligibilidad técnica y gobernanza democrática de la innovación. Este artículo forma parte del Dosier Corresponsables - Sostenibilidad en el Sector Alimentario: Buenas Prácticas para un futuro más verde. Selecciona tu IA preferida para generar en segundos un análisis completo del contenido y una propuesta de post optimizado para redes sociales
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