Los productores denuncian que los fitosanitarios permitidos son menos eficaces y obligan a triplicar los tratamientos. El ministro de Agricultura, Luis Planas, reclama una PAC más fuerte y con más presupuesto. Con más dinero público, en definitiva. Pero al mismo tiempo niega a los agricultores una de las herramientas imprescindibles para salvar sus cosechas de maíz de la araña roja. Está claro que para el Gobierno es más fácil repartir subvenciones en lugar de permitir que el campo sea rentable por sí mismo. La última decisión del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA) ha provocado un profundo malestar en el sector. El departamento de Planas ha rechazado la autorización excepcional de la abamectina, una materia activa que los agricultores consideran clave para controlar una plaga que este año amenaza con extenderse con especial virulencia debido a las altas temperaturas registradas desde el inicio de la campaña. La organización agraria Asaja Aragón advierte de que la decisión puede tener consecuencias devastadoras para numerosas explotaciones del Valle del Ebro y de otras grandes zonas de producción de maíz, como Extremadura. El motivo es sencillo: sin un control eficaz de la araña roja, la producción puede desplomarse. "La decisión del MAPA puede arruinar la cosecha de maíz del Valle del Ebro", denuncia la organización, y calcula que si el Ministerio mantiene su negativa, los agricultores podrían sufrir pérdidas de entre el 30% y el 40% de la cosecha, con caídas de la producción que en los peores escenarios podrían llegar al 50%. La situación resulta especialmente delicada porque el sector ya opera con márgenes muy ajustados. Asaja recuerda que los productores necesitan obtener entre 12.000 y 15.000 kilos por hectárea simplemente para cubrir costes. Por debajo de esos rendimientos, muchas explotaciones dejan de ser rentables. Alternativas más caras y menos eficaces "La proliferación de la araña roja se puede adelantar 15 o 20 días y puede ser especialmente intensa esta campaña debido a las altas temperaturas registradas desde el inicio del cultivo. Con la autorización excepcional de la abamectina podría realizarse un control eficaz de la plaga y evitar daños irreversibles en numerosas parcelas de maíz", señala la organización. El problema es que el Ministerio ha rechazado la autorización excepcional. Y además, los tratamientos alternativos disponibles son insuficientes, según el sector. Uno de ellos consiste en adelantar las siembras, una posibilidad que ya no sirve para la campaña actual. La otra pasa por utilizar aceites de parafina. El inconveniente es que estos tratamientos son "económicamente inviables" para las explotaciones y menos eficaces. Mientras que la abamectina suele requerir dos tratamientos para controlar la plaga, los aceites de parafina pueden exigir hasta seis intervenciones. Traducido al lenguaje del agricultor: más costes, más combustible, más horas de trabajo y peores resultados. La decisión llega además en un momento complicado para el cultivo del maíz. Los agricultores siguen soportando elevados costes energéticos y un contexto internacional marcado por las tensiones geopolíticas y el encarecimiento de fertilizantes y otros insumos. Qué es la abamectina y por qué está prohibida en la UE La abamectina es una sustancia utilizada desde hace años para combatir ácaros e insectos en distintos cultivos agrícolas. Su principal ventaja es su eficacia frente a plagas como la araña roja, uno de los enemigos más temidos por los productores de maíz. La Unión Europea decidió no renovar su autorización porque tiene dudas (no certezas) de que esta sustancia pueda suponer un riesgo para otros insectos, como las abejas. De hecho, la propia normativa comunitaria contempla autorizaciones excepcionales cuando existe una amenaza grave para los cultivos y no hay alternativas suficientemente eficaces. Y eso es precisamente lo que reclamaba el sector para esta campaña. La paradoja es que la sustancia es legal y se sigue utilizando en grandes potencias agrícolas como Estados Unidos, Brasil, Argentina, Canadá o Australia, países cuyos agricultores compiten después en los mercados internacionales con los productores europeos. Por ese motivo, Asaja Aragón considera que la negativa del Ministerio responde más a criterios "ideológicos" que a razones agronómicas.