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El vino español sometido a los aranceles de Trump

10/12/2019
En: hoy.es
Digital
El vino español sometido a los aranceles de Trump En la práctica no afectan a todas las zonas productoras, sino a aquellas con tradición exportadora de caldos tranquilos, de menos de 14 grados, que son una buena parte de nuestras denominaciones de origen. Tampoco están afectados ni espumosos ni vinos de licor Se ha hablado mucho del impacto de los aranceles impuestos por el Gobierno de Trump al aceite de oliva español y a la aceituna de mesa. Una barrera del 25% que supone una muy fuerte limitación para nuestras exportaciones. Pero otros productos de mucha relevancia comercial también se encuentran bajo el mismo paraguas, como es el caso del vino. Hay que recordar que la Organización Mundial del Comercio fijó en 6.850 millones de euros el valor de las sanciones comerciales que Estados Unidos puede imponer a la Unión Europea (UE) por las ayudas otorgadas a Airbus. Por lo tanto, EE UU no está aplicando estos aranceles a todos los productos europeos, sino solo a los de algunos países beneficiarios de dichas ayudas, como es España. Los vinos y aceites italianos, por ejemplo, no son objetivo de esta batalla comercial. En todo caso, estas altas tasas empezaron aplicarse en el mes de octubre, por lo que todavía es pronto para cuantificar de forma precisa las pérdidas que están suponiendo a nuestro sector de vino, aunque ya están afectando a las negociaciones con los importadores. Lo que sí sabemos es que el mercado estadounidense es el segundo destino en valor para nuestro vino envasado, ya que se ha estado vendiendo a precios muy elevados y con alta rentabilidad. Solo un 5% son exportaciones a granel. En la práctica no afecta a todas las zonas productoras, sino a aquellas con tradición exportadora de vinos tranquilos, de menos de catorce grados, que son una buena parte de nuestras denominaciones de origen. Tampoco están afectados ni espumosos ni vinos de licor. El director de la Federación Española del Vino (FEV), José Luis Benítez, estimó la semana pasada en La Trilla de Capital Radio, que en los últimos diez años, entre fondos de la Organización Común del Mercado y fondos propios aportados por las bodegas, las exportaciones a Estados Unidos han rondado los 400 millones de euros, alrededor del 10-15% de su valor total. Se trata, por tanto, de un mercado muy competitivo en el que ha costado mucho penetrar y en el que es difícil mantenerse, por lo que esta nueva situación, sin duda va a hacer un serio daño a parte de los bodegueros y exportadores. En todo caso la posición del sector no pasa por intentar sustituir el mercado estadounidense por otros, sino intentar mantenerlo, tal como reconoce la propia FEV. Para tratar de compensar esta crisis de mercado, al menos en parte, Bruselas ha propuesto cambios en los programas nacionales de promoción del vino. Entre otras medidas, la Comisión ha planteado la posibilidad de modificar los mercados a los que se dirigen las campañas de promoción ya aprobadas, modificar dichos programas, aumentar la tasa de financiación de la UE pasando del 50% hasta el 70-75%, eliminar su límite de duración, etc. Más allá de esta significativa decisión, lo más importante ahora es la celeridad, porque los procesos de discusión, aprobación, publicación y aplicación son lentos. Para más inri, el sector del vino está preocupado por el bajo precio y la caída del consumo. El director general de la Organización Internacional de la Viña y el Vino, el español Pau Roca, lo ha denominado el tsunami antialcohol. Una situación que se produce a nivel global y que obliga al sector a mantener un diálogo directo y continuado con la Organización Mundial de la Salud, para que lo diferencie de otras bebidas alcohólicas. Se trata de un problema que va más allá de nuestras fronteras, y no basta con que la legislación española lo reconozca como alimento y no como bebida alcohólica.
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