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La rebelión contra las placas solares de un valle ahogado por los pantanos

25/05/2021
En: heraldo.es
Digital
Los vecinos dibujaron con los tractores el eslogan de 'Placas no'. Heraldo Energías renovables, sí, pero no a cualquier precio. El desembarco de varias compañías para preparar el terreno a tres macroparques fotovoltaicos en el valle de La Fueva ( comarca del Sobrarbe ), ocupando una franja continua de más de 400 hectáreas, ha resucitado viejos fantasmas en un territorio acostumbrado a soportar las servidumbres de la producción de energía eléctrica. "Otra vez nos toca a nosotros sacrificarnos", lamenta Begoña Dorado, alcaldesa de Palo, uno de los municipios afectados, junto al de La Fueva. " El agua ya nos ahogó, que el sol no nos queme", comentan, por su parte, los jóvenes movilizados estos días mientras colocan pancartas en esta zona situada a orillas del embalse de Mediano con el lema "La Fueva no se vende". La protesta se expresó el pasado fin de semana con una curiosa convocatoria: casi 40 tractores dibujaron en el suelo las palabras "Placas, no", una acción reivindicativa grabada desde un dron y con la banda sonora de una canción adaptada de José Antonio Labordeta.  La proliferación de proyectos de renovables no podía dejar al margen este territorio. La cercanía de la línea de evacuación de energía de la central hidroeléctrica de Mediano es un imán para las promotoras. El valle sabía desde hace casi un año que había un plan en marcha, pero es ahora cuando las empresas han comenzado a captar a los primeros arrendatarios de tierras. La Fueva no es Fuenteovejuna. Con 600 censados repartidos por más de 20 pueblos, algunos ya han rubricado el acuerdo, un contrato de alquiler para tres décadas, a 1.100 euros por hectárea y año.  El valle de La Fueva se ha movilizado frente a la creación de tres grandes parques solares que afectan a una superficie de 420 hectáreas. La historia se remonta a julio de 2020. Recién finalizado el estado de alarma, una empresa convocó a los vecinos a una reunión. "Aquel encuentro ya fue tenso porque no acababan de concretar las respuestas a nuestras preguntas", comenta el concejal socialista de La Fueva Carlos Espluga. Casi estaba olvidado, pero hace dos semanas empezaron a llamar a  propietarios de tierras para ver si querían firmar contratos de arrendamiento, al tiempo que daban el primer paso administrativo: la solicitud al Ayuntamiento un informe sobre la compatibilidad del suelo con la instalación de placas.  Según la información recabada hasta ahora por los consistorios de La Fueva y Palo, son tres parques y abarcan 418 hectáreas. Aunque no todas estarían ocupadas por placas, sí una buena parte. Los dos del primer municipio tienen menos de 50 megavatios, de forma que la tramitación sobre el impacto en el medio, cuando se inicie, estará en manos del Instituto Aragonés de Gestión Ambiental. El de Palo, al superar esta capacidad de producción, por poco, 50,01 MW, queda en manos del Ministerio de Industria. Los tres tienen continuidad y ocuparán una amplia franja de suelo visible desde buena parte del valle, salvo la zona norte, y que impacta de lleno en las localidades de Morillo de Monclús , Palo y Humo de Muro .      Pancarta colocada en Tierrantona, una de las localidades del municipio de La Fueva. Heraldo Carlos Espluga está construyendo un campin en uno de los pueblos del valle, Alueza , con 11 vecinos, y ha recurrido a las renovables. "Yo voy a instalar placas fotovoltaicas para reducir la huella de carbono. Estaríamos de acuerdo en permitir parques para hacer los municipios autosuficientes, pero no en hipotecar nuestros terrenos y nuestro futuro para que la luz se vaya fuera, sin dejar aquí ni desarrollo ni empleo, como nos pasó con los pantanos" , explica.  Hace 15 días, cuando el proyecto se reactivó con la solicitud remitida a los ayuntamientos y las llamadas a los propietarios, Espluga y otros vecinos fueron casa por casa para recoger firmas. "Entonces conseguimos 340, algunas más en los últimos días, en un valle de 600 personas, sin contar a los niños". No obstante, reconoce que no se puede hablar de un bloque de oposición monolítico, porque algunos propietarios han dado su consentimiento a la ocupación. "Sabemos que siete vecinos han firmado, de los que viven aquí, pero la mayoría residen fuera. Alguno ya se ha arrepentido porque no conocía la dimensión del asunto", asegura el concejal.  