Desde esta amplia experiencia, analiza en esta entrevista la evolución del territorio, los cambios sociales y económicos y los principales retos a los que se enfrentan hoy los pequeños municipios en su área de actuación: Bajo Aragón y Matarraña. -Después de tantos años vinculado al grupo, ¿qué imagen te queda de aquellos primeros años en los que comenzaste a trabajar en el territorio? Lo que más me llamó la atención fue la implicación de la gente. Ya conocía el entorno porque con la llegada a Omezyma volví a mi pueblo, pero me sorprendió ver tantas ganas de participar en los primeros programas Leader. Había una sensación de oportunidad y de trabajo colectivo muy potente, algo que marcó mucho aquella etapa inicial. -Así pues, con la perspectiva de más de dos décadas, ¿qué transformaciones destacarías en la zona? Ha habido una evolución importante. El territorio ha ganado confianza en sí mismo y se ha consolidado la idea de que es posible vivir y emprender aquí. También ha mejorado la organización institucional con la creación de las comarcas. En el lado menos positivo, la burocracia se ha convertido en un obstáculo cada vez mayor. -¿Qué supone para ti entonces ver que el trabajo realizado va dando resultados? Ver que los proyectos salen adelante y que la gente joven decide quedarse o volver a los pueblos es lo que da sentido a todo el trabajo. También cuando llegan nuevas familias con ilusión por emprender aquí. -Si tuvieras que describir la estructura económica actual de estas comarcas, ¿cuáles serían sus rasgos principales? Es una economía bastante diversificada, con presencia de industria, agricultura, ganadería y servicios. Pero el peso recae sobre todo en pequeñas empresas, autónomos y cooperativas. Mientras, el sector agroalimentario y el turismo en el Matarraña siguen siendo claves, junto al papel de cabeceras como Alcañiz o Valderrobres. -En ese contexto, ¿qué papel juegan hoy las zonas más turísticas dentro del equilibrio del territorio? Son importantes porque generan actividad económica y ayudan a mantener servicios, pero también crean cierta presión. En lugares con mucha demanda turística, como algunos municipios del Matarraña, la vivienda se encarece y se complica el acceso para la población joven. Es un equilibrio delicado entre aprovechar el turismo y mantener el territorio vivo para quienes quieren residir de forma permanente. Sin duda, la vivienda es el mayor problema que encontramos actualmente, hay oportunidades laborales, pero falta oferta. Para afrontarlo, se apoyan proyectos de rehabilitación, pero son ayudas limitadas y no llegan a cubrir las necesidades existentes. -¿Qué otras líneas de trabajo estás entonces priorizando? Nos centramos en apoyar proyectos, especialmente en pueblos más pequeños, además de impulsar la agroalimentación, la rehabilitación de patrimonio y la eficiencia energética. También priorizamos la rehabilitación de espacios en desuso, como masías, naves, granjas, etc. -¿Qué previsiones tenéis para el próximo año? El 2025 ha sido un año muy activo, con muchas solicitudes y prácticamente hemos conseguido que el presupuesto disponible quede ejecutado en su totalidad. Incluso hubo más demanda de la que se pudo atender, lo que refleja que hay interés por emprender en el medio rural y esperamos que así continúe. -¿Qué papel debería tener Omezyma en el futuro dentro del territorio? Seguir siendo una referencia para quienes quieran emprender, ser un punto de apoyo y orientación. Es fundamental que en el próximo periodo 2028-2035, LEADER se refuerce para impulsar la cooperación y porque para los pequeños proyectos son la única vía de financiación. Reviscolar, el proyecto que pone el foco en impulsar la cultura como motor de desarrollo En un contexto en el que el medio rural busca herramientas para frenar la despoblación, la cultura se consolida como un motor de transformación social. Bajo esta premisa nace Reviscolar, una iniciativa que reúne a seis Grupos de Acción Local (GAL) de tres provincias para diseñar una política cultural compartida que sitúe los derechos culturales en el centro del desarrollo rural. Estos grupos son Omezyma y Agujama, en la provincia de Teruel; CIS Ribera d'Ebre-Terra Alta y Cobedem, en Tarragona; y Altmaesports y Maestrat Plana Alta Leader, en Castellón. Todos ellos trabajan conjuntamente para reforzar el sector cultural local mediante la profesionalización y la generación de empleo, poner en valor el patrimonio común a través de lenguajes contemporáneos, reducir la brecha digital incorporando las TIC a la cultura y utilizar la práctica artística como herramienta transversal para dinamizar el territorio. Actualmente, el proyecto se encuentra en su primera fase de prospección y fortalecimiento, con el apoyo del Ministerio de Cultura. La tarea principal es la elaboración de un mapeo cultural, en colaboración con la Asociación Lo Col·lectiu, para identificar agentes locales y detectar necesidades. Este diagnóstico se plasmará en junio de 2026 en una plataforma web abierta, concebida como directorio y base para la creación de redes y programaciones compartidas. De cara a 2027 y 2028, el proyecto prevé el despliegue de bolsas de ayuda, acciones formativas y proyectos estratégicos orientados a resolver retos territoriales. El objetivo final es consolidar un modelo de gobernanza participativa en el que la población del medio rural sea protagonista activa en la gestión de su propia cultura. El proyecto también cuenta con la colaboración de la Fundación Gabeiras, la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) y el Ministerio de Cultura.