La economía española crece más que la de sus principales socios europeos , pero también registra un encarecimiento más intenso de los precios. La inflación armonizada alcanzó el 5% interanual en septiembre , frente al 3,8% de la eurozona, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). La diferencia amplía la brecha inflacionista que España arrastra desde mayo de 2025 y amenaza el poder adquisitivo de las familias y la competitividad empresarial. Detrás de este diferencial confluyen el mayor dinamismo de la demanda española, el impacto de la crisis energética y la persistencia de las subidas de precios en los servicios. Javier Ferri, investigador de Fedea y profesor de la Universidad de Valencia, recuerda que "históricamente España ha sufrido una tasa de inflación superior a la europea" , como reflejo de unas mayores rigideces en los mercados de bienes y servicios. El Banco de España advirtió esta semana de que hay que prepararse para una inflación "más volátil" y, en determinadas circunstancias, "más elevada y persistente" , ante el nuevo contexto mundial marcado por la incertidumbre, la digitalización y el cambio demográfico y social. El último informe trimestral elaborado por el Banco de España permite cuantificar las causas de esta divergencia. De los 1,22 puntos que separan la inflación española de la media de la eurozona, 0,64 corresponden a los servicios . Los alimentos aportan otros 0,31 puntos; la energía, 0,24, y los bienes industriales no energéticos, apenas alcanzan el 0,04. La estructura del consumo contribuye a explicar esta situación. Los servicios representan el 51,4% de la cesta de precios española , frente al 46,7% de la eurozona. Además, sus precios crecen aproximadamente un punto porcentual más en España que en el conjunto de los países del euro. La fortaleza del turismo, la hostelería y la restauración, junto con la vitalidad del consumo, sostiene la demanda y facilita el traslado de los mayores costes a los precios finales. Ferri señala que "el sector de servicios, y especialmente la hostelería y la restauración, son los principales contribuyentes al diferencial de la inflación", una circunstancia que relaciona con "las dificultades de estas actividades para aumentar su productividad". Salarios y márgenes, lentos Entre enero y agosto, el 46% de las partidas de servicios registraron incrementos de precios superiores al 4%, frente al 39% de media durante 2025. No obstante, Ferri destaca que las presiones salariales y los márgenes empresariales no están creciendo al mismo ritmo , lo que evita que la brecha sea todavía mayor. Aunque los servicios constituyen el principal componente del diferencial, la energía explica buena parte de su reciente ampliación. La crisis derivada del conflicto en Oriente Próximo ha causado un fuerte encarecimiento del petróleo y el gas, con efectos sobre los carburantes, la electricidad y los costes de las empresas. Actuaciones diferenciales El impacto no está siendo homogéneo en Europa, debido a las diferencias entre mercados energéticos y medidas fiscales. En España, las rebajas tributarias han amortiguado parcialmente el golpe. Según el Banco de España, sin estas actuaciones, la inflación energética de agosto habría alcanzado el 21,6% , frente al 17,1% observado. Esta semana se ha confirmado que en noviembre continuará la rebaja de 20 céntimos por litro en los carburantes que aprobó el Gobierno a finales del mes pasado, aunque no se producirá ninguna rebaja en el precio de la electricidad. Pese a ello, la energía ha pasado de reducir el diferencial con Europa en febrero a contribuir a su ampliación en septiembre. El Banco de España constata en su último informe trimestral que el mercado eléctrico español traslada las subidas del gas a las facturas de los consumidores con mayor rapidez que otros países europeos. Uno de los principales motivos es la elevada actualización de los precios eléctricos. Peso de la cesta de la compra La alimentación también contribuye a la divergencia. Su peso en la cesta española alcanza el 20,2%, frente al 19% de la eurozona. De los 0,31 puntos atribuibles a los alimentos, 0,15 corresponden a productos frescos y 0,16 a elaborados. Las tensiones tampoco se limitan a los componentes más volátiles. La inflación subyacente española, que excluye la energía y los alimentos no elaborados, se situó este mes de septiembre en el 3,1%, frente al 2,2% de la eurozona , lo que evidencia una presión sobre los precios más generalizada. Mantener una inflación superior a la europea durante un periodo prolongado puede tener consecuencias económicas. Para los hogares supone un mayor encarecimiento de la vida, mientras que las empresas pueden perder competitividad frente a sus competidores europeos si sus costes aumentan más deprisa. Ferri advierte de que la convergencia hacia la inflación europea no bastaría por sí sola para recuperar el terreno perdido. "La convergencia a la tasa de inflación media de Europa no garantizaría ganar poder adquisitivo, sino dejar de perderlo, a no ser que mejore de una manera notable la productividad", sostiene. El investigador considera, no obstante, que todavía es pronto para determinar si los últimos meses de mayor inflación han provocado un deterioro significativo. A su juicio, mientras España mantenga un crecimiento superior al europeo y no se produzca un salto importante de productividad, lo más probable es que persista el diferencial.