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El tesoro agrícola: lentejas con ADN único

17/02/2026
En: cambio16.com
Digital
La Universidad de Las Palmas de Gran Canaria lideró el estudio, en colaboración con la Universidad de La Laguna y la Universidad de Linköping (Suecia). Los investigadores compararon el ADN antiguo con muestras actuales de Canarias, la península ibérica y Marruecos, confirmando una continuidad genética casi pura durante quince siglos. El trabajo se publicó en el Journal of Archaeological Science Los silos prehispánicos, excavados en roca volcánica, preservaron las semillas en condiciones ideales de baja humedad y temperatura estable. Gracias a su ubicación remota y de difícil acceso, evitaron cualquier mezcla con variedades externas. Así, las lentejas canarias conservan rasgos adaptativos originales que las distinguen claramente de los cultivos continentales, más cruzados e híbridos. Las mujeres indígenas desempeñaron un papel clave en la transmisión del conocimiento agrícola. Ellas seleccionaban generación tras generación las semillas más resistentes. Con ello aseguraron la supervivencia de estas prácticas incluso después de la conquista europea en el siglo XV. Su legado cultural no solo perdura, sino que hoy fortalece la diversidad genética de las lentejas canarias. Silos prehispánicos de Canarias, excavados en roca volcánica, preservaron las semillas de lentejas con claves genéticas de adaptación al calor extremo y las sequías relacionadas con el cambio climático / ecoinventos.com La diversidad genética varía notablemente entre islas como Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura. Por ejemplo, la lenteja típica de Lanzarote influyó en variedades peninsulares españolas a través de antiguos híbridos. En consecuencia, el archipiélago alberga un valioso banco genético que puede resultar crucial para la agricultura global frente al aumento de sequías por el cambio climático. El proyecto contó con supercomputadora sueca para procesar grandes volúmenes de datos con alta precisión. El hallazgo nos invita a reflexionar y a impulsar la conservación de variedades locales como estrategia clave para garantizar la seguridad alimentaria en el futuro. Viaje desde el norte de África Los pobladores amazigh introdujeron las lentejas en Canarias alrededor del siglo III d.C, durante migraciones desde el norte de África. Las pruebas genéticas confirman similitudes del 90% entre las semillas antiguas y las modernas, lo que demuestra que este cultivo ha perdurado sin interrupciones durante casi dos milenios. Las crónicas europeas del siglo XV apenas mencionan las lentejas entre los cultivos indígenas. Sin embargo, el análisis de ADN llena ese vacío histórico y muestra que los colonizadores adoptaron muchas prácticas locales tras la drástica reducción de la población aborigen, forjando así una herencia agrícola compartida. Muestra de las lentejas milenarias de Canarias utilizadas en el estudio genético de adaptación de cultivos a los rigores del cambio climático / nationalgeographic.com Las comparaciones con variedades marroquíes revelan linajes comunes bien adaptados a la aridez. Gracias al aislamiento insular, las lentejas canarias evitaron cruces masivos con otras variedades foráneas y conservan una pureza genética superior a la de muchas lentejas peninsulares, que sí han sido ampliamente hibridadas Este estudio pionero en leguminosas arqueológicas aplicó métodos avanzados de secuenciación genética y analizó un centenar de muestras modernas para validar los resultados. De esta forma, posiciona a Canarias como un referente clave en la historia agraria antigua del Mediterráneo y el Atlántico. Los hallazgos en islas como Fuerteventura amplían el mapa conocido de los cultivos prehispánicos y enriquecen nuestra comprensión de su distribución local. Esta variabilidad intra-archipiélago se convierte en un recurso estratégico para enfrentar los retos agrícolas del siglo XXI. Las antiguas migraciones unen África y Canarias en redes culturales profundas. El origen bereber de estas lentejas alimenta el orgullo identitario canario y motiva la protección de legados agrícolas compartidos entre ambos lados del Atlántico. Resistencia al clima extremo Las lentejas canarias toleran temperaturas superiores a 35 °C y sequías prolongadas de varios meses. Estas capacidades surgieron de una larga selección natural en suelos volcánicos pobres y permiten superar, en pruebas de estrés hídrico, los rendimientos de muchas variedades europeas convencionales. Investigadores destacan su enorme potencial para el mejoramiento genético. Gracias a adaptaciones probadas durante dos mil años, estas lentejas pueden servir de base para nuevos híbridos resistentes, ayudando a contrarrestar las pérdidas globales de hasta el 40% en cultivos por sequía, según la FAO. Cultivo de lenteja tradicional canaria / eldiario.es Estas variedades locales prosperan con precipitaciones anuales inferiores a 300 mm, lo que las hace ideales para regiones mediterráneas cada vez más afectadas por el calentamiento global. Además, mantienen una alta calidad nutricional incluso bajo condiciones adversas. A diferencia de los cultivos intensivos que dependen de riego abundante, las lentejas canarias requieren pocos insumos externos. Por ello, promueven