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La economía después de Putin

16/03/2022
En: lavanguardia.com
Digital
La primera guerra económica mundial estalló el 24 de febrero del 2022 con la invasión de Ucrania por Rusia y Vladimir Putin la está perdiendo. Esto está repercutiendo de forma directa en el campo de batalla, y lo que inicialmente iba a ser una operación relámpago se está convirtiendo en una guerra de desgaste de larga duración. Ésta es la razón por la que el presidente de Rusia ha declarado que las sanciones económicas "equivalen a una declaración de guerra por parte de Occidente". Reconoce públicamente que están hundiendo la economía de su país como nunca antes había sucedido. En la medida en que el armamento no puede utilizarse hasta sus últimas consecuencias ante la amenaza nuclear, el campo de batalla en el que se está librando el enfrentamiento es la economía. Se trata de una guerra mundial económica como nunca antes se había producido a causa de la globalización. Todos los países sin excepción están afectados. Hasta a un pequeño horno de cocer pan en una aldea de india se le ha duplicado el precio de la harina y teme que empiece a escasear. Ucrania y Rusia representan el 32% de la producción de trigo y el 18% de maíz. Pero no son solo los cereales y los productos energéticos los que están afectados, sino todas las materias primas, igual que los fertilizantes, el transporte de mercancías o el comercio internacional. Por no hablar de las finanzas, la tecnología y la ciberseguridad. Es decir, todos, absolutamente todos los elementos de la cadena de producción que forman parte de nuestra economía actual. En un abrir y cerrar de ojos, todo ha saltado por los aires y esto es solo el inicio. Lee también Rusia y Ucrania deprimen sus economías por la guerra Piergiorgio M. Sandri Estamos ante un shock de oferta como nunca antes se había producido. El antecedente más cercano es la crisis petrolera de los años 70, con la diferencia de que aquello solo afectó al petróleo. Por primera vez los países árabes utilizaron el crudo como arma de guerra para doblegar a Occidente, provocando una ola inflacionista que desembocó en una estanflación que se tradujo en pobreza y paro. La situación actual es aún más grave, ya que afecta a todos los ámbitos económicos y podría producir desabastecimiento y hambre en amplias zonas del planeta si la situación se prolonga. Estamos en una auténtica encrucijada, porque como dice el profesor Ignacio Conde Ruiz, de Fedea, o imponemos sanciones y prohibimos el comercio con Rusia con el consiguiente aumento de precios, paro y menor crecimiento o permitimos el comercio y financiamos la guerra a Rusia. Solo con las exportaciones de gas y petróleo, Putin ingresa todos los días 700 millones de euros que son los que necesita para financiar su invasión. El presidente de EE.UU., Joe Biden, y el del Reino Unido, Boris Johnson, ya han tomado la decisión de prohibir toda actividad comercial con Rusia. No solo gas y petróleo, han sacado a la mayoría de bancos rusos del sistema Swift, que agrupa a 11.000 entidades de todo el mundo, lo que dificultará enormemente la importación y exportación de cualquier producto. Alemania se resiste, pero la presión es muy fuerte. También las principales multinacionales han abandonado Moscú y han comenzado a cerrar sus delegaciones, desde las hamburguesas de McDonald's, hasta las tiendas de Zara, pasando por los componentes informáticos de HP. El problema comienza ahora, cuando estas empresas dejen de prestar servicios a sus clientes, por lo que el sistema tecnológico puede venirse abajo. Consciente de lo que se le viene encima, Putin ha anunciado su disposición a nacionalizar los activos de las empresas que han suspendido sus operaciones en el país. Estas empresas pasarían a ser gestionadas y dirigidas por rusos o expertos de otros países amigos como China o India. Lee también Las empresas dicen adiós a Rusia, aunque sin renunciar al mañana Lalo Agustina También se ha dejado abierta la posibilidad de hacer una suspensión de pagos, un default . Esto supondría que las principales empresas de Occidente dejarían de cobrar sus deudas. Este corte de pelo provocaría una catástrofe en las finanzas mundiales. Los dirigentes rusos dicen estar dispuestos a defenderse y si Occidente hunde su economía, morirán matando. Tienen 6.000 cabezas nucleares para respaldar su órdago. En apenas dos semanas el mundo ha pasado de un comercio global a una economía de bloques. Rusia, que era el principal granero y suministrador de energía y materias primas de Europa a cambio de capital y tecnología, ha girado 180 grados. Berlín ya no es su socio preferente, ahora es Pekín. Esto supone que de no resolverse la situación en el medio y corto plazo Europa estará condenada a convertirse en un país muy dependiente del bloque norteamericano. Cada vez son más quienes dicen que Putin puede perder la guerra, tanto en el campo de batalla como en el terreno económico. Si decide poner fin al conflicto ahora sería una derrota con consecuencias menos graves para todos. Como decía el general prusiano Clausewitz, una retirada a tiempo es una victoria. Pero no parece probable que lo acepte, en la tradición rusa la pérdida de una guerra no se le perdona ni al zar. Lo peor es la posguerra Quienes vivieron la guerra civil española aseguran que la posguerra fue aún más dura que la guerra. Hubo más odio, más hambre y más muertos. Por tanto, en el hipotético caso en que se llegase a un alto el fuego y se firmase un armisticio entre Rusia y Ucrania, no se resolverían las consecuencias que está provocando esta primera guerra mundial económica. Ucrania se puede reconstruir con un nuevo plan Marshall. El problema es cómo se supera una economía de bloques cuando la memoria histórica del odio y el rencor impide cualquier acercamiento entre las partes. La reconciliación para alcanzar la normalización tardará mucho tiempo.
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