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Una nariz tecnológica contra el desperdicio

16/03/2026
En: diaridetarragona.com
Digital
Cada año se desperdicia cerca de un tercio de los alimentos que se producen en el mundo. Una parte importante de ese problema ocurre lejos de la vista del consumidor, durante el transporte o almacenamiento , cuando la calidad del producto se deteriora sin que nadie lo detecte a tiempo. Con el objetivo de aportar más control y reducir estas pérdidas nació Saensa Edge Innovations , una startup tecnológica que propone una forma distinta de vigilar lo que ocurre dentro de los envases. Al frente del proyecto está Héctor Sánchez (Reus,1992) y formado en química industrial. Con el tiempo amplió su perfil hacia la gestión y la tecnología con distintos másteres en inteligencia artificial, Big Data, gestión de proyectos y un MBA. Esa mezcla de ciencia, tecnología y visión de negocio se refleja en una empresa que combina hardware, software e inteligencia artificial para crear sistemas de monitorización de alimentos La propuesta de Saensa se basa en pequeños sensores inteligentes que se introducen directamente en los paquetes o en los entornos de almacenamiento. Estos dispositivos analizan parámetros físicos, químicos o microbiológicos del producto y envían la información para ser procesada mediante algoritmos IA. El objetivo es transformar los datos en información útil para las empresas. «Los clientes no quieren miles de lecturas en una hoja de cálculo, quieren saber si su producto está bien o si hay un problema a solucionar», explica Sánchez. Gracias al análisis automatizado, el sistema puede detectar desviaciones de calidad de forma temprana y alertar antes de que el alimento llegue en mal estado. Para explicarlo de forma sencilla, desde la empresa utilizan el concepto de las «narices electrónicas»; igual que el olfato humano detecta cambios en el ambiente, estos sensores pueden identificar gases o señales químicas que aparecen cuando un alimento empieza a degradarse. Pero la tecnología va más allá del olor: también mide variables como temperatura, presión, luz o movimiento. Datos al instante: los pequeños dispositivos analizan parámetros físicos, químicos o microbiológicos del producto. La información se procesa mediante IA Las aplicaciones son diversas. En bolsas de comida para mascotas, por ejemplo, los sensores pueden verificar sus condiciones óptimas; en carne o pescado ayudan a detectar procesos de oxidación o pérdida de frescura; y en fruta permiten seguir la evolución de la maduración durante el transporte. El modelo de negocio de Saensa se basa en desarrollar soluciones personalizadas para cada cliente : cada proyecto requiere una configuración distinta de sensores, tamaño o conectividad, por lo que el trabajo comienza con prototipos en laboratorio antes de escalar la tecnología a nivel industrial. Aunque la empresa se constituyó en verano de 2025, ya mantiene conversaciones con compañías nacionales e internacionales. Su estrategia pasa por establecer relaciones con empresas que apuesten por la innovación con las que desarrollar diferentes aplicaciones. El propio nombre de la empresa refleja su filosofía. 'Sensor' en japonés se pronuncia sensa , un término que inspiró el nombre Saensa, combinado con las iniciales de los apellidos de sus cuatro fundadores. Una referencia a la precisión y al trabajo artesanal que quieren trasladar a su forma de desarrollar tecnología. En esta primera etapa, el ecosistema emprendedor también es clave: la startup forma parte de la incubadora Redessa:«tener una infraestructura así en el territorio facilita muchísimo arrancar un proyecto tecnológico», destaca Sánchez. Saensa aspira a consolidarse en el sector agroalimentario y, con el tiempo, llevar su tecnología a otros verticales como el farmacéutico o la salud.
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