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Jaén elevará 5.150 paneles sobre un olivar para producir electricidad

27/10/2026
En: elconfidencialdigital.com
Digital
Acesur y Greening proyectan en Vilches una instalación agrivoltaica con más de 5.150 paneles solares sobre un olivar , sin arrancar los árboles y con las estructuras situadas a más de cuatro metros de altura. El sistema tendrá una potencia prevista de 3,65 MWp, incorporará baterías de 3 MWh y destinará la electricidad principalmente a una fábrica de aceite. Según publicó EcoInventos , el proyecto cuenta con 2,8 millones de euros de ayuda del Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE), aunque todavía no se ha confirmado públicamente que todos los módulos estén instalados y operativos. La iniciativa plantea compartir una misma superficie entre la producción de aceitunas y la generación de electricidad. No se trata de sustituir el cultivo por una planta solar convencional, sino de colocar los módulos por encima del olivar para mantener las labores agrícolas bajo las estructuras. La propuesta se sitúa junto a una instalación industrial de Acesur en Vilches, municipio de la provincia de Jaén, y concentra la energía en el autoconsumo de la fábrica. El proyecto fue anunciado por Acesur en abril de 2026 y posteriormente Greening difundió sus características técnicas. La configuración comunicada contempla la conservación del 100 % de los árboles de la explotación, el acceso de trabajadores y maquinaria agrícola y un sistema de almacenamiento para utilizar parte de la producción solar cuando los paneles no estén generando electricidad. La fase decisiva será comprobar el funcionamiento real del conjunto y su compatibilidad con el rendimiento del olivar. La agrivoltaica, denominada también olivoltaica cuando se aplica al cultivo del olivo, parte de una idea sencilla: una parcela puede seguir produciendo alimentos mientras genera energía renovable. La dificultad aparece en el diseño. La altura de los módulos, la separación entre estructuras, su orientación y la sombra proyectada deben ajustarse a las necesidades de los árboles y a las operaciones del campo. En Vilches, las estructuras superarán los cuatro metros. Esa cota permitirá el paso de trabajadores y maquinaria, además de facilitar tareas como la poda, los tratamientos agrícolas y la recolección de aceitunas. El planteamiento busca que los paneles no conviertan la infraestructura energética en un obstáculo permanente para el manejo de la explotación. El sistema funcionará mediante tres elementos conectados. Los módulos captarán la radiación solar y la transformarán en electricidad; el olivar continuará bajo las estructuras; y las baterías guardarán parte de la energía para utilizarla después. La electricidad se dirigirá principalmente a la fábrica de aceite, donde puede emplearse en procesos de transformación, almacenamiento, envasado y otras operaciones industriales. La solución se diferencia de un parque fotovoltaico convencional porque el terreno no queda dedicado exclusivamente a generar electricidad. En una instalación tradicional, la disposición de los módulos suele buscar la producción solar; en la olivoltaica, el diseño tiene que mantener también las condiciones necesarias para el cultivo. Esa exigencia puede limitar la densidad de los paneles y elevar la complejidad constructiva. La sombra parcial es uno de los aspectos que todavía deben medirse en la instalación de Vilches. En zonas mediterráneas como Andalucía, una menor exposición directa podría reducir la temperatura superficial del suelo y limitar parte de la evaporación. También podría ayudar a conservar la humedad disponible durante determinados periodos de calor, aunque esos efectos no pueden darse por demostrados para este proyecto. El equilibrio agronómico será determinante. El olivo necesita radiación solar para sus procesos fisiológicos, la floración y la producción de aceitunas. Una reducción excesiva de la luz podría perjudicar el cultivo, por lo que la instalación deberá demostrar que la producción eléctrica no se consigue a costa del rendimiento agrícola. La compatibilidad entre ambos usos tendrá que medirse sobre el terreno, no solo en la fase de diseño. La Universidad de Jaén participa en el desarrollo de esta línea tecnológica y cuenta con experiencias vinculadas a la integración de energía fotovoltaica y agricultura. Entre ellas figura una instalación piloto de olivoltaica en Navas de San Juan, también en la provincia de Jaén. Estos ensayos permiten observar cómo responden los olivos cuando cambia la radiación que reciben y qué ajustes necesita la infraestructura para convivir con las labores agrícolas. Las mediciones tendrán que atender a variables agrícolas y energéticas. La respuesta de los árboles, la humedad del suelo, la temperatura, la producción de aceitunas y el rendimiento de los paneles forman parte de los datos que pueden determinar la viabilidad del modelo. Las condiciones climáticas, la orientación de la parcela y el sistema de cultivo también influyen en el resultado, por lo que una experiencia no permite trasladar automáticamente sus conclusiones a todas las explotaciones. El almacenamiento previsto alcanza los 3 MWh, equivalentes a 3.000 kWh de capacidad nominal. Su función será guardar parte de la electricidad generada durante las horas de mayor radiación y ponerla a disposición de la fábrica en otros momentos. La autonomía efectiva dependerá de las pérdidas energéticas, los límites de descarga y las características técnicas del sistema. La batería no convierte la fábrica en una instalación desconectada de la red. Su papel será mejorar la gestión del autoconsumo y aumentar la cantidad de electricidad solar utilizada directamente en la planta. Para una industria cuyo consumo no siempre coincide con las horas de máxima producción fotovoltaica, disponer de almacenamiento puede aportar mayor flexibilidad energética. La escala anunciada también plantea retos técnicos. Las estructuras elevadas tendrán que soportar el peso de los módulos, resistir las cargas del viento y mantener la estabilidad a una altura superior a la habitual en instalaciones solares sobre suelo. Además, deberán permitir una circulación segura de la maquinaria y facilitar las labores de mantenimiento sin interrumpir el trabajo agrícola. Esas exigencias pueden aumentar la inversión frente a una planta fotovoltaica convencional instalada a menor altura. La rentabilidad dependerá de varios factores que todavía deben comprobarse en la operación: el coste de construcción, la electricidad producida, el rendimiento del olivar y los gastos de mantenimiento. También será necesario valorar el comportamiento de las baterías y el porcentaje de energía que la fábrica pueda consumir directamente. El proyecto dispone de 2,8 millones de euros de financiación pública concedida por el IDAE. La ayuda respalda una actuación que combina generación renovable, almacenamiento y actividad agrícola en una misma explotación. En el sector oleícola, el interés reside en que parte de la superficie asociada al cultivo puede contribuir también al suministro eléctrico de las instalaciones industriales. La producción solar podría reducir la compra de electricidad de la red en determinados periodos, pero el efecto económico final dependerá del funcionamiento del sistema y de sus costes. Del mismo modo, cualquier valoración ambiental tendrá que considerar no solo la electricidad generada, sino también la fabricación de los paneles, las estructuras, las baterías y el resto de componentes. La experiencia de Vilches se plantea así como una prueba para una tecnología que intenta reducir la competencia entre suelo agrícola y suelo energético. Su interés no reside únicamente en la cifra de paneles, sino en demostrar si una explotación puede mantener los olivos, producir aceitunas y abastecer parcialmente a una fábrica sin separar ambos usos. La realidad es que el proyecto ya tiene definida una configuración de más de 5.150 módulos, 3,65 MWp de potencia, estructuras de más de cuatro metros y baterías de 3 MWh, pero sus resultados agrícolas y energéticos aún deben verificarse. La puesta en servicio completa, el consumo real de la fábrica y el efecto sobre los olivos serán los datos que determinen si la olivoltaica puede extenderse a otras explotaciones mediterráneas.
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