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Menos lluvia y menos superficie de cultivo

17/12/2019
En: hoy.es
Digital
Menos lluvia y menos superficie de cultivo ANÁLISIS AGRARIO Entre 2012 y 2018 aumentó la superficie de olivar y viñedo en Extremadura en un 5,2 por ciento, mientras que la de trigo bajó el 32,9 y la de maíz un 26. También disminuyó la superficie de avena y solo la de cebada tuvo un crecimiento sustancial Como todos los años, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha hecho públicos los resultados de la Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos (ESYRCE). Son el resultado de una observación por muestreo y, por tanto, no exactos, pero sirven como referencia comparativa con respecto a años anteriores. Un dato de interés, justo ahora, en un contexto donde está caliente el debate sobre el impacto de la actividad productiva en el cambio climático. La cumbre del COP-25 lo ha dejado claro, y se han puesto deberes que ya veremos si se cumplen. En todo caso, la evolución de la superficie agraria, tanto para cultivos de consumo humano como ganadero, así como la variación de la pluviometría, son indicadores, que sin ser definitivos, ayudan a la reflexión. Con carácter general y a nivel nacional, en 2019 se ha producido un aumento de la superficie de cultivos herbáceos con respecto a 2018, en particular cereales, leguminosas, tubérculos y cultivos forrajeros, mientras que han disminuido cultivos industriales como la remolacha, hortalizas y flores. En cuanto a cultivos leñosos, donde la superficie experimenta menos variaciones anuales, dada la perennidad y el coste de las nuevas plantaciones, todos los frutales experimentan ligeros aumentos de superficie, en especial el almendro y el pistacho y, en menor medida, nogal, castaño y aguacate. En el caso de los cítricos, es el limonero el que tiene un mayor repunte. Por el contrario, si se observa la tendencia desde 2004, se puede percibir como a partir de 2007 se produce una ligera caída de la superficie total de cultivo, en particular de la arable, compensada por el ligero ascenso de los cultivos leñosos. En el caso de Extremadura, destacan las 287.207 hectáreas de olivar, 257.811 de cereales grano, 86.052 de viñedos, 62.879 de forrajeras, 53.147 de frutales no cítricos y 41.263 de cultivos industriales, la mitad de tomate; además de 1,9 millones de hectáreas de pastizales y 280.278 de barbecho. Según la misma fuente, entre 2012 y 2018 aumentó la superficie de olivar y viñedo en esta región en un 5,2%, mientras que la de trigo bajó el 32,9% y la de maíz un 26%, descendiendo también la superficie de avena. Solo la cebada tuvo un crecimiento sustancial en su superficie. En definitiva, pequeño crecimiento general en las tierras arables, que no se podría producir si el consumo no tirara de la demanda de productos agrarios y, por tanto, de la producción. Por ello, si verdaderamente se quiere reducir el impacto medioambiental del sector agrario, una opción es disminuir la superficie cultivada, para lo que tendría que bajar el consumo, algo que con estos datos no se percibe. Otra opción es reducir las emisiones por unidad de superficie y, sobre todo, por kilo de alimento producido, buscando obtener más alimento en menos superficie, lo que requiere el desarrollo y el uso de tecnología en todos los ámbitos de la producción agrícola y ganadera. Por otro lado y según los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET), el último año hidrológico, que corresponde al periodo situado entre el 1 de octubre de 2018 y el 30 de septiembre de 2019, fue el cuarto más seco en lo que va de siglo, con un 13% menos de agua acumulada que la media correspondiente al periodo de referencia 1981-2010. En el último año, las precipitaciones no alcanzaron el 75% de los valores medios del periodo mencionado, en zonas como Canarias, Castilla y León y parte de Galicia y Aragón, mientras que en Comunidad Valenciana, este de Andalucía y sureste de Castilla La Mancha, estuvieron entre el 25-50% por encima. No son para alarmarse en exceso, pero sin duda disminuye la productividad del campo y favorecen la pérdida de suelo, al reducirse la cobertura vegetal.
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