La expansión de los centros de datos en Estados Unidos está generando un impacto creciente sobre los costes de producción de los avicultores que trabajan por contrato, al intensificar la competencia por la electricidad, el agua y el gas natural . Aunque estas infraestructuras también facilitan sistemas de gestión más eficientes en las granjas, el balance final plantea un escenario de costes complejo para el sector. Un centro de datos es un edificio que alberga servidores dedicados al almacenamiento, procesamiento y transmisión de información digital. Los sistemas de inteligencia artificial recurren a estas infraestructuras para realizar cálculos y generar respuestas , lo que exige un consumo intensivo de electricidad y agua para su refrigeración. En el plano positivo, las granjas avícolas están cada vez más integradas en sistemas de control conectados a internet. Las herramientas de gestión basadas en IA permiten a los productores supervisar y ajustar remotamente las condiciones de las instalaciones las 24 horas del día. Esto mejora el bienestar de las aves, reduce los costes de engorde y beneficia tanto a productores como a integradores. Sin embargo, el aumento de la demanda eléctrica de los centros de datos , que podría representar una parte considerable del consumo total en EE.UU. hacia finales de la década, presiona al alza los precios de la electricidad . Esta cuestión resulta especialmente sensible para las explotaciones avícolas, que dependen en gran medida de la energía eléctrica para la ventilación, la refrigeración y el control ambiental. Como referencia, una granja de pollos de engorde estándar del sureste del país puede consumir alrededor de 1,65 kWh por pie cuadrado al año, lo que equivale a unos 132 megavatios-hora para una explotación de cuatro naves. El uso del agua constituye otro punto de fricción relevante. Tanto las granjas avícolas como los centros de datos necesitan grandes volúmenes de agua para la gestión térmica. Un centro de datos de gran tamaño puede llegar a consumir más de un millón de galones diarios, una cifra que supera ampliamente el consumo anual de una granja avícola completa. Ambas actividades registran, además, picos de demanda durante los periodos de calor y suelen ubicarse en zonas rurales con sistemas de suministro menos robustos. En consecuencia, el incremento de la competencia por el agua puede sobrecargar los servicios públicos locales, elevar los costes hídricos y agotar los acuíferos que alimentan los pozos agrícola s, un riesgo especialmente crítico en regiones ya afectadas por escasez de agua. El impacto se extiende también a los costes de calefacción . Para atender la demanda eléctrica generada por los centros de datos, las compañías del sector están invirtiendo en nuevas centrales de gas natural como vía rápida para ampliar su capacidad de generación. En algunas zonas del sureste, las ampliaciones previstas de esta capacidad son sustanciales. Algunos operadores incluso estudian generar gas natural in situ para abastecer sus instalaciones de forma independiente. Para los avicultores, este aumento de la demanda de gas natural podría traducirse en un alza de los precios del combustible si la oferta no se amplía al mismo ritmo. Dado que la calefacción representa un coste relevante, en particular en la producción de pollos de engorde, esta tendencia podría afectar a la rentabilidad de las explotaciones. La situación se complica por la relación entre el gas natural y el propano, ya que buena parte del propano estadounidense procede de la producción de gas natural. Por ello, un aumento en esta producción podría incrementar la oferta de propano y moderar sus precios, de modo que los avicultores que emplean este combustible podrían enfrentar un impacto en costes distinto al de quienes dependen del gas natural. Por todo ello, concluye Dennis Brothers en su artículo "Data Centers and Poultry Growers" publicado en Southern Ag Today, si bien los centros de datos aportan la infraestructura digital que sustenta la eficiencia de la producción avícola moderna, su expansión intensifica al mismo tiempo la competencia por la electricidad, el agua y el combustible, configurando un escenario de costes cada vez más complejo para los productores