El Ayuntamiento de Barcelona ha confirmado que en las guarderías municipales no se sirve carne de cerdo ni sus derivados, con el argumento de ofrecer una alimentación «más inclusiva y adaptada a las realidades diversas» de los alumnos, lo que ha provocado una oleada de críticas políticas y ciudadanas. La medida afecta a los niños de 0 a 3 años escolarizados en las guarderías de titularidad municipal y se ampara en la instrucción sobre diversidad alimentaria de los comedores educativos. La decisión del consistorio En la propia web municipal se detalla que «en las guarderías no se consume carne de cerdo ni derivados», una mención que ha pasado a primer plano tras ser difundida en redes sociales por la exdiputada Sonia Sierra. S ierra preguntó públicamente por qué no se sirve cerdo en las escuelas infantiles y adjuntó la página del Ayuntamiento donde se explicita esta exclusión. A raíz de la consulta de otra usuaria, el Instituto Municipal de Educación respondió por escrito: «no ofrecemos carne de cerdo en nuestros menús para poder proporcionar una alimentación más inclusiva y adaptada a las realidades diversas de los alumnos», y precisó que se trata de «motivos culturales y religiosos». El Consistorio encuadra esta política en la Instrucción sobre la diversidad alimentaria en los centros educativos de la ciudad, que orienta los menús de los comedores públicos. La contestación oficial, sin embargo, ha avivado la indignación de parte de las familias , que consideran contradictorio hablar de inclusión mientras se excluyen alimentos tradicionales consumidos por la mayoría. Comentarios compartidos en redes y foros acusan al Ayuntamiento de «vendese al islam», «cargarse el sector cárnico» o «discriminar» a los niños sin restricciones religiosas. Críticas del PP: «ataque al sector cárnico» El líder del Partido Popular en Barcelona, Daniel Sirera , ha denunciado que la eliminación del cerdo de los menús de las guarderías supone «un ataque al sector cárnico» , una industria que Cataluña lidera a nivel nacional con más de 3.600 millones de euros en ventas y más de 21.000 empleos solo en la comunidad. Sirera sostiene que el Ayuntamiento está perjudicando a un sector estratégico para el campo y para la economía productiva catalana, en un contexto ya difícil para agricultores y ganaderos. «El PSC no apoya al campo, ni respeta nuestra economía ni nuestras tradiciones» , ha afirmado, acusando al Gobierno de Jaume Collboni de anteponer la presión ideológica a la defensa de la cultura gastronómica propia y del tejido productivo vinculado al porcino. Desde el PP se sitúa este episodio dentro de una tendencia más amplia de «desconexión» del socialismo catalán respecto a la España rural y sus tradiciones. Vox acusa de «imposición» y «entrega al islam» Desde Vox, el tono ha sido aún más contundente. El presidente del partido en Cataluña, Ignacio Garriga, ha criticado en X que «primero pidieron menús halal para sus hijos» y «ahora se lo imponen a los nuestros», en referencia a la retirada del cerdo en las guarderías municipales. En el mismo mensaje, advierte de que «quien no quiera adaptarse» a las costumbres de aquí tiene «más de 40 países de mayoría islámica donde mudarse». «Esto es Barcelona, no Barshiluna, aunque al PSOE le moleste», remacha Garriga, vinculando la decisión con lo que considera una progresiva islamización de las políticas públicas y del espacio educativo . El dirigente de Vox ya ha protagonizado otras polémicas por advertir de que Cataluña debe seguir siendo «Cataluña, no Marruecos ni Argelia», por lo que la exclusión del cerdo encaja en su denuncia de un cambio cultural acelerado. En el ámbito municipal, el portavoz de Vox en el Ayuntamiento, Gonzalo de Oro, acusa directamente al alcalde Jaume Collboni y a la izquierda barcelonesa de estar «completamente entregados al islam». «Lo normal es que cuando alguien va a vivir a otro lugar se adapte a las costumbres y tradiciones del lugar al que va, pero lo que pretende hacer la izquierda barcelonesa y el alcalde Collboni es que nosotros nos adaptemos a las costumbres de los que han venido», sostiene. De Oro rechaza «normalizar» la prohibición de la carne de cerdo en las guarderías, las guías de Ramadán en centros educativos, los menús halal obligatorios y los iftar comunitarios en la vía pública, que ve como pasos sucesivos de una misma agenda. «Estamos en Europa, en España, en Cataluña, en Barcelona; nuestra tradición es la que es y la tenemos que proteger a toda costa porque poco a poco nos lo van imponiendo hasta que lo van normalizando», advierte. Un debate que trasciende los menús La controversia por los menús sin cerdo en las guarderías de Barcelona se suma a otros focos de tensión en Cataluña sobre diversidad religiosa y presencia del islam en la escuela y en la calle. Vox ha denunciado que en el distrito de Sant Martí más del 80% de los centros públicos ofrecen menú halal o sin cerd o, mientras no se contempla un trato equivalente para la tradición cristiana en tiempos como la Cuaresma. Mientras el Ayuntamiento defiende la medida como una forma de respeto a la pluralidad cultural y religiosa, las críticas señalan una deriva que, en la práctica, desplaza costumbres y símbolos propios -desde el consumo de cerdo hasta los belenes o las felicitaciones de Navidad- e n favor de una sola sensibilidad religiosa . El conflicto entre la llamada «alimentación inclusiva» y la protección de las tradiciones españolas y catalanas se consolida así como uno de los frentes de la batalla cultural en las primeras etapas del sistema educativo.