La implantación de drones en el agro reduce el consumo de agua y fitosanitarios, mejora la eficiencia del cultivo y abre nuevas salidas profesionales. Aerocámaras ha formado desde 2019 a cerca de 250 especialistas en la agricultura de precisión para atender la elevada demanda
Uno de los drones utilizados por Aerocámaras en la formación de los pilotos especializados en agricultura de precisión. DP
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Hubo un momento en la historia de la agricultura en que alguien tuvo que convencer a un labrador de cambiar su mula por un tractor. La conversación no debió de ser fácil. Ni tampoco transformar la mentalidad de un sector muy enterrado en las tradiciones y en lo de siempre . El animal era conocido, predecible, alimentado con lo que daba la tierra. El tractor era ruidoso, caro y exigía aprender cosas nuevas: mecánica, combustible, mantenimiento. Había que cambiar una bujía en vez de llenar un pesebre.
Décadas después, ese mismo argumento se repite en las explotaciones agrícolas de toda España, aunque ahora el tractor es lo de siempre y lo nuevo vuela. Los drones agrícolas están provocando en el campo una revolución que recuerda, por su magnitud, a aquel salto del siglo pasado. Y al igual que entonces, los más escépticos acaban convencidos cuando ven al vecino utilizarlos.
"Es un tema cultural", explica David Infantes, experto en formación de Aerocámaras , empresa pionera en la aplicación de esta tecnología al sector agrícola. "Técnicamente está todo bastante desarrollado. Lo que falta es que se aplique y se vean los beneficios". La frase condensa una realidad que cada temporada va ganando adeptos: el campo español está en el umbral de una nueva era agrícola.
La firma de Pontevedra lleva desde 2019 trabajando en la intersección entre drones y agricultura, casi desde el momento en que la normativa europea (basada en los reglamentos 945 y 947/2019 de la Agencia Europea de Seguridad Aérea) dio cobertura legal al uso de estas aeronaves en el ámbito civil. "El primer temario es de 2019, casi con la entrada en vigor de la normativa", señala Infantes.
Desde el 1 de marzo de 2019, cuando arrancó la primera convocatoria, Aerocámaras ha formado a 246 pilotos especializados en agricultura de precisión. Lo han hecho a propósito despacio: dos convocatorias al año, entre diez y quince alumnos por edición. "Entendemos que irnos a más alumnos iría en contra de la calidad del curso", explica Ángel Fernández, CEO adjunto de la empresa. "Así podemos tener mejor atendidos a los alumnos, hacer mejores tutorías y mantenemos un ratio que nos permite dar una enseñanza de calidad." Muchos de esos 246 trabajan hoy de forma autónoma, ofreciendo sus servicios a explotaciones agrícolas de toda España.
Drones de más de 100 kilos de peso
La clave del cambio no está solo en la espectacularidad del aparato (que en el caso de los más complejos superan los cien kilos de peso), sino en lo que permiten hacer donde antes no había solución. Cuando el terreno está encharcado y el tractor no puede acceder sin destrozar el suelo, el dron aplica el producto igualmente. Cuando el maíz crece dos metros y meter maquinaria significa pisar y perder parte de la cosecha, el dron pasa por encima. Cuando un viñedo trepa por una ladera de la Ribeira Sacra, donde una avioneta no puede maniobrar con precisión, el dron sigue el perfil topográfico del terreno de forma autónoma.
Mapa topográfico realizado con las cámaras de los drones. DP
"Antes los agricultores alimentaban ganado y tuvieron que aprender a cambiar una bujía", resume Infantes. "Y desde también ver que tu vecino está haciéndolo y ver las ventajas, ayuda mucho". El paralelismo no es casual: en ambos casos, la tecnología no reemplaza al agricultor. Le libera de limitaciones.
El resultado es un doble ahorro: se usa menos agua y menos producto. Ángel Fernández añade una dimensión que suele quedar en segundo plano en este tipo de análisis: "Siempre nos centramos en lo económico, pero también a nivel ecológico el usar menos agua y menos productos fitosanitarios es un aspecto muy importante hoy en día".
La combinación de ambas capacidades -analizar y actuar- define lo que Infantes llama el ciclo completo de la agricultura de precisión. "El dron que aplica es el 80% de la agricultura de precisión. Pero lo que va a dar el último 20% de eficiencia va a ser el análisis".
En su visión, el futuro inmediato del sector pasa por generalizarlo: una vez que el agricultor comprueba que el dron de fumigación funciona, el siguiente paso natural es incorporar el análisis inteligente del cultivo para afinar aún más la aplicación.
Inversión: desde los 20.000 euros iniciales a más de 50.000
La pregunta del millón para cualquier agricultor o cooperativa es la rentabilidad. Según los expertos de Aerocámaras, las cifras se mueven en los siguientes rangos:
Inversión inicial básica: Entre 10.000 [icono] y 12.000 [icono] para un equipo de entrada que permita realizar labores esenciales.
