Caballos sobre tomates o por qué la IA es necesaria para los pequeños agricultores

26/02/2026
En: vegabajadigital.com
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Artículo de David B. López Lluch, doctor Ingeniero Agrónomo, profesor Titular de Economía, Política y Sociología en la Universidad Miguel Hernández André Breton decía que « El hombre que no puede visualizar un caballo al galope sobre un tomate es un idiota «. Algo parecido puede decirse de toda aquella persona que no es capaz de intuir las tremendas posibilidades que abre la Inteligencia Artificial en cualquier actividad humana y, por supuesto, en la Agricultura Se puede definir la Inteligencia Artificial (IA) como el campo de la informática enfocado en crear sistemas capaces de realizar tareas que normalmente requieren inteligencia humana, como aprender, razonar, percibir, tomar decisiones autónomas y entender el lenguaje. Se basa en algoritmos, datos masivos y aprendizaje automático para mejorar su rendimiento. Creo que va a cambiar muchos de nuestros paradigmas intelectuales ya que es la primera revolución tecnológica que va a cuestionar las tareas que consideramos que requieren "inteligencias" frente a las tareas que relacionamos con actividades "manuales". Va a ser devastador comprobar cuántas de las actividades que realizan profesores, médicos, ingenieros, abogados, etc., son repetitivas, y, por lo tanto, totalmente modelizables y susceptibles de ser automatizadas. No sé qué va a pasar con todo eso, pero sé que vienen cambios y, como le digo a mis alumnos: " la IA no te va a quitar el trabajo, el trabajo te lo va a quitar una persona que maneje la IA mejor que tú ". Es más, será muy interesante escuchar frases como " el diagnóstico hecho por un médico es mejor que el que hace la máquina " y compararlo con el manido " lo que está hecho a mano es mejor que lo que hace la máquina ". Volveré a esto más tarde ya que para mí es una de las claves del asunto. Tal vez, la primera parte de la cuestión ser entender que la IA no es algo que ocurre en Silicon Valley; es algo que ya está pasando ahora mismo, o debería estar pasando, entre los azudes y las acequias del Segura. De hecho, está en todas partes, por ejemplo, en el autocorrector de las aplicaciones de mensajería. Se puede decir que la IA es el nuevo ojo del agricultor. En una zona donde el agua es un tesoro y el clima es cada vez más extremo, la IA permite pasar de la agricultura de calendario (regar porque te toca la tanda) a la agricultura de precisión (regar porque la planta tiene sed). Obviamente, esto supone un cambio estructural y, como decía Maquiavelo en el capítulo VI de El Príncipe «No hay nada más difícil de emprender, más peligroso de llevar a cabo y con menos garantías de éxito, que tomar la iniciativa en la introducción de un nuevo orden de cosas, porque la innovación tiene como enemigos a todos aquellos que se beneficiaron de las condiciones antiguas» Si particularizamos al caso del limón, es fácil ver al menos dos aplicaciones directas de la IA: Detección precoz de plagas y enfermedades: Mediante sensores en campo y cámaras de alta resolución en drones, la IA puede identificar el inicio de un ataque de Cotonet o Araña Roja antes de que sea una plaga incontrolable. La IA analiza la coloración de la hoja y el patrón de crecimiento. La IA «ve» el estrés de la planta por su firma de calor. Esto permite hacer «tratamientos quirúrgicos»: si sólo hay foco en cuatro árboles de una esquina, sólo se actúa ahí. La IA le dice al atomizador: «Sólo abre la boquilla en estos 10 árboles» . Esto supone un evidente ahorro en el uso de plaguicidas. Predicción de cosecha y calibre: Los algoritmos pueden predecir meses antes qué calibre tendrá el limón basándose en el historial climático y la floración. En la Vega Baja, el precio del limón depende en gran medida del tamaño y la salida comercial (fresco o industria) dado el nulo procesamiento por parte los productores de la fruta que no alcanza los requisitos al no haber desarrollado opciones como AGRICONSA, (¿saben qué es AGRICONSA? En cualquier caso, saber qué vas a tener ayuda a preparar