La tensión se trasladó a la corporación municipal. Prueba de ello son algunas pancartas, como una que cuelga en Tierrantona pidiendo la dimisión del alcalde. El primer edil, Ramón Laplana, histórico dirigente del PSOE en el Alto Aragón, no oculta su apoyo inicial al proyecto, "cuando pensábamos que era un parque de 100 o 150 hectáreas" . "Vienen tiempos complicados, y para las arcas municipales podían suponer 400.000 o 500.000 euros de ingresos al año, con una afección mínima. Pero vistas las nuevas dimensiones y la contestación social que ha habido... Tan grande es una barbaridad". Fue la oposición vecinal y del resto de concejales (la corporación la forman seis ediles del PSOE y uno del PP) lo que decantó la balanza.  "De entrada nos vamos a oponer", señala ahora el alcalde, "pero no sé cómo lo vamos a hacer". La Fueva carece de un Plan General de Ordenación Urbana y se rige por las normas subsidiarias provinciales. La transformación del suelo no urbano para acoger una instalación industrial requeriría de la declaración de interés social. "Lo tiene que aprobar el Ayuntamiento, pero lo pueden recurrir", aclara Laplana. Por otra parte, dada la cercanía de la línea de evacuación de Mediano, "si se van estos, vendrán otros", reconoce. De hecho, hay otro proyecto en ciernes para la construcción de un parque flotante en las aguas de Mediano , sobre el que el Ayuntamiento de Aínsa, que sí tiene plan urbanístico, ya se ha blindado. La Fueva ha solicitado asesoramiento jurídico a la Diputación de Huesca, "pero solo con un documento de intenciones, es difícil emitir un informe", añade el alcalde. "Seguramente esto acabará en los tribunales". Según Laplana, detrás del proyecto están Acciona, una empresa italiana y otra alemana. De momento, los contactos se mantienen con una inmobiliaria, que es la que cierra los contratos de arrendamiento, y una consultora. El próximo lunes, el asunto se tratará en un pleno extraordinario. El Ayuntamiento de Palo, el segundo municipio afectado, no tiene una posición definida, asegura la alcaldesa, Begoña Dorado, que sí es consciente de que la mayoría de los vecinos (apenas hay 25 censados) está en contra. "Haremos lo que la gente quiera que hagamos. Tampoco tenemos mucha información de lo que se plantea", asegura, más allá de la solicitud del informe de compatibilidad urbanística y de una llamada de teléfono de la empresa inmobiliaria que gestiona los contratos de arrendamiento para disculparse por la falta de información y concertar una reunión. "Nos han remitido una lista de parcelas, bastantes, y se supone que elegirán las que quieran. Pero hay propietarios que no han firmado. De cada proceso se encarga una empresa: una capta los arrendatarios, otra montará las placas y otra las explotará. En Palo creemos que ocuparía 140 hectáreas, aunque la empresa dice que son menos".  Para un municipio como Palo, sin apenas recursos y que  se disputa con Fago ser el menos poblado de la provincia, el parque solar llegaría con un pan debajo del brazo. Sin embargo, la alcaldesa se pregunta: "¿Qué precio vamos a pagar por ese beneficio económico?  El impacto visual será enorme. Estamos al principio del valle, a 700 metros de altitud, y se divisa todo".   Coincide con otros responsables municipales en que la oposición no es contra las renovables. Todo lo contrario. "Ojalá tuviéramos recursos para invertir en placas e incentivar el autoconsumo. El problema es la dimensión, esa exageración, el impacto visual, y el social, sobre nuestro modo de vida, porque nos afectará bastante", añade Dorado, en alusión a los jóvenes que han encabezado la oposición, entre ellos quienes se han incorporado a la agricultura y la ganadería y perderían parte de las tierras de cultivo o pasto. Ella misma es ganadera. Pero también hay gente mayor, concluye, "que lleva grabado a fuego lo que ocurrió con Mediano y que todavía lo recuerda con dramatismo". " Tenemos la sensación de que otra vez nos toca tener que sacrificarnos para producir una energía que se va fuera y no deja beneficios", concluye.    Más información
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