La pequeña Denominación de Origen Priorat, con tan solo 2.166 hectáreas de viñedo en producción, según datos del Consejo Regulador, la inmensa mayoría variedades tintas, ha adquirido fama mundial por sus extraordinarios vinos, fruto de un terroir excepcional que modela uno de los paisajes vitícolas más espectaculares y atractivos de Europa. Su accidentada orografía, un laberinto de colinas donde el terreno se desliza en estratos fascinantes formando bancales ( costers ) donde se aferran las cepas asomadas al vacío, está conformada por las estribaciones de la Sierra de Montsant tapizada de pequeñas parcelas con viñedos que llegan hasta casi los 1.000 metros de altura. Es el reino de la pizarra o llicorella, suelo que sustenta el fuerte carácter y la singularidad de sus vinos de terruño con vocación de grandeza, incluso desde su insignificancia numérica. Pocas zonas vitivinícolas reúnen en tan pequeño espacio la conjunción de factores climáticos, edafológicos y ampelográficos. Era solo cuestión de tiempo para que viticultores audaces, respaldados por la pericia de enólogos amantes del riesgo, exploraran el potencial de los vinos blancos basados principalmente en la variedad garnacha blanca. Estos vinos, menos conocidos, pero igualmente grandiosos, hablan de tú a tú, sin complejos, a los grandes tintos. Se trata de vinos habitualmente fermentados en roble francés y posteriormente criados con sus lías finas, al estilo borgoñón. Suelen estar elaborados con viejas garnachas blancas, solas o en compañía de otras variedades blancas nobles, lo que permite aunar complejidad y finura, potencia y sutileza, virtudes donde se refleja el carácter distintivo de los vinos escritos en la pizarra del Priorat. Estas seis propuestas son una excelente alternativa blanca a los soberbios tintos del Priorat.