la campaña de comercialización. Si miramos ahora a la alcachofa y tenemos presente su tremenda sensibilidad a los cambios de temperatura y a la salinidad del agua, también podemos ver dos ejemplos de aplicaciones directas de la IA: Riego inteligente con sensores de suelo: Se instalan sondas a diferentes profundidades que miden la humedad y, sobre todo, la conductividad eléctrica (salinidad). El sistema cruza esos datos con la previsión de la AEMET. Si viene un episodio de calor intenso, la IA recomienda un riego corto de «refresco» para evitar que el capítulo (la alcachofa) se abra prematuramente o se ponga dura. Optimización post-cosecha: Una vez cortada, la alcachofa se oxida rápido. Existen sistemas de visión artificial en las subastas y empresas que clasifican las alcachofas por calidad estética y compactación a una velocidad imposible para un humano, asegurando que lo que llega a Europa sea lo mejor. La Vega Baja del Segura es experta en aprovechar cada gota de agua. La IA es el siguiente paso lógico. No es un lujo ni una entelequia, es una herramienta de supervivencia ante la sequía. La Vega Baja siempre ha sido pionera en regadío desde los árabes; hoy, los algoritmos son nuestros nuevos canales de riego. A veces pensamos que la IA es para lanzar cohetes a Marte, pero la realidad es que hoy, en una finca de Benejúzar o San Miguel de Salinas, un algoritmo está decidiendo si un limonero necesita medio litro más de agua o si una alcachofa está lista para ser cortada y llegar perfecta a su mesa. La IA no va a quitarle el sitio al agricultor de toda la vida, sino que va a ayudar, por ejemplo, a que su hijo no abandone la explotación porque ahora es un negocio tecnológico, moderno y más rentable. La IA no tiene la sabiduría de un hombre o mujer que lleva 40 años pisando el terreno, pero le quita el trabajo mecánico y la incertidumbre. Ésa es la gran revolución a la que hice referencia al principio. La IA es una de las herramientas necesarias, aunque no suficiente, para que los jóvenes se queden en el campo. La agricultura ya no es sólo «lomo doblado» (de hecho, hace mucho que no lo es); pero ahora más que nunca es gestión de datos, pilotaje de drones y optimización de recursos y va a ir a más. Las grandes explotaciones ya la están utilizando de forma normal. Los pequeños productores, la razón de ser de la huerta tradicional, deben usarla. Ahí, creo, está la gran cuestión. El pequeño productor necesita la tecnología, pero no dispone de las herramientas para hacerla suya y sacar todo el provecho que proporciona. Éste es sólo un síntoma más de esa paradoja en la que está envuelto nuestro sector primario: mientras el pequeño agricultor es esencial para la seguridad alimentaria, la supervivencia de formas de cultivo y de paisajes y, sobre todo, la biodiversidad, su rentabilidad está constantemente amenazada por la presión de los precios y la falta de infraestructuras. Ante este escenario, la cooperación entre ellos deja de ser una opción para convertirse en una necesidad vital. La cooperación tiene diversas formas ya conocidas: Las figuras de calidad alimentaria diferenciad a (denominaciones de origen e indicaciones geográficas protegidas como herramientas de gobernanza del territorio agroalimentario y como máximas garantes de la calidad y vinculación del producto a un origen garantizado y a unas prácticas culturales sostenibles. El asociacionismo agrario empresarial (en sus múltiples formas) con las ventajas derivadas de las Economías de Escalas (comprar insumos, reducir costes, concentrar la oferta; transformar el producto creando plantas de procesamiento comunes para vender conservas, aceites o productos envasados, reteniendo el valor que hoy se llevan, legítimamente en una economía de mercado, los intermediarios. Las Comunidades de Regantes como ya explicó la politóloga y Nobel de Economía Elinor Ostrom para ilustrar la « Gobernanza de los Bienes Comunes » citando expresamente a la huerta tradicional de la Vega Baja. Ostrom demostró que, contra la creencia popular de que los recursos compartidos se agotan por el egoísmo humano (la famosa «Tragedia de los