una agricultura sostenible y de bajo costo, que resulta especialmente viable para pequeños productores en zonas áridas. Las pruebas genómicas han identificado y cuantificado genes relacionados con la tolerancia al estrés térmico e hídrico. Estos marcadores permiten una edición genética precisa en laboratorios modernos, con el fin de acelerar el desarrollo de soluciones frente a las olas de calor cada vez más frecuentes. El éxito evolutivo de estas lentejas radica en la interacción perfecta entre planta, suelo volcánico y clima insular. La armonía inspira innovaciones ecológicas y transforma los desafíos climáticos en oportunidades reales de autosuficiencia alimentaria. Secretos de los silos volcánicos Hace más de mil años, los aborígenes tallaron silos en rocas volcánicas para almacenar sus cosechas. Estas estructuras remotas mantenían la humedad por debajo del 10%, lo que ayudó a preservar el ADN vegetal intacto durante siglos. Decenas de silos en Gran Canaria aún guardan granos prehispánicos. Su diseño ingenioso evitaba plagas y roedores, y el uso continuo mantuvo condiciones óptimas sin interrupciones significativas hasta después de la conquista. Arqueólogo recoge muestras en un granero prehispánico de Gran Canaria que aportó semillas para el estudio / eldiario.es La porosidad natural de las rocas volcánicas absorbía el exceso de humedad, mientras que los interiores permanecían estables pese a la erosión superficial. Gracias a ello, los científicos han obtenido muestras prístinas para sus análisis genéticos. Los equipos arqueológicos excavaron varios sitios con métodos precisos y extrajeron granos sin contaminación externa. De esta manera, lograron datos fiables que demuestran la continuidad agrícola a lo largo de milenios. La geología volcánica única favoreció una conservación pasiva excepcional, con temperaturas constantes entre 15 y 20 °C que protegían los embriones. Así, estos silos funcionan como auténticos archivos naturales vivos del pasado agrícola. El ingenio indígena fusionó arquitectura y ecología de forma admirable. Hoy inspira técnicas modernas de almacenamiento sostenible y honra la sabiduría ancestral en plena era tecnológica. Mujeres guardianas del campo Durante generaciones, las mujeres indígenas seleccionaron y transmitieron semillas adaptadas a la aridez extrema. Su conocimiento aseguró cultivos estables y, tras la conquista, influyó en las prácticas agrícolas de los nuevos pobladores. A día de hoy, las mujeres canarias siguen reconociendo y utilizando más plantas comestibles locales que otros grupos. Esta tradición oral persiste en comunidades rurales y vincula el pasado con prácticas sostenibles del presente. Las narrativas históricas a menudo invisibilizaron su rol central. Sin embargo, el análisis de ADN reivindica su contribución directa a los linajes genéticos actuales y corrige sesgos históricos con evidencia científica sólida. Ellas priorizaban variedades de alto rendimiento en sequía y transmitían técnicas de siembra familiar. Así lograron preservar conocimientos valiosos a pesar de los drásticos cambios demográficos provocados por la conquista. Como sus antepasadas, las mujeres canarias de hoy siguen reconociendo y utilizando más plantas comestibles locales que otros grupos y continúan ayudando a preservar variedades resistentes como las lentejas, vitales en la adaptación al cambio climático / atlasruraldegrancanaria.com Los estudios etnobotánicos actuales confirman un mayor saber femenino en plantas locales. Esto refuerza políticas de empoderamiento rural y permite integrar la perspectiva de género en estrategias de conservación agrícola. El legado de estas mujeres empodera identidades colectivas y despierta una conciencia igualitaria sobre la herencia cultural. En última instancia, fortalece la resiliencia comunitaria ante los retos globales del siglo XXI. Horizonte verde sostenible Los bancos de semillas insulares preservan hoy la diversidad entre islas. La ULPGC impulsa iniciativas con apoyo europeo para proteger genes raros frente a la uniformidad impuesta por la agricultura comercial. Las lentejas canarias contribuyen al mejoramiento mundial de leguminosas. Ante sequías que afectan a millones de personas, según el IPCC, ofrecen soluciones probadas y elevan el perfil atlántico en la ciencia agraria. Proyectos locales fomentan el consumo de variedades ancestrales, generando empleo rural y turismo gastronómico. De este modo, unen economía, cultura y patrimonio vivo en un círculo virtuoso. Si se editan los genes identificados, los cultivos híbridos podrían ganar hasta un 25% más de tolerancia hídrica en pruebas iniciales. Esto aceleraría su adopción práctica en regiones vulnerables al cambio climático. Las colaboraciones internacionales expanden las aplicaciones de estos hallazgos e integran datos canarios en bases genómicas globales. De esta manera, el archipiélago se posiciona como líder en bioeconomía verde y sostenible. Este descubrimiento cataliza un cambio positivo colectivo: el pasado inspira la acción presente y permite soñar con cosechas resilientes que garanticen un futuro alimentario más equitativo y próspero para todos. + en Cambio16.com: Semillas mejoradas, salvavidas biotecnológico frente al cambio climático
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