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¿Y ahora qué?: El desafío de reconstruir el campo tras el paso del fuego

06/08/2026
En: Salamanca24horas.com
Digital
Castilla y León ha registrado este 2026, además de varios fuegos extensos localizados en León y Zamora, el incendio más grande ocurrido en España a lo largo de la historia. En concreto, se trata del incendio de Burgohondo, que afectó a 77.000 hectáreas y obligó a desalojar a más de 30.000 personas. Además, un total de 186.000 hectáreas han sido afectadas en España en lo que va de año, según apuntó la ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Sara Aagesen, el pasado 29 de julio. Entre los ciudadanos afectados por estos incendios, se encuentran las personas que se dedican a la agricultura y la ganadería, para los que el ecosistema es su fuente de ingresos. Así, cabe hacer hincapié en una pregunta que ronda por el pensamiento de la mayoría de los ciudadanos: "¿Y ahora qué?". Para construirle una respuesta a esta pregunta, es importante profundizar en las consecuencias que estos sucesos tienen en el medioambiente, la economía y la ciudadanía, además de ahondar en las recomendaciones actuales en el camino hacia la normalidad. Efectos principales en el medio ambiente Para ahondar en los efectos relacionados con el paisaje, Fernando de Patrocinio, presidente de la Asociación Forestal de Salamanca, realiza una afirmación que, aunque asegura que "no quita importancia a lo sucedido", sí aporta algo de esperanza: "Muchos de los árboles están menos dañados de lo que parece a primera vista". En este sentido, explica que, cuando los árboles están maduros y las llamas corren por las copas de los mismos, se ven afectadas las hojas: "Si el fuego no afecta a las raíces pueden volver a brotar". Esto es esencial, ya que De Patrocinio le otorga un papel fundamental a los árboles: "Si os árboles desaparecen en suelo inclinado, se pierde la capa vegetal y se convierte en una superficie no fértil". Además de los daños causados en la flora y la fauna, una de las mayores preocupaciones en los municipios afectados en la actualidad es el agua, ya que existe el miedo de que, en el momento en el que empiece a llover, se contaminen los ríos y pantanos. Tal y como afirma De Patrocinio, en los paisajes de montaña cuyo suelo es inclinado, esto es "incontrolable": "No se puede hacer nada", concluye, añadiendo que la contaminación del agua afectaría al ganado, a las personas y a los animales salvajes. Consecuencias inmediatas en la economía agraria, ganadera y turística En cuanto a las consecuencias económicas de estos incendios, los efectos más inmediatos relacionados con la explotación agrícola y ganadera tienen que ver, tal y como explica De Patrocinio, con la pérdida de la rentabilidad: "Se han quemado los pastos, cuyo objetivo era servir de sustento hasta que llegase el verano", cuenta, además de añadir que los ganaderos se ven obligados a adquirir forraje. Además, no olvida a los trabajadores que se dedican a la leña, añadiendo que la madera quemada ofrece menos beneficios económicos que las ramas intactas. En cambio, el presidente de la Asociación Forestal de Salamanca no quiere dejar al margen la importancia del paisaje como una fuente de disfrute del ciudadano: "Aunque parece una declaración frívola, no hay nada más lejos de la realidad. La naturaleza es esencial para la salud mental del ser humano". Otro de los efectos de los que no se quiere olvidar se relaciona con el paisaje. Tal y como registra la Junta "y aunque la ciudadanía tiende a pensar lo contrario", Castilla y León cuenta con la mayor superficie forestal en términos absolutos del país. De una superficie total de 9,42 millones de hectáreas, un 54,5 %. La pérdida de parte de esta frondosa imagen, según detalla De Patrocinio, influye directamente con los ingresos municipales y regionales en relación con el turismo: "Este tipo de catástrofes provocan cancelaciones en hoteles, lo que supone una pérdida económica de gran cantidad". "Cualquier animal que paste es una herramienta contra los incendios" En relación a la superficie forestal, Salamanca ocupa el segundo puesto entre las provincias castellano leonesas cuando se trata de su superficie forestal arbolada. Así lo registra el Portal de Datos Forestales de Castilla y León, que registra un total de 586.475 hectáreas de árboles en la totalidad del territorio del Tormes. Estos números dejan a Salamanca únicamente por debajo de León, que cuenta con 594.338 hectáreas de arboleda. En contraste con esta información, la provincia del Tormes se ha librado en lo que va de 2026 de incendios grandes, habiendo registrado el pasado 3 de agosto uno de los más extensos en el entorno de La Samasa (Ledesma), calcinando un total de 0,5 hectáreas. En este caso, el incendio extenso más cercano a Salamanca ha sido el ocurrido en Fermoselle el pasado 3 de agosto, que ha afectado finalmente a más de 11.000 hectáreas y ha obligado a evacuar hasta 14 municipios. Esta contradictoria situación tiene, según explica De Patrocinio, una explicación clara: "Los campos de Salamanca están muy aprovechados", explica, haciendo referencia a una actividad muy frecuente en la dehesa salmantina, el pastoreo. "Cualquier animal que paste es una herramienta contra los incendios, ya que funciona como una desbrozadora. Hay zonas en las que no hay pastoreo, como ocurre en el sur de Ávila", anuncia el presidente de la Asociación Forestal de Salamanca. "En la época primaveral el césped crece, por lo que, si no hay nadie que lo quite o ningún animal que paste, se convierte en combustible". Además del pasto, De Patrocinio considera cualquier tipo de vía de aprovechamiento del bosque como método anti incendios y, para que esto ocurra, ve esencial que exista un beneficio económico: "El problema muchas veces reside en el minifundismo. Existen parcelas pequeñas que, si no se concentran con más tierras, dejan de producir beneficios y acaban abandonándose", explica, apuntando la anexión de parcelas como otro método contra los incendios. La reforestación, un proceso heterogéneo A pesar de estos mecanismos de prevención, actualmente los ojos se centran en otro proceso: la reforestación. Tal y como apunta el presidente de la Asociación Forestal de Salamanca, la recuperación depende de la especie de árbol que se quiera tratar. Aún así, espera que de cara a las estaciones de otoño o invierno ya haya césped en las zonas afectadas, además de los árboles que se hayan recuperado. En cambio, aunque este resultado sea el esperado por toda la ciudadanía, insta a esperar a que lo indiquen los servicios técnicos oportunos: "Aunque haya impaciencia porque las zonas se recuperen, la reforestación necesita que el suelo esté húmedo para evolucionar adecuadamente".
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