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Certificados fitosanitarios para todo el planeta desde Calatorao

20/09/2021
En: elperiodicodearagon.com
Digital
Certificados fitosanitarios para todo el planeta desde Calatorao El zaragozano Raúl Blanco ha instalado su empresa en este pueblo de Valdejalón El Periódico de Aragón Ver noticias guardadas Raúl Blanco, ha fundado un centro para la investigación de productos agroquímicos en la localidad de su familia. | EUROPA PRESS El zaragozano Raúl Blanco ha cumplido el sueño de vivir en el lugar donde era feliz durante sus veranos infantiles: en Calatorao, el pueblo de su padre. En esta localidad de la comarca de Valdejalón ha creado Agrotox , un centro para la certificación de fitosanitarios, que tiene en su cartera de clientes a multinacionales de todo el mundo. Esta localidad ofrece para Blanco unas condiciones «casi perfectas». «Dispones de todas las ventajas de tener una capital cerca, pero cuentas con todos los beneficios de un pueblo, como disfrutar de un entorno natural, un trato más directo con la gente, que todo esté cerca y la vida sea más tranquila», comenta el empresario. Para este emprendedor, el medio rural es «el lugar ideal para que crezcan los niños» y para contar «con apoyos que te ayuden con ellos», teniendo cerca a los abuelos (los de ambos, ya que la mujer de Blanco es también de Calatorao) y el resto de la familia y los vecinos. En una localidad de este tamaño «las necesidades educativas están cubiertas» y también las de «ocio infantil y, para lo que no lo está, Zaragoza se encuentra muy cerca», apunta Blanco, quien además encuentra que «la vida en un pueblo es más económica y dispone de guardería municipal, piscinas y actividades lúdicas muy subvencionadas». Estos argumentos acabaron de convencer a este ingeniero agrícola de 46 años para trasladar a Calatorao su vida e instalar allí la sede, las oficinas y el domicilio fiscal de la empresa que ha fundado junto con su socio David Perís, biólogo que ha creado por su parte otra delegación de Agrotox, en Picassent (Valencia). Dinamizar las zonas rurales Su proyecto, indicó Blanco, tenía como condición indispensable «establecernos en nuestros pueblos para contribuir a la dinamización de las zonas rurales». En este sentido, el zaragozano entiende que «un centro de investigación puede dar un valor añadido a un enclave rural», y, en la sociedad de internet, «se puede trabajar en cualquier parte». Agrotox certifica productos agroquímicos en los que analiza «el residuo que queda en el cultivo, su acumulación en el suelo y en qué dosis afecta a abejas, lombrices, mariquitas y otros organismos que no son objetivo de estos tratamientos», explica Blanco. «Todas las empresas que quieran registrar un producto fitosanitario para su venta en Europa o Estados Unidos necesitan estos estudios», aclara. El valor diferencial de Agrotox es el estudio de la abeja, que «en la zona mediterránea tiene dos ciclos de reproducción, porque no hiberna, y podemos estudiarla todo el año, mientras el resto de Europa no puede». Entender que estos análisis científicos se pueden llevar en una localidad rural exige «un cambio de mentalidad», declara Blanco pero, «salvo el trabajo de campo o de laboratorio, hay labores de estadística y otras que se pueden hacer desde una oficina o en casa», defiende. Para sacar adelante su empresa ha contado con el apoyo de Fedivalca, la asociación para el desarrollo integral de Valdejalón y Campo de Cariñena, que «me han ayudado con la documentación para solicitar las subvenciones Leader», indica Blanco, quien no duda en que la mayor dificultad para crear Agrotox la han encontrado en obtener las certificaciones necesarias: «El Ministerio de Agricultura y el de Industria se pasaban la pelota uno al otro», comenta. «Así, perdimos un año, podíamos haber comenzado en 2016 y no empezamos hasta el 2017», especifica. Además del puesto como director de Raúl Blanco, la sede de Calatorao de Agrotox ha supuesto la creación de un empleo en el área de Administración, y otro para un técnico. El objetivo de Blanco es crecer y crear más puestos de trabajo pero, por el momento, su mayor «quebradero de cabeza» es encontrar personal cualificado «que quiera venir a vivir a trabajar a un pueblo» detalla. «Treinta minutos en coche, lo que cuesta llegar desde Zaragoza, es una distancia muy larga en Aragón, y nadie quiere venir», asegura. En este sentido, este emprendedor lamenta la desaparición de los estudios de Ingeniería Agrícola de la Escuela Universitaria Politécnica de La Almunia. Compartir el artículo
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