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El vino de la semana: Cabrida 2019

21/03/2022
En: lavanguardia.com
Digital
El Celler de Capçanes se fundó en 1933 por parte de cinco decididas familias de este pequeño pueblo con encanto de la comarca del Priorat. Los tiempos y las necesidades del mercado cambiaron y, después de más de 50 años desde la fundación de la bodega cooperativa, se dieron cuenta de que los grandes volúmenes y el trabajo colectivo ya no eran suficientes si seguían vendiendo su producción a una gran bodega del Penedès. Tenían que ir más allá, y consiguieron convencer a 84 vecinos del pueblo para elaborar vino invirtiendo en una bodega. Tuvieron que pedir un crédito a Caixa Tarragona e hipotecar sus tierras. No todos los viticultores de Capçanes quisieron correr el riesgo. Su apuesta, sin embargo, no podía acabar siendo más acertada. Hoy elaboran una treintena de referencias propias que suman cerca de 1 millón de botellas anuales, fruto de las 210 hectáreas de viñedos propiedad de los 81 socios productores de la cooperativa. Exportan un 65% de su producción a 45 países de todo el mundo. Marcó un antes y un después en la trayectoria de esta cooperativa de la DO Montsant la elaboración, a partir de 1995, de vino kosher, con el método lo Mevushal, cuyo éxito los hizo atravesar fronteras. Los kosher son vinos ritualmente aptos para la religión judía. Actualmente, su gama de vinos kosher suma ya un 10% de su producción anual. Anna Rovira, la directora técnica CLV Durante 32 años, hasta 2012, su primer presidente fue Francesc Blanch, uno de los más destacados impulsores de la cooperativa y también de la creación de la última de las denominaciones de origen catalanas, la del Montsant. Una de las pequeñas parcelas de su finca, Cabrida, dio nombre a su vino más icónico, que se estrenó en el mercado con la añada de 1996. Explica Blanch que su abuelo le contó que ya su bisabuelo apodaba Cabrida a esta parcela porque, al parecer, atraía la voracidad de cabras salvajes. La primera añada se elaboró con uvas de esta pequeña parcela y con las de otro viñedo, situado en el Vall del Calàs, con viejísimas vides que, por aquel entonces, ya tenían 103 años. Blanch, de 79 años, recuerda que "nuestra idea era elaborar un tinto monovarietal de garnacha, que en aquellos años apenas existían, con uvas de muy viejos viñedos del pueblo". Ya desde un buen inicio el vino creado por el enólogo Àngel Teixidó gustó a catadores como José Peñín (Guía Peñín) o cuando se presentó en la feria internacional Prowein de Düsseldorf. Ello los animó, según Francesc Blanch, a continuar elaborándolo. El actual responsable de exportación, marketing y comunicación del Celler de Capçanes, Jürgen Wagner, descubrió el Cabrida trabajando para el importador norteamericano Eric Solomon (European Cellars), el esposo de la elaboradora del prestigioso Clos Erasmus del Priorat. Wagner, que entonces residía en Tarragona, se dedicaba a buscar vinos para exportar y llegó a Capçanes atraído por unos pioneros tintos kosher que despertaron el interés de Solomon, de padre judío. El director técnico y enólogo Àngel Teixidó fue quién les descubrió los viejos viñedos donde nacen las uvas del Cabrida, en suelos calizos y pedregosos, pizarrosos, graníticos, franco arenoso-limosos y arcillosos. Todos ellos se plantaron, como mínimo, hace 80 años. Los hay de hace más de un siglo. La producción media por vid no alcanza el kilo de uva. Vendimia en el Celler de Capçanes CLV Con el Cabrida Àngel Teixidó quiso reivindicar la garnacha tinta "tal y como es en Capçanes" en tiempos en los que la variedad era "despreciada". Elaboró un vino "con estructura, cuerpo y que tuviera larga vida". En junio de 2016 relevó a Teixidó en la dirección técnica de la bodega la también enóloga Anna