Comunes»), las comunidades locales pueden gestionar recursos escasos de forma brillante si se organizan. Y ahora, además, y derivado directamente del anterior, COMPARTIR DATOS Y TECNOLOGÍA accediendo a herramientas de agricultura de precisión que serían inasumibles para un solo bolsillo. Si alguien tiene dudas sobre la importancia de la cooperación entre pequeños, que busque lo que es el Réseau Matu (Red de Maduración). Para mí, el mejor ejemplo práctico de cómo la cooperación permite a miles de pequeños viticultores competir al más alto nivel mundial. Se trata de un sistema de seguimiento de la maduración de la uva único en el mundo, coordinado por el Comité Champagne , que garantiza que toda una región recolecte en el momento exacto de perfección. Imaginemos 600 parcelas testigo repartidas por toda la región de Champaña. En lugar de que cada agricultor tome decisiones a ciegas o basándose sólo en su intuición (en ese saber atesorado ) individual, se activa una maquinaria colectiva: Muestreo Masivo: Dos veces por semana (lunes y jueves), cientos de viticultores voluntarios recogen muestras de uva en estas parcelas seleccionadas. Análisis Técnico: Las muestras se analizan inmediatamente para medir parámetros críticos: Contenido de azúcar (grado alcohólico potencial). Acidez total. Peso medio de los racimos. Estado sanitario (presencia de botritis, etc.). Big Data Agrícola: Los datos se centralizan en tiempo real (hoy en día mediante una App móvil) para que el Comité Champagne tenga una «foto» exacta de cómo evoluciona la uva en cada pueblo y para cada variedad (Chardonnay, Pinot Noir, Meunier). El Réseau Matu justifica la cooperación por tres razones fundamentales: Optimización del Momento de Cosecha: En Champagne, la ventana de madurez perfecta es muy estrecha. Gracias a la red, el Comité fija las fechas oficiales de inicio de vendimia por municipio ( le ban des vendanges ). Esto evita que el pequeño agricultor coseche demasiado pronto (por miedo) o demasiado tarde (perdiendo acidez), asegurando la calidad que exige el mercado de lujo. Reparto del Coste de la Información: Realizar análisis de laboratorio constantes es caro. Al hacerlo de forma colectiva, el coste para el individuo es mínimo, pero el beneficio informativo es máximo. Protección de la Denominación (AOC): Si un grupo de agricultores cosechara uva de mala calidad, dañaría el prestigio de toda la marca «Champagne». La red asegura que el estándar de calidad sea alto para todos, desde el viticultor más pequeño hasta la casa más grande (como Moët & Chandon). En resumen, e l Réseau Matu es el «cerebro colectivo» de Champagne. Sin esta cooperación, los pequeños productores estarían a merced del clima y la suerte; con ella, tienen la precisión de un reloj suizo. Y por eso no entiendo las peticiones para que el pequeño agricultor esté exento de llevar el Cuaderno de Campo en vez de pedir herramientas de cooperación y formación para gestionarlo a través de organizaciones ya existentes (OCAPAS, Denominaciones de Origen, cooperativas, sindicatos agrarios, etc.) y usar toda esa información integrándola en una red de Inteligencia Artificial que sirva para la toma de decisiones basada en datos fruto de esa cooperación. En la agricultura de hoy, el aislamiento es el camino más rápido a la absorción por los grandes capitales y, por lo tanto, a la desaparición de un modelo de sociedad. Cooperar es proteger nuestra identidad, nuestra tierra y nuestro futuro y la IA es una de las mejores herramientas para hacerlo. Contraponer la Inteligencia Artificial a la Inteligencia Tradicional me recuerda la discusión, cuando cursaba yo 2º de B.U.P. (allá por 1985), que tenían mi profesor de Matemáticas, partidario de seguir usando las tablas de logaritmos "por su poder formativo", y mi profesor de Física, partidario de que aprendiéramos cuanto antes a usar las calculadoras científicas. ¿Hace falta que les diga a quién estoy más agradecido? David B. López Lluch Dr. Ingeniero Agrónomo. Profesor Titular de Economía, Política y Sociología. Universidad Miguel Hernández de Elche
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