INFORMACIÓN ACERCA DE LAS COOKIES UTILIZADASLe informamos que en el transcurso de su navegación por los sitios web del grupo Ibercaja, se utilizan cookies propias y de terceros (ficheros de datos anónimos), las cuales se almacenan en el dispositivo del usuario, de manera no intrusiva. Estos datos se utilizan exclusivamente para habilitar y estudiar de forma anónima algunas interacciones de la navegación en un sitio Web, y acumulan datos que pueden ser actualizados y recuperados. En el caso de que usted siga navegando por nuestro sitio Web implica que acepta el uso de las cookies indicadas. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra sección Política de cookies


La industria alimentaria del futuro necesita algo más que tecnología

23/09/2026
En: interempresas.net
Digital
Esther de la Fuente, responsable del sector amec alimentec La industria alimentaria siempre ha tenido que responder a la exigencia esencial de producir alimentos seguros, de calidad y a un coste competitivo. Lo que está cambiando es la cantidad de variables que hoy intervienen en esa ecuación. A la productividad se suman unas mayores exigencias de sostenibilidad, trazabilidad y flexibilidad, mientras las empresas operan en un escenario internacional más fragmentado y sometido a nuevas tensiones geopolíticas. Todo ello ocurre, además, en un momento de aceleración tecnológica. Hablamos con frecuencia de una industria más inteligente. Pero conviene preguntarse qué significa realmente ser inteligente en un entorno industrial, porque disponer de más tecnología no garantiza necesariamente producir mejor. La FAO insiste precisamente en esta cuestión cuando aborda el papel de la tecnología y la innovación en la transformación de los sistemas agroalimentarios: la tecnología necesita conocimiento y capacidades humanas para desplegar todo su potencial. Es una consideración especialmente pertinente para nuestra industria. Una máquina puede generar miles de datos, pero la gran diferencia está en interpretarlos correctamente y convertirlos en decisiones que mejoren el proceso. Pasamos de fabricar máquinas a resolver problemas Desde amec alimentec, la comunidad de amec que agrupa y representa a fabricantes de tecnología alimentaria e ingredientes, vivimos esta transformación desde muy cerca. Nuestras empresas compiten internacionalmente y comparten la capacidad de adaptación y desarrollo de soluciones a medida, una fortaleza especialmente relevante en el contexto actual. Naturalmente, la calidad y fiabilidad del equipo siguen siendo fundamentales. Pero el cliente espera cada vez más algo adicional como consumir menos energía, entender cómo puede mejorar su proceso, reducir una merma, ganar flexibilidad, automatizar una operación o anticiparse a una incidencia. Eso transforma la relación entre fabricante y cliente. Para los fabricantes de tecnología alimentaria, este punto es especialmente relevante. Competir únicamente en producto resulta cada vez más difícil en un mercado global. En cambio, el conocimiento acumulado durante años trabajando con alimentos, procesos y aplicaciones muy diferentes es mucho más difícil de replicar. La digitalización permite aprovechar mejor ese activo y convertirlo en una parte cada vez más tangible de la propuesta de valor. La máquina deja de ser, en cierta medida, el final de la venta para convertirse en el principio de una relación industrial más larga. El conocimiento industrial gana valor Esta transformación explica también por qué conviene evitar una visión excesivamente simplificada de la inteligencia artificial. Su impacto será importante, sin duda, pero la ventaja competitiva difícilmente procederá de utilizar una determinada herramienta antes que los demás. Muchas de esas herramientas acabarán estando ampliamente disponibles, así que lo verdaderamente diferencial será saber dónde aplicarlas. Y para eso hace falta algo menos llamativo, pero mucho más difícil de replicar: conocimiento industrial acumulado. Entender cómo se comporta un alimento durante un proceso térmico; qué ocurre con determinadas materias primas; cómo afecta un cambio de formato al rendimiento de una línea; dónde se generan mermas; qué necesita realmente un cliente que produce en unas condiciones determinadas. La tecnología puede multiplicar el valor de ese conocimiento, pero no sustituirlo. Esta combinación entre ingeniería y experiencia para desarrollar soluciones a medida constituye precisamente una de las fortalezas de muchas empresas españolas de tecnología alimentaria. Frente a modelos industriales basados exclusivamente en