Vinos nacidos entre piedras

13/12/2019
En: levante-emv.com
Digital
vicente morcillo 13.12.2019 | 04:15 Vinos nacidos entre piedras Vinos nacidos entre piedras Casa Los Frailes toma su nombre de los frailes jesuitas que la habitaron entre los siglos XVII y XVIII. En 1771 la familia Velázquez adquirió en pública subasta la finca, y desde entonces han sido estos quienes han preservado un patrimonio vitivinícola enclavado en uno de los parajes más bellos de la Comunitat Valenciana, en pleno valle dels Alforíns. Los jesuitas ya elaboraban vino en esta casa de campo, y todavía hoy los Velázquez utilizan las viejas tinajas y lagares de hormigón que los monjes empleaban para convertir la uva en vino. De las 162 hectáreas que componen el pago 130 son de viñedo -cultivado bajo pautas biodinámicas-, y el resto se dibuja con paisajes de almendros, olivos y bosque mediterráneo que brotan sobre un terreno calizo, poco evolucionado, cercano a la roca madre y en riguroso secano; un clima Mediterráneo continentalizado por la altitud de la montaña dolomita a 700 metros. Miguel Velázquez representa a la 13ª generación de la familia. Suya es la responsabilidad de una colación de vinos que con el paso del tiempo se ha ido perfilando con la idea de reflejar la esencia del terruño y de reivindicar el papel de una de las uvas clásicas en esta zona, la Monastrell, pero también de otros varietales como la Garnacha Tintorera. Vinos como Bilogía, Trilogía, 1771 o La Danza de la Moma le han situado entre las bodegas más comprometidas con la calidad y la singularidad, pero Miguel buscaba trasladar a cada botella las peculiaridades de cada uno de los suelos que componen la finca. Se trata de vinos de parcelas singulares que expresan el terruño y que se clasifican en función del tipo de suelo en el que nacen. La trilogía de Los Frailes se compone de tres vinos tintos, uno por cada tipo de suelo de las parcelas mas singulares de la finca. Los Frailes Caliza es un vino de Monastrell cuyas cepas crecen en el terreno calcáreo (rendzina) más pobre de la finca, en la parcela La parada de los tordos. Otro de los vinos, Los Frailes Dolomitas, es un Monastrell de la parcela que le da nombre, a 700 metros sobre el nivel del mar, con suelos poco profundos, muy pedregosos y enriquecidos en magnesio donde las raices de la viña apenas bajan 60 centímetros hasta toparse con la roca madre. El otro tinto que completa la trilogía, Los Frailes Rubificado, es un vino hecho con las uvas de Garnacha Tintorera de la parcela Casa de los Aperos, de suelos calcáreos muy ricos en hierro que a través de la acumulación de oxido va rubificando la superficie confiriendo su color rojo-rubí. Tres vinos que hablan de tradición y uvas autóctonas, pero también vinos que nacen de entre las piedras.
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