Kit profesional completo: Para disponer de un servicio "más que digno" con logística completa (cargadores, baterías, furgoneta adaptada), la inversión media se sitúa entre los 20.000 [icono] y 25.000 [icono].
Equipos de alta gama: Para grandes explotaciones que requieren drones de 100 kg y máxima sofisticación, el coste puede alcanzar los 50.000 [icono].
Sin embargo, Infantes y Fernández insisten en que no es un gasto, sino una inversión con retorno a corto plazo. El ahorro en fitosanitarios (que puede rondar el 20-30%), la eliminación de las pérdidas por rodaduras del tractor y la detección temprana de enfermedades hacen que el equipo se amortice en pocas cosechas.
La fumigación es una de las funciones estrella, pero también están la teledetección y el análisis
Uno de los errores más comunes al hablar de drones en agricultura es reducirlos a la fumigación . Es la aplicación más visible -literalmente- pero es solo la mitad del sistema. La agricultura de precisión con drones opera en dos planos distintos.
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El primero es la aplicación: tratamientos fitosanitarios , dispersión de líquidos o sólidos, e incluso siembra en superficie. El segundo, menos conocido pero igual de transformador, es la teledetección y el análisis de datos: leer el estado del cultivo desde el aire antes de que los problemas sean visibles al ojo humano.
"Antes el satélite pasaba cada X días y, si había nubes, ahí la hemos fastidiado", explica Infantes. El dron resuelve esa limitación: puede volar en cualquier momento, con una resolución y precisión que el satélite no alcanza, y sin depender del cielo despejado. Equipado con sensores multiespectrales, detecta el estrés hídrico de una planta, la falta de nutrientes o el inicio de una infección fúngica antes de que sea perceptible sobre el terreno.
El agricultor que incorpora esta tecnología no solo actúa más rápido: actúa antes. Y eso tiene consecuencias directas en la productividad y en el consumo de insumos.
"El caldo (así se llama a la mezcla del fitosanitario con agua) es mucho más concentrado, por tanto la adhesión de la micropartícula a la hoja es superior", detalla Infantes. Las turbulencias generadas por las hélices también ayudan a que el producto llegue al envés de la hoja, donde la penetración con la pulverización convencional es más difícil.
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La versatilidad de los drones agrícolas es uno de sus grandes bazas. Más allá del viñedo, que concentra buena parte del foco en Galicia, el abanico de cultivos que pueden beneficiarse es amplio.
El caso más desarrollado en el noroeste es el de la vid . En zonas de pendiente como la Ribeira Sacra o los viñedos de las Rías Baixas, el dron resuelve el problema de acceso de la maquinaria y la imposibilidad de maniobra de las avionetas.
Los sensores detectan estrés hídrico y afecciones fúngicas antes de que sean visibles, lo que permite tratar zonas concretas en vez de aplicar producto en toda la superficie. Fernández añade una ventaja que sorprende a quien no la conoce: "En un viñedo en pendiente, descargar y subir la uva recolectada también se puede hacer con el dron agrícola. No es solo aplicación: también libera al trabajador del desplazamiento y evita tener un tractor muy especializado circulando entre los viñedos".
Por su parte, cultivos como el trigo o la cebada llegan a alturas que hacen imposible el paso del tractor en ciertos momentos del ciclo. "Acaba perdiendo un porcentaje de cultivo bastante elevado por el hecho de meter el tractor ahí dentro", apunta Infantes. Y añade el otro problema: "Detectar que hay una bacteria o un insecto que ha entrado por un lado del campo te permite aplicar fácilmente la solución en esa zona, de una manera muy localizada. Una persona es casi peligroso que entre ahí, porque te desorientas con facilidad".
Además, Aerocámaras ya trabaja con clientes del sector de los arándanos , confirma Fernández. La detección temprana de problemas fitosanitarios y el análisis periódico del estado de la plantación permiten ajustar los tratamientos con una precisión imposible por métodos convencionales.
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En cuanto a los olivares, explotaciones extensas con marcos amplios y terrenos irregulares son candidatas naturales al uso de drones de observación. El análisis del vigor del árbol y la detección de enfermedades en fases tempranas tienen impacto directo en la producción final.
Finalmente, uno de los ejemplos más claros para ilustrar la ventaja de la fumigación aérea es el maíz. Cuando el cultivo alcanza su altura máxima, ninguna máquina puede pasar sin destruir lo que pretende proteger. El dron actúa desde arriba, sin contacto con el cultivo, y aplica el producto exactamente donde hace falta.
En todos los casos, la clave es la misma: información antes de actuar y acción donde y cuando se necesita. "El dron, junto con algunos sensores en tierra, permite optimizar todo de una forma excelente", resume Infantes. "Permite conocer a través de índices qué necesita ese cultivo o esa planta en un momento determinado. Y eso, con la facilidad que te permite aplicar el producto sin necesidad de meter el tractor en el campo, es una maravilla".