escala, existe espacio para competir desde la especialización y la capacidad de adaptación que nos caracteriza. Los datos de amec alimentec reflejan una industria que está recorriendo ese camino desde una posición dinámica. En 2025, el 83,3% de las empresas incrementó su facturación y tres de cada cuatro aumentaron sus exportaciones. Quizá todavía más significativo sea que el 95,5% desarrolla nuevos productos o servicios a través de departamentos propios de I+D. Son cifras que hablan de una industria acostumbrada a evolucionar porque sus clientes y sus mercados también lo hacen. La tecnología no elimina las diferencias entre mercados Esta misma lógica se traslada a la internacionalización. La tecnología facilita operar globalmente, pero no hace que los mercados sean más homogéneos. De hecho, en un escenario internacional cada vez más fragmentado, entender dónde y cómo competir exige probablemente más conocimiento que antes. Esto es especialmente relevante para una industria como la nuestra, con una elevada vocación internacional. India, Arabia Saudí o Argelia aparecen entre los mercados de interés de las empresas de amec alimentec junto con destinos consolidados como Estados Unidos, México, Francia o Alemania. Son mercados muy distintos entre sí y también lo son las oportunidades que ofrecen. La internacionalización requiere interpretar el mercado, construir relaciones y comprender las necesidades del cliente. La capacidad de personalización que caracteriza a muchas de nuestras empresas adquiere aquí una dimensión que va más allá de la tecnológica, se trata también de saber leer el contexto A más tecnología, mayor exigencia en las capacidades Hay además otra consecuencia de esta evolución que implica más exigencia sobre las personas a más tecnología incorporada. Durante mucho tiempo hemos hablado de la automatización fundamentalmente en términos de sustitución de determinadas tareas. Hoy el debate es más complejo. Una planta que integra mecánica, electrónica, software, sensórica, datos y sistemas de inteligencia artificial necesita profesionales capaces de entender cómo interactúan esas disciplinas y, sobre todo, cómo se relacionan con el proceso productivo. Aquí aparece una de las paradojas más interesantes de esta Era Inteligente. La tecnología permite automatizar más tareas y disponer de mucha más información, pero al mismo tiempo aumenta el valor de determinadas capacidades humanas: interpretar, relacionar conocimientos, entender un problema que no viene perfectamente definido, tomar decisiones ante situaciones nuevas o generar confianza con un cliente. La inteligencia artificial probablemente ampliará todavía más esta paradoja. A medida que determinadas herramientas se democraticen y sean accesibles para un número creciente de empresas, disponer de ellas dejará de constituir por sí mismo una ventaja. Por eso, cuando pensamos en la industria alimentaria de los próximos años, quizá debamos hablar menos de tecnologías concretas y más de las capacidades que necesitamos construir alrededor de ellas. Alimentaria FoodTech reúne precisamente a muchos de los actores que están afrontando estas preguntas, como fabricantes de tecnología, empresas alimentarias, ingenierías y centros tecnológicos e instituciones, entre otros. Es un gran espacio para observar hasta dónde están llegando las nuevas herramientas, pero también para mantener una conversación más profunda sobre las capacidades que necesitaremos para aprovecharlas. Quizás la principal característica de la Era Inteligente sea que cuanto mayores son las posibilidades de la tecnología, mayor es también nuestra responsabilidad para saber qué hacer con ellas. En amec alimentec creemos que una industria más inteligente también será una industria más conectada entre sí. Los retos que tenemos por delante son demasiado complejos para afrontarlos de manera aislada, y compartir conocimiento nos permite avanzar mejor y anticiparnos a los cambios. Por eso queremos seguir construyendo una comunidad de empresas con vocación internacional, innovadoras y con voluntad de transformarse. Porque ante retos cada vez más compartidos, sumar capacidades y afrontarlos juntos es también una forma de ser más competitivos. Si compartes esta manera de entender la industria, queremos contar contigo para seguir construyéndola.
Fundación Bancaria Ibercaja C.I.F. G-50000652.
Inscrita en el Registro de Fundaciones del Mº de Educación, Cultura y Deporte con el nº 1689.
Domicilio social: Joaquín Costa, 13. 50001 Zaragoza.
Contacto Aviso legal Política de privacidad Política de Cookies