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Las claves de las etiquetas negras de los ultraprocesados: de la letra pequeña a su llegada a España

21/11/2025
En: telecinco.es/informativos/
Digital
América Latina ha sido la región pionera en aplicar modelos estrictos los etiquetados Los alimentos ultraprocesados se convierten en "el nuevo tabaquismo": piden etiquetas que alerten de su consumo La preocupación por los efectos de determinados productos industriales sobre la salud ha crecido en los últimos años. Para algunos, hasta situarse en un punto similar al que, décadas atrás, despertó el tabaco. ¿Se implementará un sistema de etiquetado nuevo en los alimentos ultraprocesados en España? Cada vez son más los expertos, instituciones sanitarias y gobiernos de todo el mundo que reclaman advertencias claras en los envases para que la población pueda identificar sin dificultad cuándo un alimento representa un riesgo claro para la salud. Un impulso regulatorio que no surge de la nada. Se alimenta de una combinación de evidencia científica y de datos epidemiológicos que reflejan un aumento constante de enfermedades relacionadas con la alimentación. El etiquetado frontal de los alimentos ultraprocesados puede convertirse -también en España- en una herramienta clave para reducir la exposición a productos que, por su composición, han demostrado favorecer la obesidad, la diabetes y otros problemas crónicos. Qué son las advertencias frontales y por qué se comparan con el tabaco Las advertencias frontales son sistemas visuales que buscan comunicar, sin ambigüedades, si un alimento contiene niveles elevados de: Azúcares Sodio Grasas saturadas Calorías Funcionan del mismo modo que los mensajes sanitarios incluidos en las cajetillas de cigarrillos: avisan de un riesgo concreto y su objetivo es disuadir del consumo excesivo. La comparación con el tabaco ha ganado fuerza porque ambos sectores industriales han seguido estrategias parecidas para evitar regulaciones que afecten a su imagen, desde campañas de confusión hasta presiones políticas. En países de América Latina, el uso de octógonos negros o símbolos similares ha logrado que los consumidores identifiquen de manera rápida los productos más problemáticos. La eficacia de estas señales radica en su simplicidad. No requieren interpretar códigos de colores ni conocimientos nutricionales avanzados y han demostrado un impacto directo en la decisión de compra. Cuando el mensaje es claro, resulta más difícil que la industria construya un relato que minimice los posibles efectos del producto. Qué países utilizan estas advertencias frontales América Latina ha sido la región pionera en aplicar modelos estrictos. Chile. Introdujo en 2016 uno de los sistemas más reconocidos, mediante octógonos negros obligatorios que advierten cuando un producto supera límites establecidos para nutrientes críticos. Perú, Uruguay, México, Argentina, Colombia y Venezuela. Todos ellos siguieron el ejemplo de Chile con normativas que obligan a incluir advertencias visibles en la parte delantera del envase. Ecuador. Adoptó un enfoque distinto, basado en un sistema de semáforo nutricional que también clasifica los excesos en cada nutriente. Bolivia. Utiliza un modelo similar al de Bolivia centrado en colores. Brasil. Introdujo un sistema diferente que utiliza un símbolo rectangular con una lupa en color negro para identificar los productos que contienen altos niveles de determinados componentes Fuera del continente latinoamericano, Israel también ha implementado advertencias frontales con sellos claros destinados a orientar al consumidor hacia elecciones más saludables. Los distintos modelos comparten una idea central: cuanto más directo sea el mensaje, mayor será su capacidad para reducir la compra impulsiva de productos insanos. En el caso chileno, los estudios realizados tras su implementación muestran una caída significativa en la venta de los artículos que reciben más sellos. España y la Unión Europea se lo piensan La situación en España es distinta. Aunque el debate sobre la necesidad de un etiquetado claro existe desde hace años, no se ha establecido un sistema de advertencias similar al de América Latina. La discusión en esta parte del planeta gira en torno a Nutri-Score, un modelo que clasifica la calidad nutricional global mediante un código de colores y letras. Su aplicación ha generado controversia porque algunos productos clave de la dieta mediterránea reciben malas puntuaciones mientras que ciertos alimentos muy procesados, tras ser reformulados, pueden obtener buenas valoraciones. El futuro del etiquetado frontal en España depende en gran medida de la decisión de la Unión Europea, que trabaja en una propuesta armonizada para todos los estados miembros. La UE estudia varios modelos, incluidos los octógonos, los sistemas de semáforo y Nutri-Score. Aunque eso sí, de momento no hay una posición definitiva, lo que mantiene congelada la posibilidad de adoptar un sistema más contundente a nivel nacional. Una transformación social impulsada por la salud pública La transformación no afecta solo a las normas, sino también a la percepción social. Hoy existe una mayor sensibilidad sobre los efectos de ciertos alimentos, y la tendencia global se dirige hacia una mayor transparencia. Las familias, especialmente aquellas con menos acceso a información nutricional, se benefician de herramientas visuales simples que ayudan a identificar riesgos. Este aspecto es crucial, porque la alfabetización nutricional varía enormemente entre regiones y niveles socioeconómicos. El movimiento hacia un etiquetado claro también persigue reducir desigualdades. Cuando la información es accesible y comprensible, los grupos más vulnerables pueden tomar decisiones que antes dependían de un conocimiento técnico complejo. Esta democratización del acceso a la información alimentaria está en el centro de la estrategia adoptada por países latinoamericanos y podría convertirse en un elemento clave para futuras políticas europeas. La industria alimentaria podría verse abocada a pérdidas Las empresas alimentarias han manifestado, cómo no, su rechazo a estos sistemas desde su inicio. Alegan pérdidas económicas, confusión y afectación a la libertad de elección. Y una mayor regulación en la UE, implicaría también el desarrollo de un nuevo etiquetaje que podría ahondar en este rechazo por parte de la población. Sin embargo, estudios realizados en América Latina muestran que no ha habido impactos negativos en el empleo ni en los salarios reales del sector tras la introducción de los sellos. Lo que sí han experimentado es una presión para mejorar la calidad nutricional de sus productos, lo cual beneficia directamente a la población.
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