Philip Morris lleva la tecnología al campo para garantizar la viabilidad del cultivo de tabaco

29/10/2026
En: cronicaglobal.com
Digital
La compañía impulsa en Extremadura el programa 'Cultivadores Digitales' para fortalecer las competencias del sector con el objetivo de modernizar la gestión, mejorar la eficiencia productiva e incentivar el relevo generacional En el norte de Cáceres, el tabaco es mucho más que un cultivo: forma parte del paisaje, de la economía y de la historia de la región. En las vegas del Tiétar, generaciones de agricultores han trabajado estas tierras, que hoy concentran la mayor parte de la producción española de hoja de tabaco. Pero detrás de esa tradición hay un sector que, como buena parte del campo, quiere mirar hacia adelante mientras se pregunta cómo seguir cultivando y haciendo rentable una actividad que también necesita renovarse. El cultivo del tabaco es una de las principales señas de identidad de la zona. La prueba es que en Extremadura se concentra el 98% de la producción de tabaco de España y es el segundo productor de la Unión Europea. Son cifras que hablan de la importancia del cultivo para la región, pero también de la necesidad de encontrar fórmulas que permitan mantenerlo en el tiempo. La superficie cultivada ha descendido, los volúmenes de venta se han reducido y el relevo generacional sigue siendo uno de los grandes interrogantes para muchas explotaciones. Ahora, junto a cuestiones tan tradicionales como el agua, el suelo o la climatología, aparece un nuevo elemento: los datos. Los cultivadores de tabaco ven en la digitalización una clara oportunidad de mejorar su productividad. Saber cuándo regar, cuánto fertilizante utilizar, detectar antes una plaga o afinar el momento de la cosecha son decisiones que empiezan a apoyarse en herramientas digitales. La transformación es todavía incipiente, pero ya está en marcha. El programa Cultivadores Digitales, impulsado por Philip Morris España en colaboración con CICYTEX, trata de conocer hasta qué punto la tecnología puede convertirse en una herramienta útil para los agricultores extremeños y, sobre todo, contribuir a que haya futuro para quienes quieran seguir trabajando estas tierras. El campo empieza a hablar el idioma de los datos El programa comenzó en enero de 2026 en Talayuela y, en su primera fase, ha analizado 45 explotaciones tabaqueras. El objetivo era conocer cuál es el punto de partida y, a partir de ahí, detectar dónde puede tener más sentido la incorporación de herramientas digitales. El diagnóstico dibuja un sector con un perfil relativamente joven. El 70% de los agricultores participantes tiene menos de 44 años. Pero la edad no se traduce necesariamente en un mayor grado de digitalización: el 72% de las explotaciones se encuentra todavía en una fase inicial y el 77% de los agricultores asegura no haber recibido formación en herramientas digitales aplicadas a la agricultura. Hay, sin embargo, una disposición clara a dar el paso. El 98% de los participantes estaría dispuesto a invertir en soluciones tecnológicas si se dan las condiciones adecuadas. El dato resulta significativo porque apunta a que el problema no es necesariamente la falta de interés. También está la necesidad de saber qué tecnología aporta realmente valor, cuánto cuesta incorporarla y, sobre todo, cómo puede integrarse en el trabajo cotidiano de una explotación. El agua marca el camino Si hay una prioridad que aparece con claridad entre los agricultores es la gestión de los recursos. El 91% señala el riego y la fertilización como el ámbito en el que la tecnología puede aportar más valor. No es casualidad. En una explotación agrícola, decidir cuándo regar, cuánto hacerlo o qué cantidad de fertilizante utilizar tiene un impacto directo sobre los costes y el rendimiento. A esto se suma la necesidad de detectar cuanto antes posibles problemas en el cultivo. El control de plagas y enfermedades ocupa el segundo lugar entre las prioridades, con un 59%, mientras que un 43% apunta a la optimización de la cosecha. Son aplicaciones muy concretas de la digitalización. Más que una cuestión de grandes sistemas tecnológicos, se trata de utilizar mejor la información disponible para tomar decisiones más precisas en el campo. "Estamos convencidos de que el tabaco de Extremadura tiene futuro. Cultivadores Digitales representa un paso más en la firme apuesta de la compañía por el tabaco extremeño y por las nuevas generaciones de cultivadores", señala Cesare Trippella, director de cadena de valor y relaciones externas de Philip Morris para Europa. Una transformación que va más allá de la pantalla La llegada de herramientas digitales se suma a otros cambios que el sector ha ido incorporando durante los últimos años. Uno de ellos tiene que ver con la