Rovira. Dos años más tarde, coincidiendo con la añada 2018, Rovira reinterpretó a su manera el Cabrida. Su idea era "refinarlo" para conseguir que volviera a "despertar curiosidad". Ese año el Cabrida estrenó la actual botella borgoñesa, y un nuevo diseño. No esconde Anna Rovira que llegó a sentir "terror" por el miedo a intervenir en exceso y "fastidiarla". El buen resultado obtenido, sin embargo, disipó cualquier duda. Para Rovira, Cabrida "es una joya, la estrella del Celler de Capçanes". Por su parte, Jürgen Wagner afirma que hoy Cabrida es el vino que siempre había deseado, destacando como valor su positiva ligereza actual. Reconoce que en sus inicios "era goloso, musculoso, sabroso y con mucho alcohol", y que no le gustan "las bombas de fruta azucarada". Llega a afirmar que "la garnacha tinta es la pinot noir del sur de Europa", y que el Cabrida "me pone la piel de gallina y me hace bailar como Michael Jackson", o sea, con los singulares latigazos con sus brazos y piernas, con gestos robotizados y con movimientos pélvicos y de cadera. La reinterpretación del Cabrida fue un éxito Las uvas del Cabrida 2019 se vendimiaron manualmente a finales de septiembre, y llegaron a la bodega en cajas de 18 kilos. La selección de los racimos se hizo en los propios viñedos. Las bayas de garnacha tinta se pisaron con los pies en bañeras de acero inoxidable. La mitad del volumen se trabajó con un 100% de raspón de la misma garnacha bien lignificada. Utilizan bajas dosis de sulfuroso, tras la fermentación maloláctica y justo en el embotellado. La maceración con las pieles se prolongó por espacio de cuatro semanas en depósitos de acero inoxidable, con un par de pigéage diarios. La maloláctica también se practicó en los tanques de acero inoxidable. La crianza se realizó durante 12 meses en un foudre de 3.000 litros, para regresar al tanque de acero inoxidable durante un mes antes de ser embotellado. La crianza en botella se alargó un año. La producción de esta añada fue de unas 3.000 botellas. Un 85% de su producción se exporta, principalmente a Alemania, Suiza, China y Japón. Ni siquiera la pandemia, que los hizo reinventarse, impidió que continuaran la promoción internacional. Las adversidades por las limitaciones de movilidad los llevaron a adquirir una furgoneta-caravana, que convirtieron en una wine truck para poder presentar y dar a catar sus vinos en diversas ciudades europeas. En ella han ofrecido eventos y experiencias que han bautizado como 'Capçanes On the Road'. La wine truck de 'Capçanes On the Road' CLV Cabrida 2019 es de capa media-baja y tiene un bonito color rubí. Exhibe fruta roja madura ( fresas y cerezas) en un fondo mineral con notas que recuerdan la punta de lápiz y la tiza. Es fragante. Destaca por su floralidad (lavanda) con toques que recuerdan a las hierbas aromáticas mediterráneas, al enebro o al cacao en polvo. De tacto sedoso y con fluidez. Presenta una muy buena acidez, que le da profundidad. La crianza en madera está integradísima. Es sabroso, elegante, estilizado y sutil, y muy bebible pese a su licorosidad (15º). Ideal para armonizar con volatería, con unas costillitas de cabrito a la milanesa o incluso con un rodaballo al horno. Desde la bodega se afirma que el frescor de esta garnacha hace que este vino sea el compañero perfecto de platos como el magret de pato con culís de frutos rojos, los quesos cremosos y las manitas de cerdo . Añaden que es "muy recomendable" maridarlo con risottos con setas y carnes blancas rustidas. A Jürgen Wagner le gusta maridarlo con un plato de cuscús con verduras y cordero o con una receta de su propia madre: buey adobado con vino tinto, clavo, laurel y enebro. Cabrida 2019, Celler de Capçanes DO Montsant Uvas: garnacha tinta Precio: 38
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