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Neus Monllor, agitando el campo hasta que se llene de jóvenes

25/11/2021
En: lavanguardia.com
Digital
Pronosticar lo que sucedería en la agricultura con diez años de antelación tendría que ser una sensación cien por cien reconfortante. Hay que remarcar el condicional de la frase anterior porque para Neus Monllor Rico ese éxito profesional conlleva un poso agridulce que requiere de cuidados intensivos. Claro que está satisfecha de su labor, claro que es consciente de que es una de las personas más buscadas para retratar la realidad del campo porque fue capaz de dibujar antes que nadie un retrato exacto de los jóvenes agricultores. Pero le entristece constatar que, pese a las advertencias, la problemática para afianzar un relevo generacional entre la vieja y la nueva agricultura no solo no se ha solventado, sino que sigue más vigente que nunca. Nacida en el pueblo alicantino de Castalla, esta ambientóloga vivió 21 años en Catalunya antes de instalarse en Vizcaya por amor. Su mayor virtud, y por la cual debería tener mucho más reconocimiento social, es la capacidad de poner cifras exactas y datos concretos al mundo de las ideas y de las palabras que se lleva el viento. Es decir, ahí donde muchos se llenan la boca sobre la vuelta a la ruralidad con más romanticismo que hechos, Neus Monllor expone porcentajes e interpreta resultados de la política agraria desde un ángulo agrosocial. Esto significa centrarse en el binomio indivisible entre persona y territorio e implica que no puede quedarse encerrada en un despacho calentando la silla. Al contrario, Neus pisa terreno y habla el mismo lenguaje que los verdaderos protagonistas de esta historia, los payeses. Neus Monllor expone porcentajes e interpreta resultados de la política agraria desde un ángulo agrosocial "Mi labor parece que se hace mejor desde la discreción y es cierto que a veces es como estar en una nube", admite. Un anonimato que se cumple en el perfil de muchos sociólogos y consultores rurales y que choca frontalmente con su hiperactividad profesional. "Estoy con ocho proyectos para encauzar el futuro del nuevo campesinado", dice sin ruborizarse. Puede dirigir una investigación a largo plazo, dar clases magistrales, ser consultora de la administración pública o asesorar ayuntamientos y empresas agroalimentarias con más dudas que certezas. "No tengo pasado agrícola en la familia. Me dedico a mejorar las condiciones de los agricultores porque creo en la cocina comprometida. De hecho, gestioné un restaurante en el Pallars durante cuatro años y en los mercados de Girona me preguntaba quién me alimentaría si algún día los agricultores dejaran de existir. Me di cuenta de que la mayoría de puestos estarían vacíos y eso implicaba que teníamos que cuidar entre todos de su labor y su futuro". También recuerda con todo lujo de detalles la noticia que vió por televisión y que cambió el rumbo de su vida. "La Duquesa de Alba recibía mucho dinero de la Política Agraria Común (PAC), dijeron en el telediario. Me pareció una injusticia absoluta ¡ Una mujer que tenía todos los millones y las tierras del mundo se veía favorecida por una política europea para ser aún más rica ! ". Este clic mental la impulsó a trasladarse al valle de Llémena, en la comarca de la Garrotxa, donde hace ya 20 años se percató que las políticas agrarias vigentes estaban dejando al campo sin agricultores. "Hablé con muchos payeses y el desánimo era generalizado. Estaban convencidos que serían los últimos de trabajar esas tierras y no querían que sus hijos sufrieran el mismo destino lleno de precariedad. El discurso era tremendamente fatalista". Neus Monllor visitando a un payés Martí Artalejo No hacía falta ser muy avispado para darse cuenta del problema: en tierras donde hacían falta 10 agricultores para llegar a todo sólo quedaba uno y gracias. Neus Monllor quiso buscar las razones de esa desafección para con un oficio ancestral. "El panorama no era precisamente alentador. Los agricultores más tradicionales estaban muy enfadados y los pocos proyectos alternativos que asomaban la cabeza eran vistos por la mayoría como hippies con cuatro cabras y cuatro lechugas. Pero yo sabía que existía algo más, que no nos podíamos quedar en la superficie". Y así fue. Con 3 mil euros del premio de su doctorado en geografía y medio ambiente, Neus hizo las maletas para dar comienzo a la aventura canadiense con los agricultores de Ontario. Con el profesor Tony Fuller como mentor aprendió las mejores herramientas para investigar y con Jan Van der Ploeg como agrolíder espiritual se empapó de esa capacidad para ubicar el trabajo en un marco teórico más amplio. "Gracias a ellos logré ordenar y plasmar las ideas en un papel. Allí fui consciente que los nuevos agricultores de perfil urbano de Ontario y Catalunya tenían más semejanzas que diferencias pese a pertenecer a dos mundos con sociedades aparentemente tan alejadas. Es decir, la problemática creciente con la payesía catalana no era un caso aislado y existía un relato que merecía ser investigado y explicado". La problemática creciente con la payesía catalana no era un caso aislado Neus Monllor Ambientóloga El punto de partida siempre fue que la