«Ya hemos visto el fin del mundo» , le decía el argentino Agustín Tartari a su madre, María Isabel, sentada junto a él con las gafas puestas, justo cuando el eclipse alcanzó la totalidad. Y ese fin del mundo les pilló ayer a ellos -igual que a unas 5.000 personas más - en la finca junto a la Cooperativa Agrícola que se había elegido como punto oficial de observación oficial en Cambrils . Vecinos y visitantes de otros lugares de Catalunya, España y el extranjero observaron cómo se oscurecía el cielo rodeados de olivos centenarios. Los más tempraneros, esperaron durante casi cuatro horas para acceder al terreno, que acabó abriéndose también a quienes no tenían entrada hasta completar el aforo. El Ayuntamiento habilitó un trenet-lanzadera para asegurar el acceso y media docena de foodtrucks rescataron de la deshidratación a más de uno. Cargados con sillas, con la nevera, untados en crema solar hasta las cejas, en chanclas y bañador y convencidos de apechugar con los 32 grados de temperatura y un sol que no podía picar más. Los cambrilenses formaron cola desde el mediodía en el complejo de la Cooperativa. Eran algunos de los 5.000 afortunados que consiguieron una de las invitaciones, agotadas en minutos. Pero también hubo quien se presentó sin ella. «Soy de Tordera. He comido en el restaurante de al lado para aparcar y a las tres de la tarde, cuando aún no había nadie, ya estaba aquí con mis hijos Zoe y Lucas y una tienda de campaña», explicaba Zaida Hernández, la primera en llegar. Otros hacían tiempo dentro de los coches, con el aire encendido. Juan Yébenes fue el maquinista del eclipse. Durante toda la tarde, manejó el trenet que conectaba la avenida del Esport con la Cooperativa. No paró de hacer viajes llevando a pasajeros como Cristina, María y Rafael: «Tenemos la ilusión de ver algo emocionante» , contaban. La Cooperativa Agrícola ha lanzado un aceite conmemorativo. «Es el único aceite especial del eclipse que se ha hecho en España , una edición de 1.000 botellas por la que se han interesado coleccionistas», detallaba Fernando Sarasa, director comercial de la cooperativa. La finca empezó a ocuparse con la apertura de puertas, a las seis de la tarde. Y asegurarse el mejor sitio no fue el único reto para las familias: con una hora de margen hasta el inicio del fenómeno, lo más buscado era la sombra de los olivos. «El eclipse podrá verse detrás de la montaña de Escornalbou, la que tiene un pico y parece una pirámide», avisaba el speaker entre la música que amenizaba la espera. Y después, se hizo el silencio y surgió la magia. «Es como lo imaginaba», comentaba la vallense Pilar Grau, junto a su grupo de amigas de Huesca y Zaragoza de veraneo en Cambrils, cuando la luna empezó a «comerse el sol». Y María Elena Granja, vecina de Alcover, constataba que «pasar tanto calor vale la pena». «Pero el mundo sigue», zanjaba Tartari.