El Grifo cumple 250 años de vino de Canarias, ceniza y un legado inquebrantable | Vozpópuli

07/08/2025
En: vozpopuli.com
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La historia de esta isla de Lanzarote no es la que se cuenta con fechas y nombres, sino con la persistencia de la ceniza que no se rinde, con el silencio de la tierra que habla después de haber gritado su furia, pues hubo un tiempo, allá por el siglo XVIII, en que el fuego del Timanfaya escupió su alma negra sobre el corazón de Lanzarote, y donde antes había cosechas y ganado, quedó un desierto de roca y ceniza , una tumba para todo lo vivo, y sin embargo, y aquí es donde reside la verdadera historia de la humanidad, en vez de huir, los hombres regresaron, y con paciencia de quien sabe que la tierra no se vence sino que se convence, cavaron pequeños hoyos, a la vista de un sol inclemente, y en esos hoyos plantaron las viñas que darían vida a La Geria , un paisaje que no existía en ningún mapa y que solo podía ser fruto de una terquedad inquebrantable, una obstinación que hoy, doscientos cincuenta años después, todavía podemos saborear en un vaso de vino. En el corazón de Lanzarote, donde la tierra se muestra como un lienzo de fuego y ceniza, se esconde una de las historias vinícolas más extraordinarias del mundo. Antes de que existiera la bodega, existió el cataclismo: las erupciones de Timanfaya , entre 1730 y 1736, que sepultaron el corazón fértil de la isla bajo un mar de lava y arena volcánica. Fue de esta devastación que nació el milagro. Los lanzaroteños, con un espíritu indomable , comenzaron a excavar la ceniza para alcanzar el suelo orgánico. Y allí, en un acto de fe contra la geología, descubrieron que la vid no solo sobrevivía, sino que florecía. Este fue el nacimiento de La Geria. Todo comienza con las erupciones volcánicas de Timanfaya entre 1730 y 1736, que sepultaron una gran parte del centro de la isla bajo un manto de ceniza volcánica. Este suceso, que podría haber sido el fin de la agricultura, fue en realidad el catalizador de una tradición única. Los agricultores de la isla, con un ingenio extraordinario, descubrieron que podían cultivar viñas excavando en el lapilli volcánico para alcanzar el suelo orgánico. Este método, que dio origen a la región de La Geria, no solo salvó la agricultura, sino que creó un paisaje único en el mundo. La fundación de Bodegas El Grifo en 1775 es un testimonio de cómo este espíritu pionero se convirtió en una industria. El siglo XX trajo consigo la modernización. A partir de la década de 1930, la isla comenzó a adoptar nuevas tecnologías agrícolas . Sin embargo, uno de los cambios más profundos se produjo a partir de los años 60, cuando figuras como César Manrique se esforzaron por preservar el paisaje único de Lanzarote mientras se desarrollaba un turismo sostenible. La historia de la isla en este periodo es la de un equilibrio constante entre la tradición agrícola, el respeto por el entorno natural y la innovación, que hoy se refleja en iniciativas de agricultura ecológica y el uso de energías renovables. En esencia, los últimos 250 años en Lanzarote son una historia de resiliencia y de cómo el ingenio humano transformó un desastre natural en una identidad cultural y económica distintiva. La piedra fundacional de lo que hoy conocemos como Bodegas El Grifo se colocó casi cuatro décadas después del desastre. En 1775, el párroco Antonio Torres y Ribera , un visionario con parcelas en la zona, edificó el lagar original, un hito que aún hoy conserva la inscripción que data el inicio de una tradición. Así, mientras el mundo se sacudía con las revoluciones y el conocimiento, la historia de esta bodega se tejía en paralelo a los grandes sucesos. A través de tres familias sucesivas - los Ribera, los De Castro y, desde 1880, los descendientes de Manuel García Durán- la propiedad ha pasado de generación en generación, atesorando en sus entrañas reliquias históricas como barricas con vino de 1881 o cepas de moscatel del siglo XIX. El camino de El Grifo es un relato de tradición e innovación constante. Pionera en Canarias al embotellar sus vinos en 1935 , la bodega se reinventó en los años 80 al introducir el acero inoxidable y la tecnología de frío, revolucionando la vinicultura de la isla. Con el asesoramiento del visionario César Manrique, se preservó el lagar original, convirtiéndolo en un museo que es hoy un testimonio vivo de la historia. Pero el espíritu pionero no se detuvo en el pasado. Hoy, la bodega fusiona la tradición con la agricultura ecológica, recuperando CO[icono], generando el 60% de su energía con placas solares y embotellando en 2022 el 'Vendimia de Invierno', la primera edición de un vino único en Europa. Así, El Grifo no es solo una bodega, es un crisol de historia y avance, donde cada copa narra la tenaz resiliencia de la tierra y del ser humano. La modernidad, con sus máquinas y sus promesas de progreso, ha tenido que volver la vista atrás para entender el camino, fue en el siglo pasado cuando un hombre, César Manrique, con la mirada de quien ve el alma de las cosas, quiso que la isla no se traicionara a sí misma, que el turismo y la innovación respetaran la belleza de la ceniza y el silencio de las piedras, y su legado, en las prácticas de hoy, en el uso de la energía del sol, en esa agricultura que no le quita nada a la tierra sino que la regenera, y es una suerte de pacto, de juramento secreto que los hombres han hecho con la isla, el de no olvidar que todo lo que hoy son, todo lo que tienen, es el resultado de la primera y más importante decisión que se tomó en estas tierras, la de no marcharse, la de no rendirse, la de continuar excavando en la ceniza para alcanzar, a pesar de todo, la vida.
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