Soberanía alimentaria que excede al concepto y baja a la realidad
25/05/2026
En: diariodeteruel.es
Digital
Las habas, la ensalada negra o los pepinos que un pariente de más de cien años le ha legado es la mejor herencia familiar que puede tener Joaquín. No sólo ha recogido simiente de sus propios antecesores, sino también de ancianos de muchos pueblos de toda la provincia. Llegaba a ellos por trabajo -es carpintero-, pero se iba con semillas porque su pasión por las variedades autóctonas es conocida por todos. Se ha implicado en el proyecto Siembra Teruel y cuenta con cuatro variedades de tomate procedentes de Olba, Obón, Ejulve y Cantavieja -estas dos últimas con simiente desaparecida o al menos de la que se ha perdido el rastro-. Los ha puesto en su huerto, señalizados con tablillas y, además del seguimiento sobre floración y fructificación, se ha comprometido a pesar todas las piezas para conocer la producción de las plantas. Pese a la pasión que le pone en conservar variedades locales, es consciente de la pérdida de cultura alimentaria que entraña dejar de cultivar y el futuro lo ve lleno de nubarrones: "Estamos cuatro nostálgicos, no hay mucha juventud que se implique en conservar el patrimonio vegetal", dice. Las variedades autóctonas se pierden por la falta de productividad, "la cantidad se impone a la calidad equivocadamente", lamenta, para añadir que las modas también influyen en lo que comemos y en el futuro de determinadas razas: "Algunas gallinas muy productivas van a desaparecer porque ponen huevos blancos y ahora el mercado los pide marrones", apostilla.