"Cada año los costes de producción suben más y, en cambio, el precio del grano sigue bajando", asegura. Una combinación que, según él, lleva al límite a los productores, que intentan mantener la actividad a pesar de trabajar con márgenes negativos. En los últimos meses, los incrementos más notables se han producido en los carburantes y los abonos. El gasóleo agrícola, afectado por la inestabilidad internacional y especialmente por la guerra en el Oriente Medio, ha pasado de 0,79 euros por litro en marzo del año pasado a 1,33 euros, lo cual supone un aumento de casi un 70%. "Hacer las mismas tareas con el tractor cuesta ahora 11 euros más por hora que hace un año", detalla Minguella También se encarecen los fertilizantes: "El abono más común ha pasado de 425 a 490 euros por tonelada (un 15% más), y los más completos, de 510 a 580 euros en tan sólo un año y eso antes de la guerra", destaca. En todo eso se suman los fitosanitarios, los recambios, los seguros agrarios y los servicios administrativos. Incluso el término fijo del regadío del canal Segarra- Garrigues se ha incrementado un 2,9% este año, situándose en 124 euros por hectárea. 2019 pagábamos 106", recuerda el agricultor. Ante este aumento generalizado de gastos, los precios del cereal siguen bajando. La cebada se ha reducido de 225 a 205 euros por tonelada -uno 9% menos- y el trigo se mantiene en cifras similares. En el caso del maíz, los precios se han estabilizado en torno a los 220 euros por tonelada, después de haberse pagado además de 300 hace entre cuatro y cinco años. Según Minguella , "sembrar cereal hoy significa asumir pérdidas desde el primer día", una situación agravada por la reducción de las ayudas de la DUN . Otros cultivos, como el olivo y el almendro, resisten una pizca mejor, aunque tampoco se libran de las oscilaciones. La viña, por su parte, acarrea dos campañas con precios a la baja después de varios años positivos. "En general, todo va al revés: suben los gastos y bajan las ventas", resume este agricultor de Vilagrassa, que lamenta que la rentabilidad del cultivo sea cada vez menor. Minguella afirma que la falta de rentabilidad obliga a muchos productores a sobrevivir gracias a actividades complementarias, como las granjas, que ayudan a compensar las pérdidas. Si no fuera por las explotaciones ganaderas, muchas fincas de cereal ya habrían cerrado, es como el refrán que dice: «No pongas todos los huevos en una misma cesta »", asegura. Según explica, las ayudas de crédito impulsadas por el Instituto Catalán de Finanzas en su momento también contribuyeron a aliviar la tesorería, mientras que otros estiran ahorros. El agricultor recuerda que esta tendencia no es nueva. "Hace más de cuarenta años el trigo se pagaba a unas 42 pesetas el kilo, lo cual equivale a unos 250 euros por tonelada. En cambio, el gasóleo costaba 5 pesetas el litro. Hoy el cereal se vende al mismo precio que entonces, pero todos los gastos se han multiplicado", explica. Para Justo Minguella , la situación actual del sector del cereal es insostenible sin una mejora significativa en los precios o una reducción de los costes de producción. "Competir con países como Ucrania es imposible. Si no se buscan alternativas, el cultivo de cereal no tendrá futuro", concluye.