El campo leonés registra una caída del 30% en uno de sus motores y reclama precios dignos No corren buenos tiempos para el cereal. León es productora clave en España y aquí la superficie de cultivo se ha reducido un 30%. La peor parte se la lleva la avena que, aunque es minoritaria en la provincia, representa una caída aún mayor: el 40% menos de terreno cultivado. Esto refleja otra realidad que claman los agricultores: que lo que no es rentable no se puede sembrar. «La influencia de precio es lo que apunta a sostener o no un cultivo y necesitamos precios dignos para lo que producimos», señala José Antonio Turrado, secretario general de Asaja en Castilla y León. Junto al centeno, la avena se suele dejar para los terrenos menos productivos; mientras que el trigo y la cebada son los mayoritarios en el campo leonés. Aunque unos y otros presentan circunstancias diferentes, comparten la caída de la cosecha. La avena se ha colocado a la cabeza de esta lista negra, pero el resto del cereal también ha disminuido un 30%. Un panorama que no se presenta alentador. «Creemos que esta situación va a ir a más», asegura Turrado, quien recuerda que «venimos de un año en el que hemos sido reticentes a sembrar por la poca rentabilidad y eso no mejorará el año que viene». Ese 30% que se ha dejado de cultivar en la provincia se ha distribuido de dos formas: barbecho y girasol. El primero, las tierras que no se han sembrado, ha pasado de tener 49.600 hectáreas el año pasado a 69.200 este año. Estas casi 20.000 hectáreas a mayores ponen de manifiesto el abandono de superficie ante la escasa rentabilidad. Además, según detalla el secretario general de Asaja en la comunidad, «es un barbecho que no se está cuidando de cara al futuro ni con la idea de sembrarlo el año que viene, sino que está en malísimas condiciones agronómicas, lo que muestra desinterés por parte del agricultor». Mientras, el girasol ha conquistado también parte del hueco dejado por el cereal, alrededor de 10.000 hectáreas, «no porque sea rentable, sino porque es un cultivo que tiene menos gastos», detalla Turrado. En resumen, las condiciones climatológicas influyen en esta realidad, pero la parte económica es la que tiene mayor peso y el campo lo tiene claro: ha mermado la rentabilidad. La crisis del cereal es uno de los asuntos con los que se ha comprometido a trabajar el nuevo consejero de Agricultura, Ganadería y Desarrollo Rural de la Junta, Joaquín Antonio del Pino. A este respecto, Turrado tiene claro que «es un problema que no puede resolver nadie y tampoco el consejero». Se trata, según él, de una cuestión «geopolítica global que sale del ámbito autonómico, nacional y europeo». Por eso apuesta por «medidas paliativas mientras se resuelve el problema». Sí valoran desde Asaja la disposición a atajar el problema por parte de la Junta. «Ojalá llegue algo, pero lo cierto es que ni Bruseñas ni la Junta han aportado nada hasta el momento, mientras que el ministerio sí», matiza Turrado. La situación general en el resto de Europa no es mucho mejor y recuerda el responsable de la organización agraria en Castilla y León que en Francia la superficie de maíz se ha reducido más de un millón y medio de hectáreas por las mismas razones. «Aquí no tenemos más alternativas, hemos hecho unas tremedas inversiones y tenemos que sembrar maíz aunque sea para pagar al banco y a la comunidad de regantes», enfatiza. El nuevo consejero de Agricultura, Ganadería, Medio Rural y Política Ambiental, Joaquín Antonio Pino mantuvo la semana pasada su primera reunión con los representantes de las organizaciones profesionales agrarias (opas), ante quienes se comprometió a buscar «soluciones eficaces» ante la «crítica» situación del sector cerealista de Castilla y León, tal y como informó Efe. Pino reconoció que hay un «contexto de altísimos costes de producción y bajos precios» para el cereal, un sector con el que se reunirá en los próximos días a través de las cooperativas y la industria agroalimentaria. Sí señaló que la situación del cereal se debe al incremento de los costes de producción y también hizo hincapié en la amenaza que se cierne sobre el sector remolachero debido a algunos de los acuerdos comerciales recientemente suscritos; las dificultades del sector ovino y caprino o la necesidad de dar prioridad y potenciar el cebo y sacrificio de los terneros en la Comunidad.