formación de los propios agricultores. El Programa Emprendedor, desarrollado durante ocho ediciones, puso el foco en la gestión empresarial de las explotaciones y en la preparación de nuevas generaciones de profesionales del campo. También se han desarrollado iniciativas relacionadas con la sostenibilidad. Entre ellas está la introducción de secadores alimentados con biomasa, o trabajos dirigidos a reducir emisiones y mejorar la trazabilidad de la hoja a lo largo del proceso productivo. La tecnología, en este sentido, no aparece como una ruptura con el modelo tradicional, sino como una nueva capa sobre conocimientos y prácticas que ya forman parte del trabajo agrícola. Porque digitalizar una explotación no significa dejar atrás la experiencia del agricultor. En muchos casos, significa poner más información a su disposición para que pueda tomar decisiones que antes dependían únicamente de la observación y la experiencia acumulada. Qué futuro tiene la hoja de tabaco Pero hay un segundo elemento que resulta fundamental para entender el futuro del cultivo. No basta con producir de manera eficiente si después no existe una demanda suficiente para la hoja. En este punto cobra importancia la certificación de la hoja de tabaco de Extremadura para su utilización en productos de calentamiento de tabaco. España, junto con Italia, se encuentra entre los primeros países productores europeos en obtener esta certificación. Para las explotaciones, la apertura de nuevos destinos comerciales puede suponer una oportunidad para diversificar la demanda y ampliar las posibilidades de continuidad del cultivo. Philip Morris compra hoja de tabaco en Extremadura de manera ininterrumpida desde 1992. Durante los últimos diez años ha adquirido una media de 6.500 toneladas anuales, alrededor del 30% de la producción total, y acumula una inversión de 230 millones de euros en la región. Philip Morris apuesta por un futuro sin humo La evolución del cultivo extremeño coincide con una transformación más amplia dentro de Philip Morris International. La compañía se presenta actualmente como una empresa de bienes de consumo que busca avanzar hacia un futuro sin humo y ha orientado una parte creciente de su actividad hacia productos sin combustión. Para ello ha reforzado su apuesta por la investigación y el desarrollo. Más de 1.600 científicos, ingenieros y técnicos trabajan actualmente en el desarrollo de productos sin humo, y la compañía asegura haber invertido más de 16.000 millones de dólares desde 2008 en su desarrollo, validación científica y comercialización. Ese cambio también se refleja en sus cuentas. En el primer semestre de 2026, los productos sin humo representaron el 42% de las ventas netas globales de Philip Morris International. La compañía se ha marcado como objetivo superar los dos tercios de sus ingresos procedentes de este negocio en 2030. Esta transformación empresarial ayuda a entender por qué la hoja extremeña puede encontrar nuevos destinos más allá del mercado tradicional. Para el agricultor, la cuestión es más sencilla y más concreta: que esos cambios se traduzcan en demanda y en estabilidad para su explotación. La rentabilidad, en el centro Ahí está probablemente la cuestión de fondo. Para que el tabaco tenga futuro en Extremadura no basta con que existan nuevas tecnologías. La actividad tiene que seguir siendo viable para quien la trabaja. Una herramienta digital solo tendrá sentido para un agricultor si le permite ahorrar recursos, mejorar su producción o reducir determinados riesgos. Del mismo modo, una nueva vía de comercialización sólo será relevante si acaba teniendo un impacto real en la continuidad de las explotaciones. El sector se encuentra así ante una transformación que tiene varias caras. Por un lado, la necesidad de producir de forma más eficiente. Por el otro, la búsqueda de nuevos mercados y usos para la hoja. Y, atravesándolo todo, una cuestión que resulta común a buena parte de la agricultura española: quién estará al frente de las explotaciones dentro de una década. El perfil relativamente joven de los agricultores que han participado en Cultivadores Digitales ofrece un dato interesante. Hay una generación que ya está en el campo y que, al mismo tiempo, parece abierta a incorporar nuevas herramientas. La digitalización no va a resolver por sí sola los problemas del sector. Pero puede contribuir a que algunas decisiones sean más precisas y a que el trabajo resulte más eficiente. En las vegas del Tiétar, donde el tabaco lleva décadas formando parte del paisaje, el futuro puede depender tanto de la tierra y del agua como de algo que hasta hace poco apenas tenía presencia en las explotaciones: la capacidad de convertir los datos en decisiones.
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