La peste porcina sigue pesando en los precios El lechón de veinte kilos cayó hasta los 36 euros en la sesión del 23 de julio de la Lonja Agropecuaria de Segovia, un 29 % menos que siete semanas antes, mientras el cereal que lo alimenta subía quince euros por tonelada. Detrás está el retraimiento de los cebaderos, que con el cerdo poco rentable, lastrado por siete meses de peste porcina, y el pienso al alza han frenado la compra de crías; la factura recae sobre el sector ganadero que sostiene buena parte de la economía provincial. Dos mesas, dos direcciones La mesa de cereales cerró la jornada con alzas de quince euros por tonelada en la cebada, que quedó en 215 euros; el trigo, en 221; la avena, en 185, y el centeno, en 202. La colza ganó diez euros, hasta 470, y la paja empacada sumó cinco en origen, hasta 60, mientras la alfalfa se mantuvo en 185 y el girasol se quedó sin cotización. En la mesa de porcino el movimiento fue el inverso. El cerdo blanco de cebo apenas se movió (un céntimo a la baja, con el selecto en 1,292 euros por kilo vivo, el normal en 1,280 y el graso en 1,725) pero el lechón de veinte kilos perdió tres euros y quedó en 36 por unidad. El cochinillo sin hierro retrocedió otro euro, hasta 28, y el cochinillo con hierro se quedó sin cotización. El ovino repitió precios, con el cordero lechal de diez a doce kilos en 7,95 euros por kilo. Siete semanas de descenso El 4 de junio el lechón de veinte kilos se pagaba a 51 euros y el cerdo de cebo selecto subía hasta 1,322 euros por kilo, en una sesión que la propia Lonja leyó entonces como señal de fortaleza, sostenida por una oferta ajustada de animales terminados. A primeros de julio el lechón había bajado a 43, y el 23 quedó en 36. Es una caída próxima al 29% en siete semanas, con el tramo más pronunciado, de 43 a 36 euros, concentrado en las tres últimas. El cerdo de cebo tras marcar 1,322 euros a comienzos de junio, fue cediendo hasta los 1,292 de finales de julio. «Parecía que la tendencia ya empezaba a ir al alza, y ha llegado el mes de julio y ha empezado a bajar», resume Juan Pedro Postigo, presidente de la Lonja Agropecuaria de Segovia. El miedo del cebadero La explicación que ofrece la Lonja no separa los dos movimientos del mercado, sino que los encadena. «Sobran muchos lechones, porque los ganaderos que meten lechones para cebarlos están viendo que de cara al futuro no es positivo», sostiene Postigo. El precio del cerdo cebado está bajo y sin visos de recuperarse, y el pienso amenaza con encarecerse porque el cereal ya ha empezado a subir. Ante ese doble frente, el cebadero «coge miedo y no se atreve a meter lechones, y por eso sobran». En la lógica de la Lonja, la consecuencia es mecánica: «Cuando sobra un producto baja, y cuando falta sube». La Lonja separó hace unos meses dos cotizaciones que antes iban juntas: la del cochinillo sin hierro (el de calidad, destinado al asador, la hostelería y las carnicerías) y la del cochinillo con hierro, que en determinadas épocas del año se vende para vida, es decir, a ganaderos que en lugar de lechón compran cochinillo para engordarlo. La distinción nació durante la primavera, cuando un exceso de oferta de animales para vida distorsionaba la referencia del producto de calidad. En pleno verano, esa demanda se ha esfumado: «Ahora no se utiliza ese tipo de cochinillo; todo el cochinillo que se hace ahora es para asar», explica Postigo, de modo que la cotización se queda vacía por falta de operaciones. La peste, siete meses después Sobre ese cuadro pesa un factor que no responde a la estación. «Llevamos ya siete meses con la peste porcina», recuerda el presidente de la Lonja. Cuando en noviembre de 2025 se detectó el primer foco de peste porcina africana en Cataluña, el precio del cerdo de cebo «bajó en picado, 50 o 60 céntimos de golpe», y según Póstigo no se ha recuperado desde entonces. El brote se mantiene circunscrito a la fauna silvestre, con varios centenares de jabalíes afectados dentro de un perímetro de contención y ninguna explotación porcina implicada, pero costó a España el estatus de país libre de la enfermedad y activó una zonificación oficial que bloqueó numerosos certificados de exportación. Mercados de alto valor como Japón, Filipinas o México cerraron temporalmente sus fronteras al producto español, mientras otros, como China o Reino Unido, aceptaron la regionalización y mantuvieron las compras fuera del área afectada. El resultado