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Ni Colón ni Parmentier: la verdadera historia de cómo la patata conquistó Europa

28/10/2025
En: eldebate.com
Digital
Durante siglos se creyó que fueron reyes e ilustrados quienes introdujeron la patata en Europa. La realidad fue otra: evasión de impuestos, hambre y campesinos anónimos impulsaron su expansión Muchos alimentos de nuestro día a día, como el maíz, el tomate o la patata, provienen de América. Esta última, en concreto, parece tener un lugar destacado en el corazón de los europeos, siendo la base de gastronomías como la escandinava y la irlandesa. No fue, sin embargo, desembarcar Colón de vuelta a España y comenzar toda Europa a comer patatas: al contrario, no sería hasta bien entrado el siglo XVIII, más de doscientos años después de los primeros viajes a América, cuando empezaría a popularizarse el tubérculo. ¿Cómo conquistó esta nueva planta los estómagos del Viejo Continente? El falso mito de la patata Con frecuencia se atribuye el mérito a Antoine-Augustin Parmentier, agrónomo y científico francés al servicio del rey Luis XVI. Según el mito, Parmentier, conocedor del valor nutricional de la patata, impulsó distintas leyes para fomentar su consumo, pero los incultos campesinos, sospechosos y reticentes a toda innovación, se negaban a cultivar la planta. El agrónomo recurrió entonces a un ingenioso truco de psicología inversa: consiguió del rey un pequeño terreno, lo plantó de patatas y apostó guardias para que lo patrullaran, amenazando con serios castigos a quien se atreviera a robar sus preciosas patatas. Impelidos por la curiosidad, y creyendo que un tubérculo tan celosamente guardado había de ser delicioso, los campesinos entraban por la noche a robar las patatas. El hurto se veía facilitado por el hecho de que los guardias tenían órdenes de permitir estos robos, y así, los campesinos comenzaron a consumir patatas y la planta se popularizó por toda Francia. ¿Quieres colaborar económicamente con El Debate? Apóyanos Esta historia tiene un ligero problema, y es que se atribuye exactamente la misma estratagema al rey de Prusia Federico el Grande, una década antes. El mismo relato se ubica también en Rusia, pero protagonizado por Catalina la Grande, y en Grecia, supuestamente, el presidente Ioannis Kapodistrias utilizó también una vez el truco de las patatas y los guardias. El tópico es siempre el mismo: el torpe campesino necesita la guía del gobernante ilustrado, o de sus intelectuales ministros, quienes, pese a no haber alzado una azada en su vida, saben mejor que los agricultores qué cultivos conviene plantar. La historieta es un reflejo de la mentalidad de la época, del despotismo ilustrado. Todo se debe a la evasión fiscal La realidad histórica es otra. Documentos de aduanas evidencian que ya en la época de 1570 se cultivaban y exportaban patatas desde las Islas Canarias. Aunque en cantidades modestas, las patatas se esparcieron por Europa desde el siglo XVI, especialmente en España y las Islas Británicas. Muchas veces eran comida para el ganado, pero no solo. La historiadora Rebecca Earle, en su libro Promoviendo la patata en la Europa del siglo XVIII, desvela una anécdota ilustrativa: un párroco de la región inglesa de Cornualles litigaba en 1768 con los campesinos de su región porque no pagaban el diezmo por el cultivo de patatas. Los campesinos argumentaban que las patatas no eran un cultivo a gran escala (como el cereal), sino algo que habían cultivado en sus jardines privados para consumo personal desde hacía ya tiempo, y por ello pagaban otro impuesto distinto, más reducido. La patata, por tanto, no era un cultivo a gran escala, pero sí se consumía de forma habitual, como otros vegetales u hortalizas. Su consumo probablemente se difundió no gracias a los esfuerzos de los intelectuales, sino por un motivo más prosaico: la evasión fiscal. El mérito de Parmentier, por lo tanto, no fue vencer los prejuicios de los pobres e incultos campesinos, sino los de los ricos, entre los que popularizó este nuevo alimento, ya consumido por los más humildes. Sus técnicas de márketing incluían regalar ramos de flores de patata al rey y a la reina, y organizar lujosas cenas en las que todos los platos estaban elaborados con patata. Un legado de sus esfuerzos es que, a día de hoy, muchos platos franceses llevan su nombre, por ejemplo: el hachis Parmentier, mezcla de puré de patatas y carne picada, o las patatas Parmentier, cortadas en dados y asadas al horno con hierbas y aceite de oliva. Es cierto que al márketing de Parmentier le acompañaron reformas legislativas para revitalizar la agricultura francesa, pero también jugaron un importante papel las numerosas hambrunas, que obligaron a buscar alternativas al trigo. La carestía que rodeó las últimas décadas del XVIII se vio agravada por las numerosas guerras, durante las cuales la patata, enterrada bajo tierra, era más difícilmente saqueada por los soldados que los sacos de trigo que aguardaban en los graneros. Resulta que, cuando uno tiene hambre, adopta el cultivo que haga falta.
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