El arancel que no nos iba a tocar: 1.800 millones perdidos en 12 meses

26/05/2026
En: theobjective.com
Digital
Hace un año, el Banco de España sostenía que España era «casi inmune» a los aranceles de Trump . El argumento era razonable sobre el papel, al ser nuestra exposición directa al mercado estadounidense modesta comparada con Alemania o Francia, y con una economía más dependiente del turismo y los servicios que de las exportaciones industriales. Doce meses después, comprobamos cómo las exportaciones españolas a Estados Unidos cayeron un 8% en 2025, hasta 16.716 millones de euros . La diferencia respecto al año anterior es de 1.800 millones. La cifra la publicaron el 3 de mayo de 2026 el ICEX y medios especializados, el mismo día en que la Casa Blanca anunció una nueva subida arancelaria sobre el automóvil europeo. La coincidencia no es fortuita: los aranceles se aplican con retardo en las estadísticas de comercio, pero el impacto acumulado ya es visible en los datos anuales . La Cámara de España había simulado caídas potenciales del 14% si los aranceles se consolidaban; el dato real del primer año se sitúa en el 8%, lo que sugiere que la simulación no era alarmismo sino previsión. Los sectores más afectados revelan la vulnerabilidad específica del modelo exportador español. Combustibles y aceites minerales, productos químicos, bebidas y alimentación (con el aceite de oliva como gran damnificado, con caídas de doble dígito), productos siderúrgicos y automoción son las cinco categorías con mayores contracciones. No son sectores marginales, son parte del núcleo que España necesita para diversificar exportaciones más allá del turismo y los servicios . Cuando esos sectores retroceden, la factura no la paga solo el exportador, la pagan sobre todo los 380.000 trabajadores del sector del automóvil y los dos millones que dependen de él de forma indirecta. El nuevo anuncio de aranceles sobre el automóvil europeo amplía el daño potencial. El sector representa el 8,1% del PIB español y es uno de los pocos en los que España compite directamente en mercados de alto valor añadido. Un arancel del 25% sobre vehículos (el nivel que maneja la Casa Blanca) no sería un shock manejable, sino más bien una reconfiguración estructural de los flujos de comercio transatlántico . Y Estados Unidos es el primer cliente extracomunitario de España, con un volumen bilateral de 47.000 millones de euros. La respuesta correcta no es fácil de articular en el debate político. El proteccionismo estadounidense es una pésima política económica, pero la respuesta desde Bruselas no puede ser replicar el error. Una guerra de aranceles cruzados penaliza al consumidor europeo, encarece los insumos industriales y reduce la competitividad de las exportaciones hacia terceros mercados . Los países que más tienen que ganar de un mundo sin barreras comerciales (y España está en ese grupo) son también los que más tienen que perder de una espiral proteccionista. La alternativa liberal es incómoda porque requiere más trabajo político y menos ruido, como acelerar el acuerdo con Mercosur, avanzar en los tratados de libre comercio con el Indo-Pacífico, y eliminar las barreras internas que fragmentan el mercado único europeo. Ninguna de esas opciones genera una portada . Ninguna promete recuperar los 1.800 millones en una semana. Pero son las únicas que protegen el empleo industrial sin trasladar la factura al ciudadano que compra en el supermercado. La narrativa de la inmunidad resultó cómoda durante meses. Los datos de 2025 la han desmentido . Lo que queda por ver es si el Gobierno tiene una política comercial activa para responder, o si seguirá esperando que la tempestad amaine sola. Dadas las circunstancias políticas actuales, no parece una apuesta difícil.
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