población agraria estaba envejeciendo. Como nadie podía discutir la existencia de un problema cuantitativo, la clave pasaba por identificar el perfil o retrato robot de los jóvenes que se incorporaban al sector agrícola con más ilusión que certezas. Y una vez detectados, facilitarles el proceso de incorporación, adaptación y consolidación para que no se sintieran tan solos. "Hace diez años los resultados mostraron cómo las prácticas y las actitudes de los jóvenes variaban según su origen familiar. Los que habían nacido en un entorno agrario (campesinado tradicional) eran más propensos a seguir las prácticas agrícolas dentro de un paradigma convencional, mientras que los jóvenes que provenían de familias no agrarias (campesinado recién llegado) mostraban características cercanas a un nuevo paradigma confirmando la existencia de un grupo emergente muy vinculado a la tierra y la producción ecológica local, que buscaba su propia autonomía y que se mantenía optimista con el futuro del sector agrario". Afortunadamente no eran dos bandos en conflicto. Al revés, agricultores tradicionales y recién llegados interactuaban y establecían sinergias. "Caminamos hacia una integración absoluta de los dos perfiles. El campesinado tradicional tiene la tierra, los recursos y el conocimiento histórico por haber estado siempre allá. Y los que vienen de fuera aportan esa mirada nueva conectada con la ciudad y con conocimientos de otros sectores". Alguien podría argumentar que las conclusiones de esta tesis podrían haber cambiado de rumbo transcurrida una década, pero la realidad muestra que la tendencia sigue al alza. Por ejemplo, el sentir de la condición campesina ha aflorado en el conflicto del precio de la leche o la denuncia de la desaparición de mataderos. "Cada vez son más los jóvenes que se interesan por el oficio y, lejos del pesimismo, me gusta pensar que esta nueva ola de agricultores con energías renovadas conforman un rayo de esperanza para que el sector agrario continúe vivo y activo". Neus Monllor en su oficina Martí Artalejo Aquí es importante recalcar que el nuevo campesinado no sólo lo conforman agricultores jóvenes recién llegados desde ciudad u otros ámbitos, también lo definen los hijos del campesinado tradicional que está cambiando su modelo hacia uno más comprometido. "Ahora todos los agentes implicados en el sector reconocen la existencia de dos realidades bien diferenciadas en el campo: los agricultores de toda la vida y los que entran de nuevo. Hace un tiempo hubiera sido impensable que verbalizaran este diagnóstico. Al menos, esta constatación ha provocado que todos saben que el campesinado no se va a rejuvenecer por sí solo. Son conscientes de que con el relevo natural de padres a hijos ya no se llega para afianzar un tejido de pequeñas y medianas empresas agrarias. ¿Esto significa que nos faltarán alimentos frescos? No. De hecho, las grandes corporaciones han aprovechado este vacío para acaparar tierras y producir más. Para estos imperios agroalimentarios, el problema no es de relevo generacional, es de mano de obra". Así pues, a priori es una buena noticia percibir el interés de los jóvenes por seguir o volver al campo, pero hay un aspecto que no se tiene en cuenta y empieza a ser una bola de nieve imparable. "Lo que más me preocupa es la viabilidad de todos los nuevos proyectos de los jóvenes que empiezan desde menos cero", aclara Neus Monllor. "Inicialmente suelen ser proyectos muy vulnerables. Algunos lo intentan y no pueden comenzar. Otros naufragan en los primeros pasos". Y aquí viene lo más curioso de su investigación. Un joven payés necesita once años para consolidarse en el sector. Una barbaridad si se compara con otros oficios. Pero aquí prima tanto la relación con el entorno que la mayoría no están listos para el envite. Esto provoca la fuga de muchas personas, ya sea por el desgaste o por la falta de rendimiento de los primeros años. "Necesitan tierras, una climatología propicia y ser capaces de generar una base de recursos enorme. Esto implica que muchos de los recién llegados se concentren en la huerta y los pocos que se atreven con la ganadería lo hagan a pequeña escala". Aquí el retrato robot del nuevo campesinado con los porcentajes más relevantes que encontró Neus Monllor: · Mientras que el grupo de campesinado tradicional es mayormente masculino (85%), el de recién llegados está más representado por mujeres (53%) que por hombres. · El 96,8% vende sus productos directamente al consumidor final y lo identifica con una marca propia, fomentando los canales cortos de comercialización. · El 90,3% pone el precio al producto que vende, ya sea individualmente o con una cooperativa de productores que acuerdan los precios de venta. · El 90,3 % está dispuesto a colaborar con entidades no agrarias. · El 96,8 % piensa que debería haber una mayor colaboración entre el campesinado. · El 96,8% cree que el futuro debe centrarse más en la escala local que en la global. · El 93,6 % cree que deben recuperarse las variedades y razas tradicionales. · El 77,4% cree que comprar y comer productos locales no es una moda. · El 64,5% piensa que las prácticas agrarias modernas no tienen en cuenta el medio ambiente. Neus Monllor trabajando en el campo