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Apoyo para la gestión de la interfaz agrícola-forestal

01/09/2026
En: deia.eus
Digital
Las administraciones públicas y los programas de desarrollo rural tienen la oportunidad de transformar estas zonas en auténticos territorios resilientes mediante medidas de apoyo que favorezcan la gestión activa del paisaje. La interfaz agrícola-forestal es el área donde cultivos, explotaciones ganaderas y masas forestales interactúan. Cuando esta transición se gestiona adecuadamente, se convierte en una barrera natural frente a los incendios, mejora la conectividad ecológica y genera oportunidades económicas para el medio rural. El problema surge cuando el abandono agrícola, la acumulación de biomasa y la falta de gestión favorecen la continuidad del combustible, incrementando el riesgo de incendios de alta intensidad y reduciendo la rentabilidad de las explotaciones. Por ello, las políticas públicas deben evolucionar desde actuaciones puntuales hacia estrategias de gestión integral del territorio. Una política eficaz debe contemplar incentivos económicos, asistencia técnica y simplificación administrativa para facilitar la gestión activa de estas zonas. Entre las actuaciones prioritarias destacan: -Ayudas para el desbroce y mantenimiento preventivo del combustible vegetal. -Investigación y apoyo para la producción de biochar para enmienda del suelo. -Incentivos para recuperar parcelas agrícolas abandonadas. -Apoyo a la implantación de sistemas agroforestales. -Fomento del silvopastoreo y la ganadería extensiva como herramientas de prevención. -Financiación de infraestructuras verdes, como caminos rurales, puntos de agua y áreas estratégicas de gestión del combustible. -Subvenciones para la valorización de biomasa agrícola y forestal. -Asesoramiento técnico permanente a través de servicios especializados. Estas medidas no deben considerarse un gasto, sino una inversión en adaptación al cambio climático y reducción de riesgos. La transformación digital ofrece herramientas cada vez más accesibles para mejorar la gestión de la interfaz agrícola-forestal. El uso de drones, imágenes satelitales, sensores ambientales e inteligencia artificial permite monitorizar el crecimiento de la vegetación, detectar situaciones de riesgo y planificar intervenciones con mayor precisión. Al mismo tiempo, la bioeconomía circular abre nuevas oportunidades para convertir los restos agrícolas y forestales en recursos con valor añadido, como biomasa energética, biochar, compost o materiales biobasados. La innovación debe ir acompañada de programas de transferencia tecnológica que acerquen estas soluciones a agricultores, ganaderos, propietarios forestales y entidades locales. La gestión de la interfaz agrícola-forestal requiere una coordinación efectiva entre administraciones, propietarios, cooperativas, comunidades de regantes, organizaciones agrarias y servicios de prevención de incendios. La creación de agrupaciones de gestión conjunta, bancos de tierras, contratos territoriales y proyectos de custodia del territorio puede facilitar una gestión más eficiente y reducir la fragmentación de la propiedad, uno de los principales obstáculos en muchas regiones. Asimismo, es fundamental integrar estas actuaciones en los instrumentos de planificación territorial, forestal y agraria para asegurar una respuesta coherente y sostenida en el tiempo. Las medidas de apoyo a la interfaz agrícola-forestal no solo contribuyen a prevenir incendios. También generan empleo, favorecen el relevo generacional, impulsan la diversificación económica, mejoran el estado de conservación de los ecosistemas y fortalecen la resiliencia de las comunidades rurales. En este contexto, la Política Agraria Común (PAC), el sistema de innovación y conocimiento agrario (AKIS), los fondos FEADER y los programas autonómicos representan una oportunidad para impulsar proyectos que integren producción agraria, gestión forestal y conservación ambiental. El futuro de la interfaz agrícola-forestal pasa por abandonar un enfoque exclusivamente reactivo y avanzar hacia una gestión preventiva, integrada y multifuncional del territorio. Las medidas de apoyo deben orientarse a incentivar la actividad económica compatible con la conservación, promover la innovación y reforzar la colaboración entre todos los actores implicados. Invertir en la interfaz agrícola-forestal es invertir en paisajes más resilientes, explotaciones más competitivas y territorios mejor preparados frente a los desafíos del cambio climático. Convertir estas zonas de transición en espacios de oportunidad es una de las estrategias más eficaces para garantizar un medio rural vivo, seguro y sostenible.
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