El invierno vuelve a poner a prueba la energía europea

28/08/2026
En: diarioresponsable.com
Digital
Europa vuelve a mirar al invierno con preocupación. A 20 de agosto, los almacenamientos de gas de la Unión Europea se sitúan alrededor del 62% de su capacidad, frente al 74% de hace un año, según datos de Gas Infrastructure Europe. La Comisión Europea considera que no existe actualmente un riesgo inmediato para el suministro. Sin embargo, la UE afronta los próximos meses con un colchón menor y en un contexto internacional mucho más incierto. La principal vulnerabilidad europea sigue estando en su dependencia de los mercados internacionales de gas. La sustitución progresiva del gas ruso ha reducido un riesgo geopolítico, pero ha aumentado el peso del gas natural licuado (GNL) y la exposición a un mercado global en el que Europa compite con Asia. Una interrupción de la oferta o un aumento de la demanda asiática puede desviar cargamentos y trasladarse rápidamente a los precios. Las tensiones en Oriente Medio han vuelto a demostrar hasta qué punto una crisis a miles de kilómetros puede terminar afectando al coste de la energía en Europa. El gas TTF, referencia del mercado europeo, ha vuelto a superar los 60 euros por MWh este verano. Y aquí está probablemente una de las claves del próximo invierno: no se trata solo de disponer de suficiente energía, sino de su precio. Cuando el gas se encarece, el efecto acaba llegando a la electricidad, la inflación, los hogares y, especialmente, a las industrias intensivas en energía. Europa puede superar el invierno sin problemas de abastecimiento y sufrir, al mismo tiempo, las consecuencias económicas de unos precios persistentemente elevados. La seguridad energética es también un problema de competitividad. La respuesta europea pasa por reducir estructuralmente la dependencia de los combustibles fósiles. Renovables, nuclear, almacenamiento, redes e interconexiones forman parte de esa estrategia. La Comisión Europea destaca que el aumento de la generación limpia está reduciendo las horas en las que los combustibles fósiles determinan el precio mayorista de la electricidad. Las renovables y la nuclear generan ya más del 70% de la electricidad de la Unión. Dentro de este escenario, España ocupa una posición singular. Su elevada capacidad de regasificación, la diversificación de proveedores y el fuerte crecimiento de la generación renovable reducen su vulnerabilidad ante una posible interrupción del suministro. Las renovables produjeron más del 55% de la electricidad española en 2025, según Red Eléctrica. Por su parte, la Comisión Europea sitúa el precio mayorista medio español de ese año en 66 euros por MWh, el cuarto más bajo de la UE. Esta situación abre una oportunidad que va más allá de la seguridad energética. Una electricidad comparativamente competitiva puede favorecer la localización en España de actividad industrial, centros de datos y procesos productivos intensivos en energía. Producir electricidad renovable para exportarla es solo una parte de la oportunidad. La otra es atraer a España inversiones que buscan energía abundante y competitiva. En pleno debate sobre cómo recuperar competitividad industrial en Europa, la energía puede convertirse en una ventaja para la economía española. Pero existe un límite evidente: la conexión con el resto del continente. España continúa siendo una isla energética relativa. Este verano, España, Francia, Portugal y la Comisión Europea han acordado acelerar nuevas interconexiones transpirenaicas, consideradas estratégicas para la seguridad, la competitividad y la descarbonización de la UE. La nueva conexión con Portugal, inaugurada en julio, ha añadido alrededor de 1.000 MW de capacidad de intercambio. Sin redes suficientes, almacenamiento e interconexiones, parte de la ventaja de disponer de abundante generación renovable puede terminar desaprovechándose. La decisión de prolongar la actividad de la central nuclear de Almaraz hasta 2030 ofrece otra señal interesante. El Gobierno ha justificado la extensión, entre otros motivos, por la volatilidad del gas y la incertidumbre geopolítica. La propia orden que autoriza la prolongación estima que mantener Almaraz podría reducir alrededor de un 7% la generación con ciclos combinados de gas en 2030. Es una muestra de que, al menos a corto y medio plazo, la seguridad energética obliga también a tomar decisiones pragmáticas. El próximo invierno volverá a poner a prueba el sistema energético europeo. El reto ya no es exactamente el de 2022. Europa ha diversificado sus suministros y ha avanzado con rapidez en generación limpia, pero sigue siendo vulnerable a los precios internacionales y a la geopolítica. España parte de una posición favorable. Convertir esa ventaja energética en una ventaja económica dependerá ahora de que seamos capaces de desarrollar las redes, el almacenamiento y las interconexiones necesarios para aprovecharla.
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