Los agricultores prefieren destruir sus cosechas en lugar de donarlas: esta es la razón

26/06/2026
En: periodistadigital.com
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No se trata de un capricho ni de un impulso momentáneo: es el resultado de una mezcla explosiva de precios en origen que caen a plomo, costos que se disparan, burocracia y competencia internacional. El sector agrícola atraviesa una crisis que muchos productores definen como ruina La paradoja es evidente: mientras los consumidores ven cómo se incrementa el precio de la cesta de la compra, los agricultores reciben menos que nunca por sus productos. En medio de este escenario, una cadena de intermediación y unas reglas del juego que, en la actualidad, les empujan más a destruir que a regalar. Vender por debajo del coste es ilegal, regalar también Un aspecto crucial a menudo pasa desapercibido en el debate público: en España , está prohibido vender por debajo del coste de producción. Esta norma es uno de los pilares fundamentales de la Ley de la Cadena Alimentaria , reformada en 2021 para evitar la conocida "venta a pérdidas". Es decir, si un agricultor acepta un precio que no cubre sus costes, está cometiendo una infracción legal. Pero además, si opta por regalar su cosecha para evitar pérdidas, podría estar incurriendo también en un caso de competencia desleal y venta a pérdidas encubierta. Diablo IV: Lord of Hatred ¿Es tan buena la nueva expansión de Diablo 4? Descúbrelo en este Gameplay En una reciente declaración hecha por un productor andaluz y recogida por por El Debate se resume así el dilema: «hay una ley que dice que está prohibido vender por debajo del coste; por lo tanto, regalar una producción es ilegal» . En otras palabras, la alternativa legalmente segura no es "regalar", sino simplemente no recolectar o destruir el producto. Por si fuera poco, la diferencia económica entre recoger o no puede ser abismal. Un informe sobre costos en cítricos mencionado por ese mismo medio estima que, en el caso de la mandarina, decidir recolectar o dejarla en el árbol puede implicar unos 3.700 euros menos por hectárea. Cuando el precio en origen no apenas cubre ni los gastos del equipo y el transporte, las cuentas son claras: trabajar más significa perder más. Cebollas, patatas, sandías y tomates: abundancia con el mismo problema Lo que sucede con las cebollas se ha convertido en un símbolo representativo de esta crisis. Agricultores españoles han comenzado a triturar cebollas en sus campos mientras que en las tiendas se pagan casi 2 euros por kilo. El Índice de Precios en Origen y Destino (IPOD) revela diferencias alarmantes que alcanzan hasta un 400-500 % entre lo que recibe el productor y lo que paga el consumidor. Algunos datos recientes son reveladores: Cebolla : aproximadamente 0,35 [icono]/kg en origen; cerca de 1,85-2,16 [icono]/kg en el supermercado, con incrementos superiores al 13 % interanual. Patata : el agricultor percibe alrededor de 0,40 [icono]/kg mientras el consumidor desembolsa cerca de 1,98 [icono]/kg. Sandía y tomate : los productores denuncian precios tan bajos que ni siquiera cubren los costos de recolección; sin embargo, al consumidor final le resulta caro. El patrón se repite: Los costos del combustible, fertilizantes y fitosanitarios están al alza, agravados además por tensiones geopolíticas como el cierre del Estrecho de Ormuz. La normativa europea ha reducido la disponibilidad de materias activas para fitosanitarios lo cual disminuye rendimientos y encarece el control contra plagas. La sobreoferta en ciertos cultivos a nivel europeo ha hundido precios en origen; esto sucede con la cebolla. Con estas variables cruzándose entre sí, los agricultores terminan trabajando por debajo del umbral necesario para ser rentables. En este contexto complicado, dejar caer el producto al suelo o destruirlo se convierte en una opción drástica pero efectiva para detener las pérdidas. Un extenso reportaje publicado en un medio especializado sobre agricultura detalla cómo las cebollas , patatas, sandías y tomates acaban desperdiciándose rápidamente. Y todo ello responde a una lógica estrictamente económica y legal; no es cuestión del mal carácter del agricultor. La ruina del campo español: burocracia desde Bruselas y competencia externa La crisis va más allá de una simple mala campaña. Los agricultores hablan ya de un modelo insostenible que les lleva a la ruina. Hay tres frentes principales: Burocracia y normativa europea Más trámites administrativos, mayores requisitos ambientales y controles más estrictos sin compensaciones claras a nivel económico. Disminución drástica de materias activas autorizadas para fitosanitarios; esto reduce rendimientos e incrementa costos para tratamientos. Recortes y reorientación hacia ayudas dentro de la PAC son percibidos como insuficientes para mantener pequeñas y medianas explotaciones agrícolas. Competencia desleal proveniente de terceros países Marruecos ha emergido como un competidor clave especialmente en el mercado del tomate La propia Unión Europea reconoce que la producción marroquí afecta más negativamente a la competitividad del tomate canario que las ayudas otorgadas al sector europeo. Marruecos cuenta con acuerdos preferenciales sin aranceles; además sus costos laborales y relacionados con agua y fitosanitarios son notablemente inferiores. En la campaña 2024/2025 Marruecos superó a España como segundo proveedor europeo de tomate: 568.371 toneladas frente a 522.521 toneladas españolas. Desajuste dentro de la cadena de valor El precio se eleva considerablemente desde los campos hasta los estantes del supermercado; sin embargo ese margen no llega al productor. Los agricultores afirman que tanto la industria como la distribución aprovechan la naturaleza perecedera del producto para presionar hacia abajo los precios pagados al productor. «Luego vas a un supermercado o una tienda y los tomates están carísimos», resumía un agricultor andaluz cuando explicaba su negativa a recoger su cosecha si implica pérdidas económicas. Las últimas semanas han visto tractoradas y manifestaciones organizadas por agricultores ganaderos repetirse en varias ciudades españolas. Ellos protestan contra lo que consideran "burocracia asfixiante" proveniente de Bruselas , así como contra la competencia desleal desde fuera de Europa e inequidades ambientales y laborales exigidas para importaciones desde otros países. Tirar para sobrevivir hoy mientras el futuro sigue incierto Decidir destruir parte o toda su cosecha no es algo permanente; es más bien una reacción ante situaciones extremas. Les permite a los productores evitar perder aún más dinero al recolectar, no incurrir en problemas legales vendiendo bajo coste y emitir un mensaje claro tanto político como social sobre cómo está llegando a su límite el campo. Sin embargo, esto tiene consecuencias evidentes: menores ingresos provocan menos inversión y mayor abandono agrícola; aumenta la dependencia respecto a importaciones provenientes de terceros países y se corre riesgo real sobre tejido productivo rural e incluso sobre seguridad alimentaria durante los próximos años. Mientras tanto, cuando el consumidor observa su ticket tras pasar por caja preguntándose por qué tiene que pagar tanto dinero, miles de agricultores se cuestionan cuántos días más podrán continuar produciendo sin verse obligados nuevamente a elegir entre regalar lo inservible... o ver cómo desaparece bajo esas implacables trituradoras.
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