Martí Artalejo Porcentajes que identifican un nuevo paradigma, según el parecer de esta ambientóloga alicantina. Teniendo en cuenta que la formación universitaria, la venta directa y la apuesta por el producto ecológico son aspectos característicos del nuevo campesinado, llama poderosamente la atención la introducción definitiva de la mujer agrícola con poder de decisión. "Hablo de mujeres visibles que dirigen el negocio. Incluso las mujeres me enviaban a los hombres para responder a preguntas del negocio cuando iba a las explotaciones del campesinado tradicional. Las entrevistas siempre eran con ellos". Encontrar un 15% de mujeres del nuevo campesinado hace diez años no fue tarea fácil. "¿Por qué ahora hay más mujeres en la agricultura? Porque el acto es voluntario. Yo quiero ser payesa, quiero defender mi producto y tirar adelante mi negocio, dicen orgullosas. Si lo que se quiere es dar soporte a las mujeres rurales, hay que apostar por este modelo agrosocial porque estaremos defendiendo un modelo más femenino. Ellas cuidan mejor la entrega y el acabado del producto final, son más proclives a abrir sus granjas para experiencias agroturísticas, tienen presencia en las redes sociales y cuidan mejor las relaciones interpersonales con clientes y distribuidores". Siendo realistas, las políticas públicas no están pensadas para los nuevos agricultores y agricultoras. "Algunos tienen dinero familiar, otros ahorros de negocios anteriores y unos pocos son verdaderos kamikazes. Son gente que necesita que el ecosistema cambie y tenga en cuenta el perfil nuevo de los recién llegados. Esto es lo que intento aplicar en la política pública. Piensa que no solo no se les hacía caso, es que no tenían visibilidad alguna hasta hace bien poco. Llegaban a la oficina del Departamento de Agricultura y cuando los veían sin tierra y sin proyecto definido los enviaban de vuelta para casa". Ellas cuidan mejor la entrega y el acabado del producto, son más proclives a abrir sus granjas para experiencias agroturísticas Neus Monllor Ambientóloga De hecho, es tanta la labor que queda por sembrar que Neus Monllor tiene un nuevo proyecto personal entre manos denominado Catifa Vermella (Catifa Roja). "El objetivo es acompañar a los jóvenes payeses entrantes a través de una incorporación progresiva, no tan súbita. Algunas ayudas de primera instalación para menores de 40 años son un arma de doble filo porque exigen un compromiso de 5 años para recibir el dinero y algunos acaban haciendo inversiones equivocadas. Yo abogo por una incorporación por etapas que aprendí en Canadá. El rodaje les da la seguridad de saber lo que quieren, cómo lo quieren y asumen a carne viva si tienen madera para este oficio. Las fases de exploración y de decisión se tienen muy poco en cuenta y son esenciales. No hay un sistema articulado para cuidar estos aspectos. Si existiera la posibilidad de que un joven conociera la producción de fruta, de huevos, de vaca o de cabra tendría más herramientas de decisión para dar el siguiente paso con buen pie", reconoce. Experimentar antes de darte de alta como payés. Algo tan común entre otros oficios que era una utopía en este sector en el que la especialización venía dada por consanguinidad o no llegaba por decisión propia. Por ello la ambientóloga recomienda exploración, decisión, arranque, redefinición, establecimiento y la soñada consolidación. Seis fases organizadas por Neus Monllor que han generado escuela y ahora siguen a rajatabla muchos de los que vienen por detrás. "Es importantísimo no saltarse ningún paso porque cada fase requiere de herramientas distintas. De momento, las ayudas se concentran en el arranque del negocio agrícola (formación, créditos, asesoría, etc), pero en todo el previo, que es vital para el nuevo campesinado, no hay absolutamente nada". El objetivo es acompañar a los jóvenes payeses entrantes a través de una incorporación progresiva, no tan súbita Neus Monllor Ambientóloga Ante el boom de la nueva ruralidad y de la proliferación de publicaciones y artículos con un claro componente evocador y romántico para volver a los orígenes, Neus Monllor ofrece una visión experimentada y sincera. "Sería un absurdo hacer un llamamiento a la juventud para que todos se hagan payeses. Es un oficio duro de narices y no es nada sencillo. Lo que se requiere con urgencia son incorporaciones de calidad y con una viabilidad económica y social. Por eso creo que es importante ser realistas y no tan románticos con la vuelta a lo rural. Tener claro que si quieres dedicarte al sector la realidad no siempre será tan bucólica. ¿Qué se está generando un cierto positivismo? Por supuesto, pero no escondamos nada. Tenemos que trabajar para tumbar el mito y para dignificar el orgullo payés. ¡ Necesitamos más payeses ! O tenemos más gente trabajando en este modelo agrosocial o los imperios agrícolas nos comerán. No hay romanticismo que supere a esta máxima". Y deja un último mensaje que atañe al consumidor más allá de las tierras. "Si tuviéramos un compromiso firme con el carro de la compra, nuestro campesinado sería otro. Claro que hay que exigir muchas cosas a los payeses, pero también a nosotros como ciudadanía".
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