El quinto de una vocación veterinaria de seis generaciones en Cáceres

11/02/2025
En: elperiodicoextremadura.com
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Muchas de las personas que se dedican a su trabajo lo hacen por vocación, por continuar con una herencia familiar o por ambos motivos, sin embargo, pocos son los que siguen con el mismo legado durante dos siglos. En el caso de Jesús Ramón Galán Quintanilla es el quinto veterinario de una saga de seis generaciones que ejercieron y desempeñan esta profesión. Jesús Ramón Galán tiene constancia de seis generaciones de veterinarios sin discontinuidad, el primero fue Miguel Quintanilla (1820-1883). El tatarabuelo de Galán ejerció como albéitar, término atribuido a los sanadores de caballos y mulas, bestias primordiales en las labores del campo y para viajar en aquella época. El linaje continuó con Benito Quintanilla Díaz Panadero (1848-1912). Tuvo ocho hijos de los cuales tres se dedicaron a este trabajo ligado a la salud animal. Estudiaron la carrera y uno, a los 16 años, entró en la Escuela Superior de Veterinaria y obtuvo el título de primera clase (5 años). El abuelo de Galán, Eulogio Quintanilla Izquierdo (1886-1916), fue uno de estos hermanos. Eulogio contrajo matrimonio con Rosario Justo Lizcano y de este enlace nació María Quintanilla, madre de Galán, y Eulogio Quintanilla Justo, único varón veterinario. Eulogio Quintanilla Justo, hijo póstumo puesto que su padre falleció a los 29 años, heredó la clínica veterinaria de su padre. Su progenitor dejó como condición que el descendiente que continuase con la profesión se quedaría con la clínica y un dinero para estudiar la carrera. María Quintanilla, hermana de Eulogio, se casó con Lucio Galán, un abogado de Montánchez. Este matrimonio tuvo a Jesús Ramón Galán, la quinta generación de veterinarios. Mientras que, la última del árbol genealógico de veterinarios es su hija, María Jesús Galán Alonso, que regenta una clínica en la avenida Alemania de Cáceres. Jesús Ramón Galán cree que el testigo no se va a perder, puesto que su hija se casó con José Pecero, un hombre que también se dedica a esta profesión, con el que ha tenido dos hijos. "Con los dos niños que tiene me imagino que saldrá la séptima generación", confía Jesús Ramón Galán. Vida ligada a una vocación Jesús Ramón Galán nació en Alcázar de San Juan (Ciudad Real), al igual que las cuatro generaciones anteriores de veterinarios. No obstante, no ejerció su oficio en tierras manchegas sino en Extremadura. Galán Quintanilla comenzó su andadura profesional en Zorita, tras coger una vacante al terminar la mili en el 1978. Aunque su vocación viene de la rama familiar de Álcazar de San Juan, también tiene parte de razón de ser en Cáceres. Jesús Ramón Galán pasaba temporadas en Montánchez, el pueblo de su padre, cuando era joven. Allí, conoció al veterinario Guillermo Nogales, "un maestro en lo mío". Con él se escapaba a caballo a cualquier campo y "mi abuela ni se enteraba". También, en la localidad cacereña visitaba la finca del médico del pueblo y le gustaba ver cómo herraban las caballerías y forjaban las herraduras a pocos metros de donde dormía. Cuando Galán decidió estudiar la carrera, su abuela le dijo: "Ya está bien de veterinarios, olvídate de esta profesión". No obstante, estudió la carrera por vocación. Jesús Ramón Galán Quintanilla comenzó su carrera en Zorita. / Carlos Gil Tras graduarse en León, el alcazareño empezó su trayectoria profesional en Zorita, tanto la vertiente sanitaria como en agricultura, situación que los veterinarios no siguen en la actualidad, puesto que se dedican a una de las dos labores. "Hacía de todo", asegura. Después, su andadura profesional le llevó a ser inspector provincial en Cáceres. Galán dedicaba el horario de la mañana al trabajo de oficial en Sanidad y por la tarde a otras labores. "Monté un circuito de inseminación artificial en el Casar de Cáceres", en una época donde había muchas vacas. Con los años, "me reclamaron en Mérida y estuve como jefe de servicio de Salud Pública y Consumo de Extremadura", relata. Al cabo de los once años, volvió a su plaza de veterinario de matadero en un primer lugar en Arroyo de la Luz y después en Cáceres. Pero por motivos de salud, dejó esa labor y le trasladaron al control sanitario de los dos hospitales de la capital cacereña (San Pedro y Virgen de la Montaña) donde se jubiló en 2016. Galán relata que la profesión no tiene nada que ver con el trabajo que él empezó. En la actualidad, los veterinarios se dedican a la clínica privada, la salud pública o la agricultura. "Cuando yo empecé ibas a barrer, tenías que hacer de todo". Por otra parte, las técnicas que usan los veterinarios de estos tiempos "no son las mismas que teníamos. Nosotros improvisábamos la mitad de las veces", afirma. Galán cuenta que pasó noches estudiando para operar y conocer el procedimiento, pero ahora "disponen de muchas cosas a su alcance". Aunque Galán dice que la profesión ha cambiado, lo que se mantiene tanto antes como ahora es que "como no tengas vocación en esta profesión vas muy mal". La legislación europea, un desafío Durante su carrera vivió retos, pero el desafío que más le marcó fue la actualización de todas las industrias alimentarias a la legislación de la que por entonces se denominaba Comunidad Económica Europea. Según Galán estos años fueron "durísimo" donde tenían que adaptarse a la normativa europea, incluso "un alcalde me decía que él no se quedaba sin matadero". Desde Europa venían a controlar el sector y si era grave te cerraban el establecimiento, pero "salimos bastante airosos", define. Jesús Ramón Galán Quintanilla. / Carlos Gil Cuando Galán era inspector provincial tenía a cargo todos los veterinarios de Cáceres y "ellos estaban acostumbrados a lo mismo que yo, pero cambió todo por medio del ministerio y había que controlar más las industrias y la labor alimentaria". Aunque no fue el único reto, también sufrió las vacas locas y la peste aviar. Dos siglos de legado Galán se dedicó durante más de tres décadas al mundo de la veterinaria, pero si tuviera que llevarse algo de esta profesión sería que su hija, María Jesús, continúa con el legado familiar. "Es un orgullo" ver como la tradición que empezó con Miguel Quintanilla (1820-1883) sigue en 2025. Toda una vocación que llevó a una saga familiar a estar ligada a los animales y a la salud durante casi dos siglos. Suscríbete para seguir leyendo
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