es un exceso de oferta que se redirige al mercado interior y unas exportaciones que crecen en volumen pero caen en valor, porque el sector compite bajando precios. Las organizaciones agrarias cifran las pérdidas en cientos de millones de euros (en torno a veinte por animal en el primer semestre, según sus estimaciones) y advierten de que la factura podría acercarse a los 2.000 millones si las restricciones se prolongan. La otra variable: el pienso Mientras el porcino cede, el cereal sube. La cebada y el trigo, la base de la ración del cerdo, ganaron quince euros por tonelada en la misma sesión, de manera que el productor cobra menos por el animal y paga más por engordarlo. Sobre las causas del repunte cerealista, Postigo es prudente. España «produce el 30 o el 40 % del cereal que consume» y depende de la importación para el resto (buena parte de ella procedente de Rusia, Ucrania y el entorno del mar Negro, precisamente la región hoy en tensión) en un mercado que, a diferencia del porcino, está sujeto a movimientos especulativos que escapan a las lonjas locales. «No sé si es que habrá escasez o es que se está alguien aprovechando de la situación», admite. La mecánica inmediata, en su relato, es de suministro; los barcos que debían llegar no llegaron, las fábricas de pienso se encontraron con poca materia prima y salieron a comprar en otros lados, y el mercado subió. A ese factor se añaden, como telón de fondo, las tensiones geopolíticas en torno al mar Negro y los ataques a infraestructuras portuarias, las peores perspectivas de cosecha en España y Francia y el encarecimiento del transporte y del gasóleo, que golpea de forma transversal a agricultores y ganaderos. Quejas de ASAJA La misma cotización que estrangula al porcino favorece, en principio, al cerealista, y Segovia es fuerte en las dos actividades. «Cuando una cosa sube, el que compra pierde y el que vende gana», sintetiza Postigo. ASAJA encadena meses de movilizaciones por los precios y la reforma de la política agraria común, y denuncia un cereal a pérdidas; cotizaciones hundidas por debajo de los 200 euros por tonelada frente a costes que superan los 800 por hectárea. En ese discurso, además, el encarecimiento común de los costes (gasóleo, fertilizantes y abonos) aproxima a cerealistas y ganaderos más de lo que los separa el vaivén de una cotización semanal. El propio Postigo relativiza cualquier fotografía fija del mercado. «No se hacen cuentas de un mes a otro; se hacen al final de temporada, incluso de dos o tres temporadas», advierte. La perspectiva larga da la medida del ajuste que atraviesa el porcino de vida: hace dos años el lechón se pagaba en la Lonja por encima de los 100 euros; hoy ronda los 36. Quién fija el precio La referencia que ordena ese mercado se elabora dentro de la organización empresarial de la provincia. La Lonja Agropecuaria de Segovia está integrada en la Federación Empresarial Segoviana (FES), se reúne semanalmente en su sede y fija las cotizaciones de los principales productos agrícolas y ganaderos con la participación de sus voceros y un presidente. En su última asamblea aprobó por unanimidad cuentas y presupuesto, y se define como un espacio de «información, transparencia y referencias». Sus precios son orientativos: «A nadie le obliga a comprar y vender», subraya Postigo; sirven de «base a partir de la que negociar». El método descansa, según su relato, en un moderador ajeno a las partes: «Una persona de la FES, abogado de la FES, absolutamente neutral», que fija cada precio con la información que recaba durante toda la semana entre compradores y vendedores. El propio presidente llega a describir la función de la Lonja como «un servicio público», pese a tratarse de una entidad privada alojada en la patronal. Ese diseño ha sido objeto de crítica por parte de las organizaciones agrarias. ASAJA propuso incorporar a la Lonja las cotizaciones de los abonos y el gasóleo, y la entidad lo rechazó por tratarse de productos que no son agropecuarios y que carecen de un productor en origen y un comprador claro. La Unión de Campesinos (UCCL) fue más lejos y llegó a insinuar un posible «interés personal y de negocio» de parte de los compradores en la fijación del precio del cochinillo. Postigo rechaza esa lectura y remite de nuevo a la figura del moderador: es «una persona absolutamente neutral», y las decisiones responden solo «a la oferta, la demanda y la evolución de los mercados»